Pontevedra 2-1 Racing de Ferrol: El derbi se queda en casa

Luisao pelea un balón / Rafa Vázquez

Desde el calentamiento ya se percibía que no era un partido sin más en Pontevedra ni en Ferrol. Entre el ruido y el ensordecedor ambiente, arrancó el duelo entre gallegos. Novedoso el cambio tan claro del esquema táctico de Rubén Domínguez con un 4-1-4-1 en que Montoro hacía la función de mediocentro defensivo sin incrustarse entre los centrales en fase defensiva. Ventidós jugadores que anteponían la no equivocación al verso libre. A los doce minutos de juego, y tras un arranque más fogoso por los verdes, los granates sirvieron un centro lateral en transición al área que, tras el rechace de la zaga visitante, acabó con Vidorreta derribado en el área. Revisión solicitada por Domínguez, mantenimiento de la decisión y, por sorprendente que puede parecer, buena noticia para el Pontevedra: El no penalti hizo que esa insistencia inicial de los norteños se diluyera un poco y en ese clima llegó el 1-0. Córner milimetrado botado por Yelko al área pequeña y cabeceo libre de marca de Alain Ribeiro.
La escuadra verdiblanca reaccionó al tanto y fue embotellando a su rival en campo propio, obligándolos a un bloque bajo, del que, pese a lo esperado, el Pontevedra no se encontraba excesivamente incómodo. Gran desgaste físico local y constantes ataques de banda a banda sin mordida ninguna por los visitantes. Las dos únicas ocasiones de peligro racinguista llegaron en la recta final con un disparo de Azael García desde la frontal (min.38) y Álvaro Giménez (min.45+2). En ambas Raúl Marqueta cerró el portón, especialmente en la segunda, con un blocaje providencial de un cabezazo a bocajarro.
La vuelta del descanso trajo un Pontevedra más cohibido ante un Racing más envalentonado y dispuesto a cargar el áreay presionar muy alto. La decisión surtió su efecto y tras un saque de esquina de Álvaro Juan, Zalaya aprovechó el caos del primer poste para entrar hasta la cocina al segundo palo y poner las tablas en el luminoso. Las incursiones de Azael García desde la banda hacia dentro y las aperturas de Álvaro Juan estaban haciendo mucho daño a la defensa en dos líneas pontevedresa. Los racinguistas siguieron poblando el área, pero el Pontevedra tenía claro que alguna ocasión más iban a tener entre la presión rival. Así fue. Un saque de esquina desde las botas de Yelko cayó al área pequeña y tras un mal despeje de la defensa rival, Resende envió el esférico al fondo de las mallas con un derechazo soberbio al palo largo.
Siete minutos más decuento de resistencia quedaban para los granates. Quince minutos de sufrimiento que a cuenta gotas pasaron. Taquicardia en la grada, tres pitidos concluyentes y todo un estaido en pie. El derbi se queda en Pontevedra
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