Voluntariado, gangas y solidaridad engrandecen la lucha contra el cáncer
La delegación pontevedresa de la AECC celebra su rastrillo, hasta enero, en el local de la calle García Camba | La entidad aspira a superar los 24.000 euros recaudados el año pasado

Una de las primeras clientas en comprar en el rastrillo solidario de la AECC. / Rafa Vázquez
El rastrillo solidario de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) inaugura su XXXII edición en Pontevedra, tras recaudar más de 24.000 euros el año pasado.
La iniciativa se desarrolla en la calle García Camba, 14, y se prolongará hasta mediados de enero. «Para nosotras es muy importante que esté en un sitio céntrico para que la gente lo vea», explican tras su regreso al local en el que ya habían expuesto sus productos hace una década.
Prácticamente la totalidad de las «treinta o cuarenta voluntarias» repiten en el rastrillo tras participar en ediciones anteriores.
«A mí me encanta venir y ayudar a la gente, es muy gratificante», confiesa una de las participantes más veteranas de esta iniciativa.
Durante el primer día de actividad «ya vino un montón de gente, no paramos de empaquetar», aseguran a pesar de las condiciones meteorológicas, que no condicionaron el éxito de apertura.
Aprovechando para vaciar los trasteros antes de Navidad, también se recicla e incluso las propias voluntarias compran los productos que más les llaman la atención.
«Lo que más sale siempre es la bisutería y los juegos de café», garantizan, adelantando que cuentan con objetos que están sin estrenar como regalos de boda o que «simplemente la gente no quiere».

La inauguración tuvo lugar la mañana de ayer. / Rafa Vázquez
Comentan que uno de los momentos más complicados es «etiquetar los precios», ya que a veces «los ponemos muy por encima y otras muy por debajo», aunque recuerdan que de cara a la recta final del rastrillo suelen cambiar los precios y hacer liquidación.
Desde la pandemia han dejado de recoger ropa y calzado. Daba mucho, pero también «suponía una carga importante de trabajo para el tallaje y la limpieza de la misma», concluye.
A pesar de esto, recalcan que «se pueden encontrar muchas gangas», asegurando que «nos ha pasado de poner cosas muy por debajo de su valor sin saberlo».
No obstante, confiesan que «este es el encanto y el atractivo de esta iniciativa», refiriéndose a las sorpresas y productos inesperados que se encuentran los visitantes del rastrillo.
Respecto a las expectativas de este año, prevén que «se va a vender muy bien», a pesar de que durante los años posteriores a la pandemia bajaron los ingresos y hubo un par de campañas malas, pero «ahora viene subiendo y esperamos que siga así este año».
Como cada año, todo lo recaudado irá destinado a campañas de prevención y para pagar los sueldos de los profesionales que ofrecen los servicios gratuitos de la asociación. El veinte por ciento del total está reservado para tareas de investigación del cáncer, que «es lo más importante», exclaman las voluntarias.
Productos con historia
«Cada año siempre pasa algo curioso», cuentan recordando cuando en la última edición un hombre encontró unas cerámicas que había donado su hermana y decidió volver a comprarlas.
También destacan que en uno de los últimos rastrillos el pintor de un cuadro, que había sido donado por un conocido suyo, lo reconoció en el escaparate y se lo llevó «explicándoles que había sido un regalo en el pasado».
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