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Ellos ponen el alma y su maestro les hace una sinfonía

Felipe Rea, músico director de la Escuela de Música Quodlibet, ha creado una obra sinfónica para gaita inspirada en dos de sus alumnos más «especiales». Chavales con capacidades diferentes que a él le catapultaron fuera del oscuro agujero de la depresión.

Manuel y Felipe Rea profundizan en la música tradicional gallega con las panderetas.

Manuel y Felipe Rea profundizan en la música tradicional gallega con las panderetas. / Rafa Vázquez

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Pontevedra

Si hay algo genial en el ser humano es que no deja de superarse. Y hay personas en las que esta condición natural (y general) se manifiesta de una manera extraordinaria, superando lo que en un principio podría interpretarse como obstáculos y que ellas mismas dejan a la altura de «nimiedad». Felipe Rea, músico director de la Escuela de Música Quodlibet, bien lo sabe, pues entre su numeroso alumnado (que va desde cantareiras hasta chavales interesados en la gaita) hay dos alumnos destacados. Ambos tienen necesidades especiales, una situación que ni les frena, ni les apoca en absoluto. Se esfuerzan por aprender, le dedican tiempo a la música y son responsables con sus obligaciones, entre tantas otras cosas. Lo que ha generado la admiración y cariño sincero de su profesor. Hasta el punto de que Rea, que también es compositor, les ha dedicado «Alma, non deixes de soñar», una de sus creaciones más queridas.

Antes de la clase con Rea, Manuel asistió a una sesión de piano con Sandra Freire. |  Rafa Vázquez

Antes de la clase con Rea, Manuel asistió a una sesión de piano con Sandra Freire. | Rafa Vázquez

Esta obra sinfónica con gaita fue presentada el pasado 17 de mayo con motivo de la celebración del Día das Letras Galegas en el anfiteatro de la Iglesia de Cambre, en compañía de la banda de música del municipio coruñés. Un lujo que es posible repetir pronto en Pontevedra para deleite de todos. El cartel de presentación no dejaba lugar a dudas, ambos alumnos aparecían juntos abrazados y sonriendo en un dibujo.

«Lo creí necesario (dedicarles la obra) ya que hubo un momento de mi vida que no estaba muy bien por la puñetera depresión y me ayudaron muchísimo, no sabes cómo me ayudaron. Por suerte gané un montón de premios con mi música, nacionales e internacionales. Sin embargo, mi mayor alegría fue poder plasmar un pedazo de la vida de mis alumnos en una obra musical sinfónica», reconoce con alegría.

Manuel Asian, un niño especial

«A mí personalmente me gusta llamarlos niños especiales con una condición», dice Rea sobre Manuel Asian y su compañero. Y al preguntarle qué estudian en su escuela contesta con firmeza, «aquí pueden estudiar o aprender lo que se propongan sin ningún tipo de límite, ya que hacemos clases colectivas de música en movimiento, lenguaje musical, guitarra... Y también instrumentales individualizadas y personalizadas de piano, violín, pandereta, gaita... Con ellos no hay limitación alguna. Son unos alumnos más». Sabe lo que dice pues en estos 9 años que la vida de este músico le vincula a la escuela pontevedresa ha estado desde el principio con ellos.

Rea es el profesor pero, como con todos los chavales llenos de vida, afirma que él también aprende de ellos. «Aprendo todo. Considero que soy mejor persona cada día por lo que me enseñan. Ellos se levantan por la mañana con una sonrisa en la cara, un abrazo y un beso para todo el mundo que lo necesite. Y si te ven mal, lo notan y te dan mimos. ¿Qué mejor aprendizaje que ese para enfrentarse a la vida?». Su maestro dice de ambos que «son el centro de sus compañeros en nuestra escuela».

Por eso, y pensando en aquellas familias con niños de necesidades especiales, les dice. «De alguna manera fueron agraciados con una persona que nos enseña día a día a superar pruebas y no pensar que pasará mañana, sino viviendo el presente. Y arreglan todo con un abrazo o un beso, tan necesarios en los tiempos en los que vivimos. Es duro, pero dan más de lo que piden. Y si quieren hacer música, saben dónde encontrarnos, ya que todos somos iguales. Hay chavales con una condición y otros no, pero en clase estamos todos juntos», remata este maestro de música y la vida.

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