Del Pazo de Leis a Pasarón

El Campo do Progreso, el Pacto de las Palmeras y las pistas deportivas del desaparecido Pazo de Campolongo conforman la cuna del deporte local y de clubes como el Pontevedra C.F.

Atletas del San Narciso y otros deportistas de los años cincuenta en el Pazo de Campolongo

Atletas del San Narciso y otros deportistas de los años cincuenta en el Pazo de Campolongo / FdV

El Campo do Progreso, el Pacto de las Palmeras y las pistas deportivas del desaparecido Pazo de Leis, en Campolongo, sostienen los pilares del deporte pontevedrés actual y son la cuna de clubes como el Pontevedra C.F.

Atletas del San Narciso y otros deportistas de los años cincuenta, ante el Pazo de Campolongo.   | // FDV

Firmantes del Pactos de las Palmeras / FdV

El Campo do Progreso se situaba entre las calles Joaquín Costa, Cobián Areal, la carretera de Ourense y el final de la rúa do Progreso. Allí se celebraron muchos acontecimientos culturales y deportivos al aire libre a mediados del siglo pasado. Este campo deportivo era gestionado entonces por la sociedad “Unión Sportiva” y los terrenos y aledaños pertenecían a la familia Viéitez Cortizo. Carecía de vestuarios propios y los equipos usaban para cambiarse al bar Carballinés, que estaba enfrente de la taquilla y la entrada principal donde comenzaba, luego, la Estrada de Ourense.

Deportistas en las desaparecidas pistas de Campolongo.   | // FDV

Deportistas en las desaparecidas pistas de Campolongo. / FdV

Allí jugaron equipos de fútbol como el “Eiriña”, el “Catro Ventos”, el “Acción Católica”, el “Furacán”, el “Alfonso”, la “ Gimnástica” el “Sporting” y el equipo del barrio “ Petit Eiriña”, como recoge una exposición creada hace tres años por el Concello de Pontevedra.

El Campo do Progreso contó además con los primeros equipos de hockey de Galicia, tanto en categoría femenina como masculina.

Pacto de las Palmeras

Allí nacería la idea de crear el primer equipo de fútbol de la ciudad, 24 años de que se inaugurase el Estadio Municipal de Pasarón. Sería a través del Pacto de las Palmeras, de 16 de octubre del 1941. Un “acuerdo de caballeros” entre las directivas del Alfonso y el Eiriña, los dos grandes de la capital, para fusionarse y dar vida al actual Pontevedra.

Durante la guerra civil, el Alfonso había desaparecido y el Eiriña se fue a una olimpiada en Cataluña y allí se quedó. Terminó la guerra y había que buscar un equipo que representara la ciudad, contexto que motivó la aparición del club granate. José Soto Martínez, un funcionario de prisiones y delegado de los clubes aficionados de la ciudad, fue el artífice que captó a un grupo de jugadores de diversos equipos para crear el nuevo equipo.

El acuerdo se firmó hace 83 años, haciendo oficial la creación del club. Se llamó “Pacto de las Palmeras” porque las directivas del Alfonso y el Eiriña formalizaron el nuevo club en el Paseo de las Palmeras, ya que el presidente Fernando Ponche era coronel y jefe del gobierno militar y residía allí, como expone la exposición creada en 2021 por el Concello.

Al mismo tiempo, en el desaparecido Pazo de Leis, en Campolongo, se formaban grandes deportistas y clubes de distintas disciplinas deportivas. Campolongo perdía el Pazo de los Marqueses de Leis –y las pistas deportivas que se crearon en su entorno– al mismo tiempo que el barrio experimentaba su mayor desarrollo urbanístico, iniciada la década de los sesenta del siglo pasado. El palacete, que había pertenecido desde el siglo XVI a varias familias emblemáticas de Pontevedra, se convertiría en 1943, bajo la dictadura del general Franco, en la delegación del Frente de Juventudes. En su enorme finca se construyeron a finales de los años cuarenta unas de las mejores instalaciones deportivas de Galicia. Competía con las de Balaídos en Vigo y Riazor en A Coruña.

Trasladado a Madrid

Comenzados los sesenta, con la actual urbanización de Campolongo en estado incipiente, el Pazo fue trasladado a Madrid, piedra a piedra, como pabellón de Pontevedra en la Feria del Campo, que se celebraría en la capital de España hasta inicios de los setenta. Desde entonces el Pazo, o lo que queda de él, ha pasado por varias fases y en los últimos años ha albergado un restaurante con el “enxebre” nombre de “A Casiña”.

Pero el nombre del Pazo de Campolongo y su vinculación con el mundo del deporte no caerían en el olvido, porque sus pistas deportivas se había convertido ya a medidos del siglo XX en cuna de algunos de los mejores deportistas de la época.

Atraídos por sus modernas pistas de pavimento de ceniza, o carbonilla –la que se extraía de la cercana estación de ferrocarril (se encontraba en la actual Plaza de Galicia)–, al Pazo llegaban los jóvenes deportistas que buscaban unas buenas instalaciones en las que entrenar, o simplemente un lugar donde jugar.

El recuerdo de José Luis Torrado, “O Bruxo”

Atraídos por la calidad de las pistas deportivas del Pazo de Leis, en los años 40 del siglo pasado, allí llegarían, entre otros, atletas como el ya fallecido José Luis Torrado, recordado como “O Bruxo”, por su actividad como naturópata. En su etapa deportiva llegaría a ser campeón de España de Atletismo (1956), entrenador y preparador físico de numerosos equipos, selecciones y deportistas olímpicos e internacionales. “O Bruxo”, que llegó a Pontevedra con 19 años, levantaría mucho después una clínica deportiva en el mismo suelo de Campolongo donde entrenaba en los años cincuenta, a orillas del río de Os Gafos, del que extraía las primeras hierbas y la arcilla con la que Morales “el de las bicicletas”, le enseñó a curarse las lesiones y las heridas producidas por la práctica deportiva. “No teníamos medios y nos unía nuestro amor al deporte; nuestra vida era venir aquí a entrenar”, declaró Torrado a FARO DE VIGO en una entrevista.

Las pistas que formaron al Teucro y la Gimnástica

La gran finca conocida como Pazo de Campolongo estaba formada por el palacio de los Marqueses de Leis, que también perteneció a los Gago y a los Montenegro, y los terrenos que ocupaban la práctica totalidad del actual polígono de Campolongo, bordeados por el río de Os Gafos. El edificio de arquitectura palaciega tradicional poseía torre, palomar y capilla adosada a su fachada. Hacia el año 1943 la familia arrendó el pazo a la Delegación del Frente de Juventudes, con plena autorización para realizar las obras que creyeran oportunas. Se conservó tanto el exterior como el interior, pero sus habitaciones se fueron adaptando poco a poco, para los actos culturales y deportivos que se celebraron en el recinto tras la creación, a finales de los años cuarenta, de unas pistas de atletismo en la finca. Una de las salas de la planta inferior, anteriormente utilizada como sala de música, se convirtió en “Hogar Juvenil” y se utilizaron las dependencias de Armas y otras como locales de ocio, juego e incluso un taller- escuela de aeromodelismo. En las pistas deportivas del exterior entrenaron el Pontevedra Club de Fútbol, la Sociedad Deportiva Teucro y los atletas de la Gimnástica. Estas instalaciones fueron escenario de importantes competiciones entre los años cincuenta y sesenta, principalmente campeonatos escolares.

Suscríbete para seguir leyendo