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Primer día de confinamiento de las gallinas en Galicia por la gripe aviar: «Es un trastorno, las estresa mucho»

Propietarios de pequeñas explotaciones que crían en libertad constatan problemas como el aumento del número de peleas

Las restricciones afectan 5 concellos de la comarca de Pontevedra

Nieves Villaverde, vecina de Marcón, alimenta a sus gallinas.

Nieves Villaverde, vecina de Marcón, alimenta a sus gallinas.

Pontevedra

El aumento de riesgo por la evolución de la gripe aviar ha llevado al Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación a decretar en 40 municipios gallegos el confinamiento de las gallinas, que desde este lunes deberán resguardarse en espacios cerrados. En la comarca de Pontevedra, Sanxenxo se encuentra dentro de las zonas de especial riesgo (ZAER), mientras que la capital, Vilaboa, Marín y Poio figuran entre las zonas de especial vigilancia (ZEV).

Entre los 27.000 gallineros gallegos que se ven afectados está el de Nieves Villaverde. «Siempre hemos tenido gallinas, toda la vida», explica esta vecina de Marcón, que constata que el confinamiento afecta mucho a sus aves. «Están acostumbradas a estar sueltas desde que nacen, y ahora con menos espacio se pelean entre ellas».

Si las condiciones no son adecuadas, en este caso por la reducción del espacio, los ejemplares dominantes tienden a provocar peleas y las más sumisas pueden resultar heridas.

A la familia le supone «un importante trastorno, cuando las vas a alimentar se alteran mucho y aprovechan cualquier oportunidad para huir». El confinamiento, constata, «las estresa mucho. Ellas desde que amanece hasta que se recogen están siempre por la finca, y ahora pasan a disponer de un gallinero de metro y medio por tres metros, muy poco frente a todo el espacio al que están habituadas».

Las gallinas de Nieves Villaverde son especialmente privilegiadas. «Alrededor del gallinero hay varias fincas que no se cultivan y ellas son las propietarias», explica, y confinarlas supone ahora restringirles hábitos necesarios como los baños de tierra o de polvo, con los que mantienen el plumaje limpio, eliminan parásitos como ácaros y reducen el estrés.

En otras explotaciones para el autoconsumo, como la de Carmen García, vecina de Campelo, la medida decretada por el Ministerio de Agricultura apenas tiene efecto. En su caso, el gallinero «está totalmente cerrado, también con una malla que instalamos hace un tiempo porque las rapaces se llevaron algunas aves», de modo que en principio no habrá cambios en la rutina diaria de los animales.

Éstos son alimentados en el interior del gallinero, una medida que también exige la administración ante el aumento en las últimas semanas del número de casos de gripe aviar, detectados tanto en aves silvestres como de corral, lo que indica una «tendencia al empeoramiento de la situación con el consiguiente aumento de riesgo para España».

En aquellos casos en los que las gallinas no puedan guardarse en espacios cerrados, la administración podrá autorizar el mantenimiento de los animales al aire libre, pero bajo mallas, redes pajareras u otro dispositivo que evite que entren en contacto con las aves silvestres, ya que las gallinas sanas se infectan mediante el contacto directo con aves enfermas—generalmente patos o gansos salvajes— o con zonas, aguas u objetos contaminados por ellas. También heces, utensilios como zapatos, cajas o vehículos de transporte, de hecho una parte significativa de la extensión de la gripe aviar en Asia se atribuye a los traslados de ejemplares vivos hacia los mercados.

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