Pontevedra 1-1 Mérida: Punto sobre la bocina en una noche gris

Tiago presiona a un rival del Mérida / Javier Cintas
Sin brillar y siendo, en el cómputo global del partido, inferiores, el Pontevedra se lleva un punto del Estadio Romano por aprovechar la única debilidad que tuvieron los locales en todo el partido. No fue una tarde que podrán a las categorías inferiores para que aprendan, sin embargo, es una semana más que los granates no concoen el significado de la palabra «derrota».
La primera parte del partido empezó con un dominio claro de los extremeños. Más ordenados en la presión, pese a ambos apostar por ir arriba, y mucho más desequilibrantes, sobre todo por su banda izquierda por mediación de Chiqui, tardaron poco en acercarse al arco de Marqueta. Sin ser un aluvión de ocasiones, los emeritenses tenían clara la estrategia: ahogar los pivotes pontevedreses y desde el robo atacar por juego directo o caer a las bandas para buscar el centro-remate. Pese al pequeño paso atrás del Mérida en la presión tras el asfixiante cuarto de hora inicial el Pontevedra seguía sin encontrarse totalmente cómodo en el terreno de juego, lo que se reflejó en el marcador. En el tramo de los 45 minutos iniciales donde los visitantes estaban mejor plantados, un error fatal de Miguel Cuesta lo aprovechó Beneit, haciendo uso de esa presión feroz de los mediocentros mencionada, para zafarse de su marca con una pared con Artola y asestar un golpeo raso al palo raso que Marqueta no pudo detener. El castigo gallego pudo agravarse con uan entrada a destiempo de Miki Bosch en que fue amonestado y revisada su posible expulsión, sin embargo, el colegiado mantuvo su decisión ante el cabreo y asombro de Fran Beltrán. Sin más intentonas, salvo una serie de córners para los albinegros sin pena ni gloria, los veintidós futbolistas se fueron de vuelta a los vestuarios.
La segunda mitad volvió a ser un monólogo de los emeritenses. Con esa idea de ganar cada duelo en el centro del campo y ser un guardaespaldas de los pivotes, el Mérida siguió haciendo mucho daño a un Pontevedra desconcertado. Como es ley en el fútbol, «quien perdona, termina pagando». El colegiado expulsó a Miki Bosch, por segunda amarilla tras derribar a un adversario en su área. La revisión le quitó la sanción, pero no anuló una pena máxima que, al igual que en la ida Selma, Artola fallaba mandando en balón al segundo anfiteatro. Con ese perdón, e ilumnados por la expulsión de Gaizka Martínez a falta de diez minutos más descuento, el Pontevedra creyó y se volcó con todo ante un Mérida obligado a defender en su área. Luisao lo intentó primero por cuenta propia y nada, pero cuando sirvió un centro raso al área en el 94', la historia cambió. Compa, con un golpeo suave, aseguró el punto para los de Rubén Domínguez ante la explosión de júbilo de todo el banquillo.
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