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Entrevista | Ángel Enrique López Pérez Geólogo

«El fondo marino es un archivo climático de alta resolución»

«¿Qué cuenta la Tierra?» es el título del curso de iniciación a la geología que impartirá a partir del próximo día 9 en el centro de la UNED el geólogo, investigador y profesor de la Facultade de Ciencias do Mar Ángel Enrique López Pérez, un monográfico que invita comprobar que bajo el Atlántico se esconde un universo de cañones abisales, cráteres de gas explosivo y archivos climáticos milenarios

El geólogo, investigador y profesor de la Universidad de Vigo Ángel Enrique López Pérez.

El geólogo, investigador y profesor de la Universidad de Vigo Ángel Enrique López Pérez. / FdV

Pontevedra

Caminar por la costa gallega es pisar las raíces de una cordillera que rivalizó en altura con el Himalaya hace 300 millones de años. Pero la historia de este paisaje no termina en la orilla, sino que profundizar en las características de las costas permite conocer que existen cráteres de tres kilómetros de diámetro y que, en algún momento, icebergs flotaron en nuestras aguas dejando su huella en el fondo marino. A mayores, Ángel Enrique López recuerda que indagar en las profundidades del margen continental es descubrir que el «esqueleto» rocoso de Galicia no solo explica el pasado, sino que es clave para entender la riqueza de nuestras rías y los desafíos ambientales del futuro.

—Para alguien ajeno a la geología, el suelo que pisamos parece inmutable. Sin embargo, usted habla de un «esqueleto» rocoso que cuenta una historia muy distinta. ¿Qué nos revela el sustrato de Galicia?

El sustrato rocoso de Galicia es, efectivamente, un libro abierto sobre la historia geológica de la Tierra. Nos permite saber que antiguos sedimentos marinos fueron transformados en rocas metamórficas por aumentos de presión y temperatura. Esto ocurrió hace unos 300 millones de años durante la colisión de grandes continentes, un evento que dio lugar a la Cordillera Varisca, una cadena montañosa que en su momento fue tan alta como el actual Himalaya. Esa orogenia también permitió que los magmas ascendiesen y se solidificasen en profundidad, creando los granitos que hoy definen el paisaje gallego.

—Si esas rocas se formaron en las profundidades de una cordillera gigante, ¿cómo es posible que hoy las tengamos en la superficie y formando la costa?

Es el resultado de un proceso de erosión y ruptura continental que duró millones de años. Durante el Mesozoico, la Cordillera Varisca fue erosionada hasta dejar sus raíces al descubierto. Al mismo tiempo, la corteza se estiró y se abrió el Océano Atlántico, separando América de Europa y creando lo que hoy llamamos el margen continental pasivo de Galicia. Posteriormente, durante el Cenozoico, la compresión tectónica volvió a deformar la zona. Por eso hoy vemos rocas antiguas del Paleozoico cubiertas por sedimentos recientes que narran la historia del océano Atlántico.

—Menciona estructuras espectaculares bajo el agua, como el Banco de Galicia o el «Gran Burato». ¿Qué hace que este margen continental sea único en el mundo?

Es un laboratorio excepcional porque combina un basamento muy antiguo con un relieve submarino abrupto y procesos modernos. El Banco de Galicia, por ejemplo, es un alto estructural situado a 250 km de la costa que, por su riqueza en biodiversidad, está protegido por la Red Natura. Pero quizás lo más impresionante son algunas depresiones gigantes como el Gran Burato, un pockmark (cráter) de 3 kilómetros de diámetro y 300 metros de profundidad, formado por una liberación explosiva de gas desde el subsuelo. Es una de las pocas estructuras de estas dimensiones en el planeta. A esto se suman los grandes cañones submarinos de Muros, Finisterre o Muxía, que permiten dilucidar procesos de erosión y transporte a través del talud continental.

«La minería submarina o el despliegue masivo de eólica marina tienen impactos directos: aumentan la turbidez, alteran el relieve y destruyen hábitats»

—¿Qué secretos guardan los sedimentos gallegos sobre el clima?

El fondo marino es un archivo climático de alta resolución. Analizando los sedimentos, podemos descubrir, por ejemplo, que durante los periodos más fríos del Cuaternario llegaron hasta latitudes gallegas icebergs que, al derretirse, depositaron partículas que hoy encontramos en el fondo. Mediante isótopos podemos incluso saber de dónde venían esos icebergs. Además, mediante el estudio de microfósiles como los foraminíferos, organismos muy sensibles a la temperatura, se pueden reconstruir las oscilaciones climáticas pasadas. Entender estos cambios históricos es fundamental para predecir cómo reaccionará el océano a la crisis climática actual.

—¿Existe actividad geológica peligrosa hoy en día bajo las aguas gallegas?

Aunque Galicia no está en una zona sísmicamente activa, su talud submarino empinado, y la presencia de sedimentos no consolidados, hacen que existan riesgos de deslizamientos submarinos, que deben ser monitoreados.

—El fondo marino es oscuro y profundo. ¿Qué tecnología utilizan hoy para ser «los ojos» de la ciencia en el abismo?

Una combinación de métodos directos e indirectos. Por un lado, usamos ROVs (vehículos operados remotamente) que nos permiten grabar y tomar muestras de fondo. Por otro, «escaneamos» el fondo con sonares multihaz, que crean mapas 3D del relieve mediante sonido, y utilizamos sísmica de reflexión para ver qué hay debajo del fondo como si fuera una radiografía de la Tierra.

«La clave de la riqueza pesquera gallega es el afloramiento: un proceso oceanográfico que hace que aguas profundas y frías, cargadas de nutrientes, suban a la superficie»

—Galicia vive del mar. ¿La geología influye en que haya tanto marisco y pescado en nuestras lonjas?

La geología pone el escenario, pero el protagonista es el agua. La diversidad geomorfológica crea hábitats, pero la clave de la riqueza pesquera gallega es el afloramiento: un proceso oceanográfico que hace que aguas profundas y frías, cargadas de nutrientes, suban a la superficie, provocando una explosión de vida.

—¿La minería submarina o la eólica marina amenazan este patrimonio geológico?

Sin duda suponen una amenaza. Actividades como la minería submarina o el despliegue masivo de eólica marina tienen impactos directos: aumentan la turbidez, alteran el relieve y destruyen hábitats. Además, la contaminación acústica y la modificación del entorno afectan a los mamíferos marinos. Mi gran deseo científico es completar una cartografía detallada de todos los hábitats del margen continental. Solo conociendo a fondo lo que tenemos ahí abajo podremos planificar un uso sostenible y evitar destruir un ecosistema único.

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