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Casi la mitad de los trabajadores autónomos que viven en la ciudad tienen más de 50 años

De los 5.532 autoempleados que residen en el municipio, 2.584 superan esa edad | APE-Galicia recuerda que hay un problema de relevo generacional y que los autónomos también sufren la falta de mano de obra cualificada

Fernando Iglesias Acuña, autónomo de 56 años y dueño de la Librería Baroja.

Fernando Iglesias Acuña, autónomo de 56 años y dueño de la Librería Baroja. / RAFA VAZQUEZ

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Pontevedra

Es un problema evidente y parece que va a más: casi la mitad de los autónomos que viven en la ciudad tienen más de 50 años. Esto, que de por sí no debería ser un dato preocupante, se convierte en un obstáculo para que muchos negocios continúen su actividad, ya que no existe un relevo generacional que los mantenga vivos.

Así lo reconoce José Ramón Caldas, presidente de la Asociación intersectorial e interterritorial de autónomos y pequeñas empresas de Galicia, APE-Galicia, que recuerda que existe también un problema importante, muy relacionado con esta cuestión, de falta de mano de obra cualificada.

Los datos así lo confirman. Según los últimos hechos públicos ayer por el Instituto Galego de Estatística (IGE), de los 5.532 autónomos que viven en el municipio pontevedrés, casi la mitad, 2.584, un 47%, tienen 50 años o más. De hecho, ahondando más en esta franja, 915 superan incluso los 60 años.

Esto hace que sea urgente relevar a estos trabajadores, ya que en muchos casos cuando ellos se jubilan sus negocios cierran, produciéndose un importante impacto en la pequeña empresa.

«Hay un problema muy grande, porque cuesta mucho que alguien se quede al frente de esos negocios. A partir de los 60 años habría que hacer un seguimiento y buscar una persona que aprenda ese oficio. Nosotros animamos a las familias para que sus hijos, hijas, nueras, yernos... puedan continuar esa actividad», manifiesta José Ramón Caldas.

En este sentido, recuerda que la Xunta de Galicia puso en marcha el Bono Remuda, una iniciativa para evitar el cierre de negocios por falta de personas que se hagan cargo, al tiempo que se facilita que los interesados en emprender puedan recoger el testimonio de una empresa ya viable económicamente. Estos negocios deben tener el domicilio fiscal y social en Galicia y estar inscritos en la Bolsa de Remuda.

La Consellería de Emprego ha confirmado a FARO de que, una vez que ha concluido el plazo para inscribirse este año, en 2025 se pondrá en marcha una nueva edición del programa.

El relevo debe estar motivado por la jubilación o la cercanía de la jubilación de la persona titular del negocio o por causas como la incapacidad permanente total, absoluta o gran invalidez o fallecimiento.

«Hay que buscar un modelo con lo que esto se pueda solucionar. Ser autónomos es bonito, es un trabajo bonito, pero hay que enfocarlo bien. Al autónomo no le falta nunca trabajo, pero sí le faltan profesionales para contratar, no hay mano de obra cualificada», destaca el presidente de APE-Galicia.

«No tengo hijos, pero si tuviera no querría que se hicieran autónomos»

Fernando Iglesias Acuña tiene 56 años y lleva 29 al frente de la Librería Baroja, en la calla Palamios de Pontevedra

Abrió el negocio cuando tan solo tenía 27 años y después de iniciar varias carreras universitarias que no terminó. Los inicios en este establecimiento fueron duros porque hizo una importante apuesta por el ámbito de las fotocopias, lo que le supuso llegar a hacer hasta 100.000 copias al mes, con muchos días y noches centrados en esta labor. Aquella inversión en máquinas fue muy elevada y hasta que las amortizó no pudo desentenderse de ello. Ya en 2007 pudo dedicarse a los libros y, a partir de 2013, al cómic, con lo que sigue, especialmente el manga japonés.

Este pontevedrés reconoce que todos estos años han sido duros y con muchísimo trabajo y que, en su caso, ser autónomo con un negocio en el que se vende prensa diaria supone solamente librar dos o tres días al año, solo aquellos en los que no se publican los periódicos (día de Navidad, día de Año Nuevo y el sábado después de Viernes Santo).

«Yo no tengo hijos, pero si tuviera no querría que se hiciesen autónomos ni que tuviesen un negocio que implicase serlo. De ninguna manera», dice tajante.

En este sentido, señala que «así muchos autónomos cuando llega el momento no se quieren jubilar, porque se dan cuenta de que no tienen vida social y siguen con el cartelito colgado de jubilación otros diez años más».

«Lo importante para el autónomo es llegar a la jubilación con todo cotizado, 38 años y medio. Antes pagabas más cuando se acercaba el momento, ahora pagas por lo que ganas», recuerda.

«Pero la cotización sale a final de mes de tu cartera y eso es un estrés que un empleado por cuenta ajena no tiene, porque tú como autónomo lo haces todo, hasta limpiar, y no tienes vacaciones pagadas», se lamenta Fernando Iglesias Acuña, que añade que en su caso llega a trabajar una media de entre 55 y 60 horas semanales.

Sin vacaciones

En todos estos años solo disfrutó de vacaciones una semana, en su viaje de luna de miel. «Llevo desde 2017 sin descansar nunca. Echo de menos coger un puente o unos días, poder hacer algo», reconoce, «porque son siete años completos sin salir de aquí».

En cuanto a contratar a alguien para que ocupe su puesto, no se lo plantea por el momento: «Hay muchos clientes que vienen a verme a mí. Confiar es difícil porque mínimo para enseñar a alguien necesitas uno o dos meses, y eso cuesta mucho dinero para un negocio pequeño».

«A lo mejor a mí también me pasa y cuando tenga que jubilarme sigo aquí un tiempo más antes de cerrar, quién sabe...», concluye.

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