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Entrevista | Julia Varela Periodista y escritora

«Le damos la espalda, vivimos como si la muerte no fuera a ocurrir»

«La sociedad de hoy vive de espaldas al duelo», constata Julia Varela, a la muerte «le damos la espalda, vivimos como si no fuera a ocurrir, y cuando llega, nos da una bofetada porque no tenemos herramientas para gestionar el dolor». La pérdida, es, con la transformación del dolor o el paisaje de Galicia, la gran protagonista de su segunda novela, «Todo por hacer», que presentará el próximo día 3 en la librería Cronopios junto a la también escritora Ledicia Costas.

La periodista y escritora pontevedresa Julia Varela.

La periodista y escritora pontevedresa Julia Varela. / FdV

Pontevedra

La voz que narra el brillo de Eurovisión y que llena las ondas de RNE Julia Varela, confiesa, sin embargo, una timidez que muchas veces solo el folio en blanco logra compensar. En su nueva novela, «Todo por hacer», la periodista pontevedresa se aleja de los focos para adentrarse en el territorio más íntimo y universal: el duelo. Tras la pérdida de su madre, construye una ficción que no busca ser terapia, sino una ventana de autenticidad en una sociedad «esquizofrénica» que vive de espaldas a la muerte.

Lleva años contando realidades ajenas a través de la radio y la televisión ¿Qué ha encontrado en la ficción que no te permitía el periodismo?

En la ficción me he encontrado más a mí misma. Mi función pública es muy extrovertida, pero escribir esta novela me ha requerido revisitar a esa gallega tímida que soy. He tenido que buscar la soledad para mirarme por dentro. A veces, en el ritmo del día a día, olvidamos quiénes somos realmente; escribiendo, he logrado reencontrarme con esa esencia.

En la novela hay un contraste entre el asfalto de la gran ciudad y el refugio de las raíces ¿Es «Todo por hacer» una forma de limpieza emocional?

Aunque la novela está inspirada en vivencias personales, como el fallecimiento de mi madre, no ha sido un proceso terapéutico al uso. Empecé a escribir cuando ya había tomado distancia, porque al principio era demasiado complicado. No ha sido un proceso «sanador» en ese sentido de recolocar piezas en el momento, pero sí ha sido increíblemente enriquecedor.

La protagonista parece tenerlo todo y, sin embargo, se siente vacía ¿Vivimos atrapados en la tiranía de la perfección?

Absolutamente. Las redes sociales nos exigen estar siempre bien, ser perfectos. Yo soy madre y veo a esas «supermamás» de internet con sus desayunos ideales y su crianza impecable, y es una gran irrealidad. Con la muerte ocurre lo mismo: le damos la espalda, vivimos como si no fuera a ocurrir, y cuando llega, nos da una bofetada porque no tenemos herramientas para gestionar el dolor. La sociedad de hoy vive de espaldas al duelo.

El duelo por una madre nunca se supera del todo, pero puede transformarse en algo que te permita seguir adelante y disfrutar de la vida

Conoce bien el brillo de los grandes eventos, el espectáculo y la exposición ¿Es esta novela una reivindicación de que la identidad real se construye fuera de los focos?

Nunca lo había pensado así, pero tiene razón. Mi trabajo a veces resulta esquizofrénico: comentar Eurovisión requiere una pose, una exposición constante y estar rodeada de gente. Pero cuando te enfrentas al folio en blanco y a ti misma, eres más real que nunca. La novela es, en efecto, ese espacio de verdad donde no hay focos.

Galicia aparece en tu obra como un espejo honesto ¿Qué tiene el paisaje gallego que no tenga el asfalto?

Para mí, Galicia es mi infancia, donde he crecido y me he formado y mi tierra forma parte de mi manera de entender el mundo. Creo que, tras la pandemia, todos buscamos ese escapismo en lo rural, pero yo lo busco específicamente en el paisaje y la autenticidad gallega. Hay una transparencia en la mirada de «provincias», en la manera de ser, que a veces las prisas y el postureo de la gran ciudad han borrado.

Escribo cuando puedo, sobre todo de noche. La escritura se ha convertido en mi zona de tregua

¿Cómo se construye belleza desde la penumbra de un duelo?

Mi madre falleció con 65 años de un cáncer cuyo desenlace fue muy rápido. Viví una etapa de bastante desorientación y dolor, no sabiendo muy bien cómo afrontar. Pero llegó un momento en el que me pregunté si de toda esa oscuridad podía sacar algo luminoso, porque estos procesos son de una gran oscuridad. El duelo por una madre nunca se supera del todo, pero puede transformarse en algo que te permita seguir adelante y disfrutar de la vida. Esa búsqueda de la luz es lo que he intentado reflejar en la protagonista (que no soy yo, que estoy diseminada por toda la novela pero se parece en muchas cosas): el reincorporarse a la vida tras el golpe.

¿Qué escena te presentó mayor resistencia al escribir?

El inicio, sin duda. El fallecimiento de la madre de la protagonista me obligó a respirar muy despacio para revisitar mis propios recuerdos. También fue un reto el personaje del hijo preadolescente. Quería una visión fidedigna de cómo los niños afrontan la muerte hoy en día, con total verosimilitud.

Las redes sociales nos exigen estar siempre bien, ser perfectos. Yo soy madre y veo a esas «supermamás» de internet con sus desayunos ideales y su crianza impecable, y es una gran irrealidad

Con hijos pequeños y una carrera intensa, ¿cuándo escribe Julia Varela?

Escribo cuando puedo, sobre todo de noche. La escritura se ha convertido en mi zona de tregua, en un remanso frente al trabajo y también frente a la crianza.

Si tuviéramos que ponerle una banda sonora a «Todo por hacer», ¿qué escucharíamos?

Durante el año y medio de escritura me acompañó mucho Pearl Jam, especialmente la canción Just Breathe, que habla de redimirse de la culpa, ese gran sentimiento del duelo. También mucho Radiohead. Y, curiosamente, el piano. Empecé a dar clases de piano durante este proceso y refugiarme en Bach o Mozart ha sido el complemento perfecto para cohabitar con la escritura.

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