77 mayores ya dan vida a la residencia A Eiriña de Pontevedra
El centro público de la tercera edad, que promedia unos dos ingresos diarios, cuenta con completar sus 120 plazas para el mes de enero

Maribel Vilariño y Eudosia Pérez, en la recién estrenada residencia de mayores de Pontevedra. / Hugo de Dios
En poco más de un mes de actividad, la nueva residencia de mayores A Eiriña, financiada por la fundación Amancio Ortega, ya alberga cada día a unos ochenta internos, la mayoría «entre ochenta y ochenta y cinco años», anuncia su director, Daniel Fiuza, con veinte años de experiencia en el sector repartidos por diferentes centros de toda la comunidad.
«La acogida ha sido muy buena, pese a las dificultades propias de cualquier apertura», cuenta sobre las primeras semanas de trabajo en la residencia ubicada en pleno núcleo urbano de la ciudad de Pontevedra.
«Es algo que agradecemos tanto el personal del centro como los internos y sus propias familias», explica, asegurando que «le da vida a la residencia, permitiendo a los internos que tienen autonomía dar paseos y visitar diferentes zonas de la ciudad».
Además, confiesa que la mayoría de los nuevos usuarios «tienen una fuerte red familiar». Descartando totalmente la idea preconcebida de que «las personas en residencias estén solas».
Fiuza subraya que, desde la apertura, están buscando confeccionar «un modelo de puertas abiertas, integrado en el entorno social».

Una de las cocineras de la residencia . / Rafa Vázquez
Ante la ausencia de otra residencia pública, junto a la de Campolongo, y los disparados precios de las opciones privadas, muchas personas se veían obligadas a desplazarse a otras ciudades gallegas.
Ahora, con estas 120 nuevas plazas, «muchos residentes vuelven a Pontevedra después de haber estado en plazas adjudicadas en Lugo, Ourense u otras provincias», recuerda Fiuza.
Entre los primeros 77 usuarios del centro residencial predomina «el perfil dependiente de grado II y, sobre todo, grado III», informan.
En cuanto al coste mensual por residir en este «hotel de lujo», como lo describen sus usuarios, depende de la capacidad económica, aunque «las cuantías más altas no superan los 1.000 euros».
Actualmente, A Eiriña cuenta con unos sesenta trabajadores. Cuando el centro esté al completo, «aumentaremos proporcionalmente», avanza el director sobre el centro, que cuenta con servicios de peluquería, gimnasio, cocina propia o podología, entre otros.
El centro no es especialista en Alzheimer o en alguna enfermedad degenerativa concreta, pero confirman que «estamos preparados para atender todo tipo de situaciones».

Maribel Vilariño y Eudosia Pérez, residentes de A Eiriña. / Rafa Vázquez
De los 77 usuarios que acoge la residencia desde su apertura, hay dos que no dejan indiferente a nadie. Ellas son Maribel Vilariño y Eudosia Pérez, de 74 y 91 años, respectivamente, la primera es natural de A Serra de Outes, mientras que Eudosia es «pontevedresa de toda la vida».
Se trata de dos de las primeras integrantes del nuevo centro de la ciudad, el cual describen como «un hotel de lujo», afirmando que les ha tocado la lotería al haber conseguido una plaza en A Eiriña.
Ambas tuvieron experiencias previas en otros centros, pero «en ninguno hemos estado como aquí», confiesan.
De entre el listado de aspectos que destacan de la nueva residencia, uno de los más importantes es «la comida». A pesar de ser una «lambona», Eudosia Pérez asegura haber recuperado el apetito desde su llegada al centro. «Todo está buenísimo, se nota que lo hacen aquí», apunta Vilariño.
Pese a haber tenido cinco hijos de los que, por desgracia, ha perdido tres, Pérez se refiere a sí misma como «una persona muy independiente», ya que no le gusta «depender de nadie» y no ha vuelto a llorar desde la pérdida de sus familiares.
En el otro extremo se encuentra Maribel Vilariño, que decidió tener una única hija. Aunque destaca que durante su juventud recorrió «mucho mundo», pasando etapas de su vida en ciudades internacionales como Basilea o Caracas.
Ahora, en tan solo unas semanas en la residencia pontevedresa, están encantadas con todas sus instalaciones. «Las habitaciones son una gloria: grandes, luminosas y cómodas, nada que ver con el resto de centros», remarca Vilariño.
Por otro lado, Eudosia Pérez se queda con la cafetería, a la que acude cuando no come para darse algún que otro capricho con las máquinas que ofrecen un variado abanico de dulces.
Sobre su día a día, Maribel Vilariño comenta que «el otro día fui a misa, me encanta que esté céntrico, nos da mucha libertad para pasear».
También agradece poder contar con «un buen colchón y vajilla de verdad», destacando que les hace sentir que están disfrutando de unas merecidas vacaciones en un hotel.
No escatiman en elogios hacia la residencia A Eiriña, ya que valoran muy positivamente el trato ofrecido por todo el personal del centro, desde enfermeras, cuidadores y cocineros, «todos nos hacen sentir como reinas», cuentan Maribel y Eudosia, una de las primeras amistades forjadas en el nuevo alojamiento.
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