La otra cara de los temporales
Al mal tiempo, secado profesional
La intensa lluvia de las últimas semanas ha provocado que para secar la ropa haya que invertir demasiado tiempo, por eso muchos pontevedreses optan estos días por los locales de autolavado

Joaquín Alonso en su local de autolavado de ropa, La Nube. | GUSTAVO SANTOS
Tender la ropa en Pontevedra se ha convertido casi en un acto de fe en las últimas semanas. Con más de un mes de intensa lluvia y humedad perenne, hay prendas que pasan días en el tendedero sin decidirse a secar. Es entonces cuando mucha gente busca una solución rápida y lo más económica posible, y ahí es donde las lavanderías de autoservicio llevan años ganando terreno, y este invierno lo han notado aún más.
Joaquín Alonso, propietario de La Nube (rúa Nova de Abaixo 1), abrió su negocio hace diez años, cuando esto todavía era una rareza en la Boa Vila. Dice que clientes no le faltaron nunca, pero que la evolución está siendo muy positiva, y eso que cada vez hay más oferta en la ciudad. Además, el patrón se repite desde el principio. «Desde siempre tuvimos bastantes clientes, sobre todo para las secadoras», comenta al respecto y lo resume con una idea sencilla: «se nota que a la gente le resulta cómodo este servicio».
Añade una pista de cómo está el pulso ahora mismo. «También tenemos servicio a domicilio y notamos que últimamente tenemos muchas más llamadas».
El crecimiento de estos locales se puede contar en cifras redondas y en cómo han dejado de ser apenas dos o tres hace una década para estar ahora presentes casi en cada barrio. En Pontevedra se habla de un salto claro en los últimos años, de aquellos primeros locales contados con los dedos de una mano a superar ya la treintena.
En el Centro Comercial A Barca, Irene Limeres confirma que la fiebre no es solo cosa de calles céntricas. En su caso, el autoservicio de Lavandería Tintorería A Barca abrió hace cuatro años y no esperaban tanta demanda. «Fue una sorpresa desde el principio la cantidad de trabajo que teníamos, hasta tuvimos que comprar una secadora más». Y vuelve el mismo estribillo que se oye en otros locales: «Notamos que, sobre todo, la gente utiliza las secadoras».

Irene Limeres vaciando una secadora en la Lavandería A Barca. | GUSTAVO SANTOS
Ella cree que el entorno también ayuda. «Estamos en un sitio muy cómodo, porque la gente puede aparcar, no se moja y tiene muchas cosas que puede hacer en el centro comercial mientras espera por la ropa». Además, tienen la tintorería al lado y eso, dice, se nota en la tranquilidad del cliente. «Estamos pendientes por si alguien necesita ayuda en el autoservicio, y eso también lo agradecen».
Lo que compra la gente aquí no es solo «lavar y secar»; compra un final feliz para la ropa, que en días de lluvia se atasca en casa. Y la cuenta suele ser bastante clara, aunque depende del tamaño de la máquina y del programa elegido. Como orientación, el precio medio de un lavado de unos 10 kilos ronda los 4,50 euros y el secado suele sumar alrededor de 2 euros, así que una visita típica de para lavar y secar se mueve sobre los 6,50 euros. Muchas lavanderías trabajan con ciclos de lavado de alrededor de 30 minutos, mientras que el secado se contrata por tramos y puede ir de 10 a 30 minutos según tejido y carga. En la práctica, no es raro salir con la ropa lista en menos de una hora si la carga no es excesiva y el centrifugado ha hecho su parte.
Cuando la meteorología aprieta, estas puertas de cristal se convierten en un pequeño refugio. Entra una bolsa pesada, sale una llena de ropa caliente. Y en días como estos, en la Boa Vila, eso vale oro.
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