Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

«Un pueblo que olvida su pasado poco futuro puede tener»

El experto en Restauración y Conservación de Arte, Pablo Sánchez, analiza con FARO el sector de las antigüedades, la pintura como inversión y la pérdida de interés por la conservación del patrimonio.

Pablo en Decadent, su espacio ecléctico de arte y decoración.

Pablo en Decadent, su espacio ecléctico de arte y decoración. / FdV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pontevedra

Durante los últimos años proliferaron los mercadillos y tiendas de objetos de segunda mano, sin embargo, estos nada tienen que ver con el circuito de antigüedades que hasta hace treinta años aún se movía en la ciudad. «La palabra anticuario quizá no se deba usar, porque no existe ese profesional aquí. Y ese concepto de antigüedades se acabó. Lo que demanda la gente ya no es eso, es decoración. Y en la provincia de Pontevedra nunca hubo un nivel muy grande, los grandes anticuarios estaban en Ourense. Porque el interior de Ourense y de Lugo tienen patrimonio, hay que tener en cuenta que la Ribeira Sacra abarca una extensión muy amplia y estaba llena de conventos y monasterios de los que salieron piezas excepcionales», comienza explicando Pablo Sánchez.

«Ya no existe ese perfil de comprador que ahora tiene 70, 80 o 90 años. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria hay un antes y un después. Esa gente se recorría de vez en cuando algún fin de semana Galicia para ir de anticuarios. No para ir de mercadillos, para ir de anticuarios. Ya no existe y no hay relevo generacional. Los hijos de esa gente, que ahora pueden tener cincuenta y pico años, tienen sus vida más que conformada. Entonces, nos tenemos que quedar con los nietos, que no tienen su vida conformada. Sino que, en todo caso, lo que tienen es un problema de vivienda bastante serio. ¿Qué le vamos a pedir a esa gente tan joven si crecieron en un contexto con unas circunstancias tan increíblemente diferentes a las de otras generaciones?».

Pablo ahonda en esa dificultad para que se regeneren los compradores. «La falta de vivienda, tema laboral complicado, sueldos bajos y otro panorama donde interviene Ikea. La movilidad que supone hoy en día la búsqueda de empleo… Al amueblar un piso hoy no se tiene el concepto que había hace 30 años que era para toda la vida. Hoy en día sabe que pueden tener mucha movilidad, así que no quieren gastarse dinero en algo que, al fin y al cabo, les va a lastrar en caso de que cambien de ciudad o de país. Tenemos a Ikea, que ya no es tan barato como era, pero la gente va hacia cosas muy prácticas. Y luego tenemos algo que se llama: tecnología y ocio. Ahora viajar es increíblemente barato con lo cual la gente joven destina sus ahorros a viajar, a tener un buen teléfono móvil, un ordenador o a irse a un festival. En todo esto no hay crítica, simplemente que las reglas del juego cambiaron. El contexto social cambió y esta generación creció en unas circunstancias totalmente diferentes. Y en ellas no cabe este mundo. O bien por tendencias, o por dinero o por el tipo de vida que se lleva ahora».

Nunca va a ser una gran inversión cuando lo que compras se circunscribe a ese ámbito tan limitado como es Galicia.

Pablo Sánchez

— Anticuario, experto en Restauración y Conservación de Arte con especialidad en Escultura e Historia del Arte

Dentro de esta crisis que parece vivir el sector, la pintura gallega tiene su propia lucha. «La pintura gallega sigue cayendo en picado. Menos cuatro o cinco firmas que se pueden considerar nacionales o incluso internacionales, sacando a: Urbano Lugrís González, Maruja Mallo, Luis Seoane, Eugenio Granell o en el ámbito nacional Fernando Álvarez de Soutomaior. Por lo demás, la inmensa mayoría de firmas se circunscriben a un ámbito muy limitado que es Galicia. Cuando estalló la burbuja inmobiliaria la gente se dio cuenta que también había existido una burbuja en torno a la pintura gallega y al arte gallego en general. Porque cuando querían recuperar el dinero debido a todos los problemas generados por la crisis, no se recuperaba ni la mitad, ni la tercera parte. De la noche a la mañana ponían a la venta parte de sus bienes entre ellos, la pintura y la escultura, generando un stock en el mercado muy grande que en los últimos diez años se agrandó debido a la falta de relevo generacional entre los compradores».

En un futuro perderemos patrimonio si esto sigue así, porque hay mucho que está saliendo fuera de Galicia.

Pablo Sánchez

— Dueño de la firma Decadent Arte y Antigüedades

Junto a ello, señala que muchas pinturas se compraron como inversión a un valor que realmente no tenían en el mercado. «Pasó porque los precios se hincharon mucho. ¿Cómo? Pues por ejemplo, entidades bancarias que querían tener su propia colección para aumentar su estatus. Ellas y algunas galerías lo que hicieron fue hinchar muchísimo los precios porque había mucho intermediario y la entidad estaba dispuesta a pagar porque había dinero. Y los propios galeristas te vendían que tener un Laxeiro era una gran inversión. Nunca va a ser una gran inversión cuando lo que compras se circunscribe a ese ámbito tan limitado como es Galicia. Son tres millones de habitantes, si tú tienes una firma que se vende dentro del ámbito nacional hablamos de un ámbito de 49 millones de habitantes. Y si la firma es internacional, estamos hablando que se puede vender en Europa, América o en Asia, en un momento dado. Por eso es muy importante saber en lo que se invierte. Muchísima gente gastó dinero en pintura local, que está bien, pero no te va a sacar de ningún apuro porque la pintura también va por parroquias».

Y recalca que «en un futuro perderemos patrimonio si esto sigue así, porque hay mucho que está saliendo fuera de Galicia. Por ejemplo, el barro es etonografía pura, tendría que ser mucho más caro de lo que es. Es importante porque es parte de nuestro pasado, de nuestro patrimonio. Y un pueblo que olvida su pasado poco futuro puede tener», remata.

Tracking Pixel Contents