Andrea Levy | Política, autora de “La utilidad de todo este dolor”

“De mis aprendizajes del dolor el más importante es rebelarse ante la frustración”

“No me permito el etiquetarme de enferma, padezco una enfermedad pero hay que ganarle la partida a diario y se puede conseguir”

Andrea Levy.

Andrea Levy. / FdV

La Sala Nauta de Club Náutico de Sanxenxo será escenario el próximo miércoles, día 19, de la presentación del libro “La utilidad del todo este dolor”, en el que Andrea Levy profundiza en su experiencia con la fibromialgia, una afección crónica que causa dolor generalizado, fatiga o trastornos de sueño, entre otros síntomas, y que se estima que afecta a más del 4% de las españolas, mientras que en varones se reduce al 0,2%.

–¿Cómo surgió este libro?

–En realidad para mi ha sido un ejercicio liberador de intentar recomponer aquellas situaciones que he vivido a lo largo de estos diez años personalmente en asuntos de salud y que en su día no llevé bien, no hice bien, y que en cierto modo necesitaba revivir a través de la escritura para perdonarme a mi misma por no haberme tratado todo lo bien que debí hacerlo en ese momento.

–Ha sido una catarsis

–Sí, ha sido ayudarme a entender todo lo que me fue sucediendo cuando no me daba cuenta de cómo iba atravesando las distintas fases de la enfermedad y por no preocuparme, por no detenerme ante esa llamada de la salud, incluso en cierto momento agravé la situación en mi misma. Sí ha sido un mirar hacia atrás para ver lo que hice mal como proceso sanador o un proceso definitivo de la cura.

–¿Cuándo empezó a sentir los síntomas y cuándo le diagnosticaron fibromialgia?

–Los síntomas, como se ve en el libro, yo diría que empiezan en el año 2013, pero hasta 2020 no consigo tener ese diagnóstico.

–En esos momentos ya tenía un papel activo en política ¿cómo vivió el curso de la enfermedad, especialmente el dolor?

–Pensaba que me lo merecía por ese modo de vida que llevaba, como si tuviese que asumir que esa parte del dolor nos la merecemos por como sometemos a nuestro cuerpo a la tensión y a la ansiedad. Y es una parte de la reflexión que he aprendido a hacer para ahora cuidarme, para estar bien y para sentirme bien. Es decir, yo entendía que mi modo de vida implicaba padecer toda esa clase de dolores físicos y el insomnio porque nos acompaña en nuestro día a día el estrés, la ansiedad, la tensión. Y eso es una forma de sobrevivir los días, de malvivir, pero si uno no encuentra ese equilibrio entre la salud, la estabilidad, en su vida efectivamente las cosas acaban por no funcionar.

–¿El dolor enseña?

–Sí, la felicidad es algo lineal que nos ayuda a avanzar, pero que tenemos tendencia a superarla y no recordar. En cambio el dolor es un bucle, es circular, y siempre lo recordamos como ese momento de obstáculo, de aflicción. Entonces el dolor, que para mi ha formado parte y sigue formando parte de mi vida, me da dando lecciones, pasando de lo físico a lo emocional, a no generarme frustración, a no generarme melancolía o esa tristeza. Y eso es esa parte de supervivencia en positivo que he aprendido gracias al dolor.

–¿Qué importancia ha tenido el amor en este proceso sanador?

–El amor tiene diferentes ámbitos. Está primero el amor hacia lo que uno es, lo que uno hace, un amor individual, que es aprender a quererse, a mirarse bien delante del espejo, sobre todo cuando uno está enfermo también forma parte de esa recuperación que necesitas en positivo. Hay amor alrededor de la empatía, de esos lazos, de esa unión con las personas que tienes cerca y que pueden ayudarte cuando lo necesitas. Y luego, claro, el amor en lo sentimental. Lo cuento en el libro, porque para mi hubo un momento en el que ese dar amor o ese amor que yo tenía en mi vida me acabó causando una dependencia negativa, en el sentido de que era más generosa a la hora de dar a otra persona que hacia mi misma, incluso me hizo no darme cuenta de que necesitaba mirar hacia adentro para curarme y poder estar bien, conmigo y con la otra persona.

–Porque también hay que aprender a amar

–Sobre todo porque en una relación las dos personas tienen que estar bien para poder ayudarse. Especialmente las mujeres muchas veces tenemos ese papel como de constante salvadora, de constantemente estar ahí para que todo suceda y que todo el mundo esté bien, pero si no estamos nosotras mismas tampoco vamos a poder ayudar al cien por cien. A veces hay que cuidarse a uno mismo para poder ayudar y amar a los demás.

–Han pasado cuatro años desde el diagnóstico ¿cómo ha sido la evolución?

–Los primeros años complicados por el hecho de asumir que vas a convivir con una enfermedad crónica y que eso hace que te sientas o que te etiquetes como enferma. Y yo ahora digo que no soy una enferma, soy una persona que padece una enfermedad pero eso es una parte mi vida que no lo condiciona todo. Ese aprendizaje es irlo superando, porque al final es una cosa con la que vas a estar ya permanentemente, a veces estarás bien y otras mal pero forma parte de tu vida ya para siempre, y tienes que fortalecerte mentalmente para no decaer. Y al final el libro lo he querido escribir en ese tono positivo, sobre todo porque a veces me escriben personas o hablo con gente que tiende a deprimirse, a estar en negativo por ello, por la fibromialgia, por la enfermedad. Y yo al revés, digo que esos días en los que uno está mal lo más importante es mantener la cabeza en el equilibrio de a dónde vamos a ir cuando estemos bien, siempre mirando hacia adelante, porque si no agravamos la enfermedad con esos pensamientos negativos. El dolor no puede ser un modo de vida, esa melancolía a la que nos sumamos cuando estamos enfermos, sino que hay que superarlo con esas ganas de vivir y esa actitud que nos ayuda a recuperarnos antes.

–Se produce un incremento de diagnósticos de fibromialgia ¿qué aconsejaría a los pacientes que reciben esta mala noticia?

–Lo principal es no caer en la frustración. De mis aprendizajes del dolor en todos los ámbitos que cuento en el libro el más importante es el rebelarse ante la frustración del dolor. Éste acaba siendo un condicionante de tu vida y yo no se lo permito, no me permito el etiquetarme de enferma, padezco una enfermedad pero hay que ganarle la partida a diario y se puede conseguir.

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