Memoria en papel del renacer del Valle-Inclán
El renacer de una de las «catedrales educativas de Galicia» es el protagonista del libro Rehabilitación integral do IES Valle- Inclán. Se trata de una crónica sobre cómo se ha transformado y modernizado este edificio que incluye una investigación periodística sobre la gestación y primeros años del instituto, una explicación del proyecto arquitectónico y numerosas fotografías que documentan la transformación. Ésta supuso casi 2 años de obras y una inversión de más de 5 millones.

Responsables de la obra y autoridades, ayer en el paraninfo del IES Valle Inclán. / Gustavo Santos
El paraninfo del IES Valle Inclán, referencia en la memoria colectiva de cientos pontevedreses, fue escenario ayer de la presentación del libro Rehabilitación integral do IES Valle-Inclán, el tercer volumen de una colección impulsada por Construcciones Ramírez que busca ir más allá de lo corporativo para convertirse en documento histórico.
El libro testimonia cómo ha renacido uno de los buques insignia de la educación en Galicia y en su debut se dieron cita antiguos directores y profesores, representantes de los colegios profesionales de arquitectos y arquitectos técnicos y cargos políticos como el delegado de la Xunta, Agustín Reguera, y el vicepresidente de la Diputación, Rafael Domínguez.
El periodista e investigador Rafael López Torre, autor de los textos, fue el encargado de abrir la presentación con la autoridad de quien ha buceado durante 25 años en la historia local del siglo XX. Su intervención fue una cura de humildad para los tiempos modernos: si nos quejamos de la burocracia actual, la gestación del edificio original fue una odisea.
Desgranó un dato clarificador: desde la primera piedra en 1905 hasta la inauguración por Alfonso XIII en 1927, pasaron 23 años. «A lo largo de ese periodo, la obra estuvo más tiempo parada que en ejecución», recordó. La causa no fue solo la falta de dinero, sino el caos político de la Restauración: entre 1911 y 1921, España tuvo 24 ministros de Instrucción Pública, uno cada cinco meses. «Arrancar nuevas partidas era una tarea imposible», sentenció.
El libro, ilustrado con numerosas fotografías históricas y del antes y después de las obras, recoge cómo el edificio estuvo a punto de quedar inconcluso. Fue Augusto González Besada quien evitó el desastre, aunque la inauguración llegaría 8 años después de su muerte. Cuando el rey recorrió las instalaciones lo calificó como «uno de los mejores centros de España». Casi un siglo después, el objetivo de esta rehabilitación ha sido que esa frase vuelva a tener vigencia.
Desde la primera piedra en 1905 hasta la inauguración por Alfonso XIII en 1927, pasaron 23 años. «A lo largo de ese periodo, la obra estuvo más tiempo parada que en ejecución», recordó el periodista Rafael López Torre, autor de la investigación histórica sobre el edificio. La causa no fue solo la falta de dinero, sino el caos político de la Restauración
Alfredo Díaz Grande, arquitecto director de la rehabilitación y también antiguo alumno del centro, recordó aquel instituto segregado de los años 80: los hombres y mujeres entraban por puertas diferentes y «solo podíamos vernos en el patio central».
Su reto fue «devolverle el poso al edificio». Se eliminaron para ello las instalaciones que «canibalizaban» los pasillos y se recuperó la cubierta original. Hubo debate sobre la teja, pero la arqueología arquitectónica les dio la razón: «Demostramos que la teja que poníamos era la la original, quedaban restos de una teja antigua», explicó el arquitecto.

Asistentes a la presentación. / Gustavo Santos
También se abordó la carpintería, devolviendo un color acorde a la historia y desterrando el blanco que se había impuesto con el tiempo. Díaz Grande subrayó que el instituto ha recuperado su identidad, mejorando la eficiencia energética pero manteniendo intacta la estructura espacial que define la memoria escolar de tantos exalumnos.
Otro de ellos, Arturo Ramírez, presidente de la constructora adjudicataria del proyecto, confesó su orgullo de liderar una obra que define la trayectoria de su empresa. Destacó que este libro es un acto de gratitud hacia toda la «cadena de valor», desde los arquitectos hasta los operarios que trabajaron en condiciones complejas.
El conselleiro de Educación, Román Rodríguez, puso el foco en la dificultad logística de la obra, que se prolongó casi dos años: una inversión superior a los 5 millones de euros ejecutada con el centro en funcionamiento
La empresa familiar está a punto de cumplir 100 años, casi al mismo tiempo que el edificio celebrará su centenario. «Esta rehabilitación ha sido especialmente compleja», admitió Ramírez, agradeciendo la paciencia de la comunidad educativa y la visión de la Xunta para invertir en esta «joya arquitectónica».
Cerró el acto el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, quien definió al Valle-Inclán no como un instituto más, sino como una de las «catedrales educativas de Galicia», tanto por su arquitectura como por «profesores como Filgueira Valverde, Castelao o Torrente Ballester y el gran número de exalumnos». Puso el foco en la dificultad logística de la obra, que se prolongó casi dos años: una inversión superior a los 5 millones de euros (la más costosa en rehabilitación educativa de la comunidad) ejecutada con el centro en funcionamiento.
El Conselleiro trasladó el saludo del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, también exalumno y que no pudo acudir al acto por motivos de agenda, antes de recordar la tensión inicial con las aulas móviles en la Alameda, y cómo los presagios apocalípticos se transformaron en una convivencia ejemplar. «Este edificio era muy difícil de trabajar: rodeado de espacio público, sin posibilidad de crecer y con 800 alumnos dentro», señaló.
Concluyó con una reflexión sobre la importancia de este periodo educativo: «Es una edad difícil pero después todos tenemos nostalgia de nuestro instituto y nos acordamos de esos años». El conselleiro no duda de que Alfonso XIII tenía razón y, como entonces, el Valle-Inclán es «uno de los mejores institutos de España».
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