Las biotoxinas cierran toda la ría de Pontevedra al marisqueo a las puertas de Navidad: «Lo estamos pasando mal»
Los trabajadores expresan su preocupación ante la incertidumbre del actual episodio y la posible pérdida de los ingresos de uno de los meses clave en el sector
Varios mariscadores ya buscan otras alternativas laborales

Mariscadores en el banco de A Seca, en Poio. / Gustavo Santos
Tras el cierre cautelar de la ría de Pontevedra para las bateas y de su parte exterior para el marisqueo debido a los altos niveles de toxina detectados, ayer se confirmó el peor de los pronósticos: el Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño de Galicia (Intecmar) decretó el cierre definitivo de todos los bancos marisqueros, lo que conlleva la prohibición de extracción de bivalvos infaunales, tales como la almeja o el berberecho. Esta situación llega además a las puertas de la Navidad, una de las épocas más rentables del año para el sector.
El panorama conlleva un gran impacto económico para los mariscadores, que este mes suelen ver aumentados sus ingresos económicos debido al incremento en el precio del marisco por la celebración de las fiestas navideñas. Además, esta marea roja produce un clima de incertidumbre entre los trabajadores: «No sabemos hasta cuándo será el cierre, puede ser una semana como mucho más, todo depende de cómo vaya la evolución de la toxina», confiesa Elena Padín, portavoz de las mariscadoras de Raxó, en Poio. «Si hubiera habido meses atrás de ganar bien, fastidia, pero es que fue un año muy malo. La toxina afecta a todos los mariscadores en general, la gente está disgustada», señala Padín, quien destaca que «el mes de agosto, que fue uno de los mejores, «quedaron libres entre 400 y 500 euros».
Ante esta falta de previsiones, se añade una gran preocupación y temor: «Tenemos miedo de que se alargue», expresa Padín ante el cierre total de la ría, pues «los mariscadores llevamos un año bastante malo, por no decir malo del todo» debido a varios factores. Entre ellos se encuentra un significativo descenso en las capturas. Por ejemplo, «antes en diciembre se iba a cuatro kilos de almeja fina, después bajamos a dos y ahora este mes tenemos un kilo». Lo mismo que sucede con otras variedades como la japónica, que se ha pasado de capturar de doce kilos a cinco «y no se puede subir porque no hay».
En definitiva, no hay cría para sembrar. «Nosotros teníamos la suerte de que teníamos zonas en las playas que ya criaban de por sí y al moverlas para otra zona crecían. No hacía falta comprar». Ahora, el contexto ha cambiado notablemente, pues según comenta Elena Padín, «tuvimos años de ir a quitar un día hasta 20 kilos por persona», pero ese hecho ahora parece una cantidad inalcanzable.
A todo esto se suma un problema significativo en el crecimiento de la almeja que «en vez de ir a lo largo está engordando», un obstáculo contra el que los mariscadores llevan tiempo luchando. El inconveniente es «que no da la talla porque la medición es a lo largo, no a lo ancho». Padín cuenta que «la echan en la peneira y como es gorda no cae», pero no obtiene la longitud mínima, un conflicto que se presenta «sobre todo en la zona de Lourizán y Pontevedra». A causa de estos hechos, se «están haciendo estudios para mirar por qué puede ser y para poder quitarla», pues pasado un tiempo, «la almeja si es vieja ya no crece más a lo largo, aunque sí a lo gordo». Por todo ello, se está valorando una posible bajada de la medición longitudinal y que, de esta forma, se pueda extraer la almeja de la playa.
Asimismo, contrariamente a las riadas de 2023 provocando unos bajos niveles de salinidad y, en consecuencia, una elevada mortandad del marisco bivalvo debido a las intensas lluvias, la reciente borrasca Claudia no ha dejado huella en los bancos. Todo esto deriva en una cruda realidad en la que «se presenta un futuro muy negro», pues la situación ha inducido a que los mariscadores se replanteen otras opciones laborales, abandonando los bancos marisqueros. «Hay mucha gente que vive en matrimonio y tiene otro sueldo fijo, entonces se adapta, aunque sea mal, pero las parejas que viven del marisqueo o las personas solteras, ahora mismo se tienen que plantear buscar otra alternativa, sobre todo los jóvenes, no es un sueldo digno», apunta la portavoz de las mariscadoras de Raxó. Por todo esto, los mariscadores muestran su preocupación ante esta situación: «lo estamos pasando mal, ahora mismo solo queda esperar y confiar en que la situación mejore», concluye Padín.
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