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Gustavo Almeida: «Mi obra tiene un fuerte componente emocional, sin emoción no hay música»

El cantante, que ya se considera «medio pontevedrés», celebra sus más de dos décadas haciendo música en la ciudad

Gustavo Almeida en su concierto de 20 años de carrera.

Gustavo Almeida en su concierto de 20 años de carrera. / Marcello Santos

Hugo de Dios

Pontevedra

Veinte años después de su debut en los escenarios, Gustavo Almeida regresó al Teatro Principal para revivir la situación que propició el despegue de su carrera musical. Con la emoción como motor y una vida repartida entre la música, el fútbol, la paternidad y su vínculo con la ciudad de Pontevedra, el artista repasa su un camino construido «lejos del mainstream, pero lleno de sentido, identidad y perseverancia».

¿Qué sintió al salir al escenario del Teatro Principal después de 20 años?

Agradecimiento y emoción. Mi música siempre tiene un componente emocional muy fuerte; si no hay emoción, no hay música. Y en este concierto volvieron sensaciones de aquel primer trabajo: la ilusión, los recuerdos de la gente que estuvo entonces... Incluso proyectamos imágenes del concierto de hace 20 años y participaron algunos de los músicos de aquella época. Fue muy emocionante.

¿Hubo algún momento del concierto que le tocase especialmente?

Muchos. Antes de empezar, al salir del camerino, tuve una imagen muy clara de aquel 3 de noviembre de 2005. Durante el concierto dejé mis botas de fútbol en el escenario y cogí la guitarra, un gesto simbólico. También me emocionó cantar la canción que tengo para mi hijo, que estaba allí tocando la batería. Cantó mi hermano conmigo… Cada momento de agradecimiento, incluso entregar claveles al público, fue muy especial.

¿Qué nota que ha cambiado en usted como artista respecto al Gustavo que debutaba en 2005?

La ilusión sigue intacta. Pero ahora tengo más conciencia de cómo funciona la industria, desde dentro y desde fuera. Soy un artista independiente, y eso hace que veas las cosas con otra perspectiva. También la paternidad te hace mirar el mundo de una forma más madura.

Si pudiese darle un consejo a aquel joven Gustavo que debutaba en 2005, ¿qué le diría?

No le diría nada. Que hiciese todo como lo hizo. La música, igual que ser padre, no se puede describir del todo; hay que vivirla. Si yo le aconsejase desde la conciencia de ahora, quizás no viviría las cosas como las viví. Es fácil decir que la visibilidad es importante, pero eso no tendría sentido para ese Gustavo. No me arrepiento: la vida no tiene «control Z». He aprendido que hay que cogerla como viene.

¿Qué valor tiene Pontevedra para usted y para su carrera en el mundo de la música?

A nivel emocional y de calidad de vida, muchísimo. Para alguien con una vida tan anárquica como la de un músico, Pontevedra me equilibra mucho. Vivo aquí desde hace unos 23 años. Llegué cuando estaba en el Celta, después viví fuera, y en 2002 me instalé definitivamente. Me consideró ya medio pontevedrés.

¿Qué le enseñó la música que no pudo aprender como jugador de fútbol?

La música me ha hecho profundizar muchísimo más en mí y en los demás. Para componer tengo que hacer un viaje hacia dentro. El fútbol es más sota, caballo y rey: entrenar, alimentarte, descansar, jugar… Tiene su emoción y su exigencia, pero es otro tipo de fuerza, más de gladiador. La música es una fuerza más sutil, pero también más profunda.

¿Alguno de sus hijos empiezan a inclinarse por la música o el fútbol?

Fútbol, cero. Como educador casi lo agradezco, porque veo muchas cosas hoy en día en el mundo del fútbol que no educan bien. Mi hijo toca conmigo es batería. Y mi hija es una fanática de los libros; devora novelas. La música le gusta, pero su pasión son los libros.

¿Está trabajando en algún proyecto nuevo o toca descanso?

Descanso, no. Mi descanso es activo: la música me descansa y me respira. Después del concierto estaba agotado, pero al día siguiente ya estaba pensando en el siguiente proyecto. Ahora estoy terminando de crear las canciones de mi próximo disco; incluso canté una de ellas en el teatro. También me ilusiona llevar a lo audiovisual estas dos décadas de historia.

¿En qué consiste ese proyecto audiovisual?

Hablando con algunos directores de cine, me comentaron que mi camino es un buen contrapunto para el tipo de documentales actuales donde se muestra al artista desde su punto más alto. Mi historia muestra que también se puede vivir de la música sin estar en el mainstream, y aun así generar conexiones importantes con la gente que te escucha.

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