Baile para liberarse hasta con bastón
A las parroquias de Pontevedra donde la oferta de ocio no es tan amplia llega Gabrielle Galle con sus clases de bailoterapia

Gabrielle Galle dirige una clase en el local social de Lérez. / GUSTAVO SANTOS
El baile ha demostrado ser una actividad a través de la cual se puede trabajar tanto el cuerpo como la mente. Y si no que se lo digan a las participantes (sí, en femenino, porque para contar a los hombres sobran los dedos de una mano) de las clases de bailoterapia «Baila con Gabi» en las parroquias de Pontevedra de Marcón, Mourente, Lérez, Salcedo y Tomeza. Esta joven brasileña afincada desde hace ocho años en la ciudad ha conseguido que personas de hasta 94 años se animen a saltar a la pista. Muchas lo hacen al comienzo de año, como un nuevo y sano propósito, mientras que otras ya repiten.
La mayoría de las participantes en los grupos que tiene actualmente son de edades a partir de 50 años. «Alguna alumna tiene 40 por una cuestión de horarios o porque acompaña a su madre. La mayor que tengo tiene 94 años», afirma Gabrielle Galle.
Destaca que los beneficios del baile son múltiples. «A nivel físico es maravilloso por muchos motivos: mejora la salud y nos mantiene activos. Pero también nos ayuda a socializar, a estar en contacto con las emociones y nos da energía positiva, además de energía física», resume.

Algunas mujeres en una clase de «Baila con Gabi». / GUSTAVO SANTOS
Y es que sus bailes no se ciñen solamente a la disciplina del baile. «Son clases de bailoterapia. Yo soy coach y estoy formada en programación neurolingüística, y antes trabajaba con entrenamientos de inteligencia emocional. Eso lo aplico en las clases de una forma suave», indica esta profesora de baile y «coach».
De este modo, en sus clases hay momentos de bailar, escuchar la música y dejarse llevar, y otros momentos con dinámicas sencillas. Es decir, que a veces hay contacto físico «muy respetuoso»: un choque de manos, un abrazo, una palmada suave, «cosas divertidas, como harías entre amigos».
«Lo hago porque especialmente cuando somos mayores —y en invierno— noto que mucha gente se aísla. Tengo en las clases muchas señoras viudas que no viven con hijos. En clase buscamos también ese vínculo, para que no estén solas», añade.

Grabrielle Galle con el grupo de baile de la casa cultural de Mourente. | Rafa Vázquez
Según explica, «cuando tenemos contacto físico con la gente se produce oxitocina, que está relacionada con la sensación de bienestar». En las clases «trabajamos la amistad, el acompañamiento y el sentirse parte de algo».
Los grupos también trabajan las emociones con el canto, porque «ayuda a liberar y a conectar», subraya Grabielle Galle.

Un grupo en la parroquia de Mourente. / RAFA VÁZQUEZ
Diferencia entre parroquias
Cada parroquia responde de manera diferente: «Hay parroquias súper movidas, otras con mucho cachondeo y juego, otras más recatadas… Incluso estando cerca, la energía cambia por completo».
Para Gabrielle la ciudad de Pontevedra fue todo un descubrimiento. «Yo vivo aquí y amo Pontevedra. Me encanta que cada zona tiene su encanto. La gente me acogió muy bien y aceptó mi forma de ser, porque yo soy muy cariñosa», confiesa.
Todo eso se ve también en el baile y las alumnas. «A veces llegan serias, preocupadas por algo o por lo que les dijo el médico. Pongo la música, empiezan a cantar, a sonreír, a jugar… y cuando acaba la clase parecen otras personas. Eso me emociona», reconoce.
"La edad no es lo más importante: cada uno envejece de una forma. Lo clave es adaptarse y cuidarse"
En su caso, además, la experiencia diaria le reporta mucha energía. «Es de las clases que más me mueven: yo salgo más feliz, con más fuerza, agradecida por poder promover algo que le hace tanto bien a la gente… y a mí también», afirma rotunda.
Además, el baile no tiene limitaciones, ya que hay alumnado que incluso va con bastón. «Otros se sientan, otros están de pie moviendo hombros, cantando… Cada persona tiene una situación diferente. Adaptamos siempre», indica. «Tengo una señora de 88 que hace movimientos intensos y, en cambio, otras de 65 con lesiones no pueden moverse tanto. La edad no es lo más importante: cada uno envejece de una forma. Lo clave es adaptarse y cuidarse».
Uno de los principales reto de Grabrielle Galle para este año es lograr que más hombres se animen a ir a clases de baile. «Juntando grupos tengo casi 100 alumnos, y solo dos son hombres. Me gustaría que vinieran más, porque el baile es parta todos y el bienestar lo necesitamos todos».
Además, esta pontevedresa de adopción querría colaborar más con asociaciones e instituciones como el Concello de Pontevedra, para llevar la bailoterapia y sus beneficios a más colectivos.
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