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Los vendedores exigen el regreso al centro para «no morir de hambre»

La feria ambulante ve como su volumen de ventas cae en picado tras el «destierro»

Eladio Rodríguez, uno de los vendedores que levantaron su puesto en la feria de ayer.

Eladio Rodríguez, uno de los vendedores que levantaron su puesto en la feria de ayer. / Gustavo Santos

Pontevedra

Este mes se cumplen dos años de la reubicación de la feria ambulante de Pontevedra. Desde su partida de la Alameda, los feriantes se sienten «apartados» en la calle Rafael Areses, al otro lado del río Lérez.

«Aquí estamos muertos, el alcalde no nos quiere, nos sentimos encerrados», exclama Eladio Rodríguez, uno de los ocho vendedores que montó su puesto durante la jornada de ayer.

Rodríguez recuerda viejos tiempos donde vendían en la plaza de Barcelos «más de trescientos puestos, éramos una potencia».

Ahora, 56 familias sufren el «destierro» más allá del Lérez, por lo que piden al Concello su regreso al centro de la ciudad. «Queremos un sitio céntrico, nos da igual si es Reina Victoria, Campolongo, la Alameda o Montero Ríos», suplica el vendedor.

Sin embargo, parece que las negociaciones con la administración están en punto muerto, ya que «se niega a recibirnos, vamos por allí y nos dicen que no hace falta que entremos», confiesa Eladio sobre la cruda realidad del gremio.

Lo describen como «un capricho político», puesto que, cuando Miguel Anxo Fernández Lores era concejal, «nos ayudó para que la feria no viniera para aquí», pero ahora, el regidor pontevedrés «se niega a que la feria vuelva al centro de la ciudad».

Vuelven a cargar duramente contra el alcalde asegurando que «hace los mercadillos que a él le da la gana», añadiendo que, respecto al tema de la ubicación, «es algo universal, en todo el mundo son céntricas».

Además, confiesan que, recientemente, «se destinaron unas subvenciones para arreglar los remolques, contábamos con ellas y nos las denegó, es una guerra que tiene él contra nosotros».

Con el cambio de ubicación de la feria, el volumen de ventas se ha visto reducido considerablemente, llegando al punto de que los vendedores lamentan que «no ganamos para pagar los recibos».

Otro de los condicionantes que merma la celebración es que el aparcamiento «lo cierra continuamente y la gente no tiene dónde dejar el coche», por lo que la única solución que ven a corto plazo es «que deje la alcaldía».

«He tenido que mover mi puesto por inundación»

El «maltrato» a los vendedores ambulantes se ve reflejado en las condiciones de trabajo. Dejando a un lado el aspecto espacial, Eladio Rodríguez denuncia su experiencia más reciente. «Mi puesto estaba totalmente inundado y he tenido que montarlo en otro sitio», confiesa.

Ante la dura borrasca que ha azotado Galicia durante las últimas semanas, desde el Concello «no han tomado medidas, montemos o no, nos cobra igual, a pesar del temporal».

Cuenta que muchos de los integrantes «venimos aquí por desesperación, no buscamos guerra, solo queremos trabajar y no morir de hambre», suplica Rodríguez, que asegura haber presentado una baja y el Concello «no me la ha aceptado, es denunciable», concluye.

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