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Entrevista | Camilo Cores Médico del 061 recién jubilado

«En nuestra profesión ves cosas tremendas, pero es muy gratificante»

El 061 se despide en Pontevedra de uno de sus mejores profesionales, el médico Camilo Cores, que se jubila a los 66 años y con la misma ilusión que el primer día

«El espíritu no era correr con la ambulancia, sino empezar el tratamiento lo antes posible, en el sitio del accidente», resume sobre una profesión que a diario salva vidas

Camilo Cores junto a una ambulancia el día de su jubilación.

Camilo Cores junto a una ambulancia el día de su jubilación. / FdV

Pontevedra

El pontevedrés Camilo Cores, médico y jefe de base del 061 en Pontevedra hasta hace unos días, se jubila con 66 años y medio y el sentimiento de que «fue el trabajo de mi vida». Ahora seguirá conectado en cierto modo a la profesión a través de la docencia, transmitiendo a otros todo lo que aprendió en la gestión de emergencias y catástrofes desde el punto de vista sanitario.

—Se jubila en Pontevedra, pero no toda su trayectoria la desarrolló en esta área sanitaria.

Acabé la carrera en 1985 en Santiago y empecé a trabajar en donde había trabajo entonces, en el servicio de Urgencias en Vigo. Al año me tenía que ir a la mili y me tocó en el sorteo exceso de cupo, por lo que me quedé sin trabajo. Tenía un amigo que trabajaba en Canarias y me fui allí, donde estuve diez años. Cuando en Canarias el 061 abrió el servicio de ambulancias, los médicos y enfermeros empezamos a medicalizar tanto las ambulancias como los helicópteros. En Galicia se abrieron las ambulancias y helicópteros en 1997. En ese momento aprobé las oposiciones de aquí y me vine. Carmen Rial me pidió que le ayudara a montar el 061, debido a mi experiencia. Al cabo de un año decidí que yo no valgo para oficina, yo necesito ver pacientes. El servicio lo hicimos entre todos; lo hizo la voluntad y el tesón político, y la enorme capacidad que tenía Carmen Rial, que es la madre de este servicio, una mujer que es un verdadero ejemplo, una persona verdaderamente admirable.

—Es decir, aquí desde finales de los noventa. ¿Cómo fueron esos inicios?

Sí, desde 1998 ó 1999 de jefe de base. Todo se fue haciendo con mucha autoformación. Nosotros buscamos la manera de saber, de trabajar con afán de servicio, de sacar un poco el hospital a la calle. El espíritu no era correr con la ambulancia, sino empezar el tratamiento lo antes posible, en el sitio del accidente. Entre todos desarrollamos programas como el Progaliam, de atención al infarto agudo de miocardio, con los profesionales de hospitales. Conseguimos poner desfibriladores externos semiautomáticos en todas las ambulancias, no solo las nuestras, sino también en las que te llevan a rehabilitación y a hemodiálisis. También conseguimos el Código Ictus, para la toma de decisiones que salven cerebro.

—Y, sin embargo, como jefe de base, siempre ha estado en la calle.

Nosotros no tenemos personal administrativo en las bases y los jefes de base somos capataces, es decir, con manos a la obra. No tenemos excesivo personal. El espíritu del 061 está en lo que hace la central de coordinación, que es lo que se llama el análisis de la demanda: intentar a quién le pasa, dónde le pasa y darle la respuesta más adecuada.

«Cada paciente es muy importante, pero para nosotros no tiene la historia que tiene detrás para la familia»

—¿Qué especialidad tienen los médicos del 061? Teniendo en cuenta que todavía no existe la de Urgencias en España...

La mayoría, más del ochenta por ciento, somos médicos de familia. Hay algún intensivista, algún anestesista y hubo algún nefrólogo. De los médicos de familia, de hecho, es de donde van a salir los médicos de Urgencias y Emergencias, según el real decreto aprobado este año, que está ligeramente paralizado por una sociedad científica de medicina general que dice que lesiona sus derechos. En Alemania esta especialidad ya existe desde el siglo pasado, así como en Inglaterra.

—En todo caso, es una especialidad en la que se vivirán momentos muy duros.

Ves cosas tremendas, pero es muy gratificante. Nuestros pacientes difícilmente se pueden poner peor. Cuando tú vas a algo como el accidente del tren Alvia y coges a 178 víctimas y las trasladas al hospital y de ellas solo se mueren seis, te parece que lo estás haciendo relativamente bien. Nosotros somos gallegos, así que no nos lo creemos mucho, pero tengo que decir, aunque esté mal decirlo, que lo hacemos de puta madre. Cuando fue lo del catamarán que ardió en O Grove, no hubo muertos, entre nuestra asistencia y la buena voluntad de los marineros.

—¿Y la pandemia del covid? ¿La recuerda como una época dura?

La pandemia fue dura, pero para todo el mundo. Para nosotros significó tener que trabajar con el traje de protección con las mascarillas, pero era peor no saber cuán terrible iba a ser. Pero ese es nuestro trabajo, tenemos en cuenta ese tipo de cosas. Nuestro día a día es el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, el accidente de tráfico, el laboral, el niño con fiebre que convulsiona... pero estamos preparados y tenemos que estar atentos a la respuesta a las catástrofes, que es donde se nos va a exigir y donde se nos va a juzgar.

«La salud es un derecho, no se puede comerciar con ella»

—¿Se acostumbra uno a acudir a una emergencia y que se pierda una vida?

No podemos plantearnos que cada muerte sea una tragedia. Cada paciente es muy importante, pero no tiene la historia que tiene detrás para la familia. Tenemos que mantener la sangre fría y el criterio aguzado para dar la respuesta que todos nuestros pacientes merecen. Es difícil decirlo, pero hay que tener en cuenta que cuando se produce una muerte cerebral, de ahí pueden salir cinco trasplantes para otras cinco familias. Colaboramos para mantener con vida cuerpos que están en muerte cerebral. Nosotros damos apoyo a la tremenda generosidad de los españoles, que son los que donan.

—¿Se planteó alguna vez cambiar la calle por un servicio de Urgencias como el del Hospital Montecelo?

Tendría que volver a plantearme estudiar de nuevo determinadas cosas. Es otro trabajo, muy agotador también. Yo estoy más preparado para dar respuesta a las catástrofes. Últimamente estaba dando docencia a mis compañeros sobre un accidente como el del Alvia, un atentado terrorista, un accidente industrial como podría ser un escape de cloro en Celulosas... cosas que no te planteas en Urgencias hospitalarias.

—¿Es Camilo Cores un defensor de la sanidad pública?

Absoluto. La salud es un derecho. No se puede comerciar con la salud, con el conocimiento, con la enseñanza, con el trabajo y la vivienda. Hay que ganar dinero para pagar sueldos, pero no se puede pensar en ello.

Cariñosa despedida de sus compañeros

Camilo Cores junto a sus compañeros del 061 en Pontevedra. / FdV

Cariñosa despedida de sus compañeros

Los compañeros de Camilo Cores quisieron despedirlo con cariño en su último día de trabajo. Al salir de su última guardia se fueron todos juntos a desayunar y el próximo 12 de diciembre se van de comida a la Finca Batacos.

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