Ruda para la buena suerte y la buena lectura

La pontevedresa María Diz elabora los atados mágicos que acompañan a la promoción de la nueva novela de Ledicia Costas, “Pel de cordeiro”, en los que no faltan la figa y los siete nudos

María Diz prepara un atado con ruda como los de la promoción de la novela de Ledicia Costas.

María Diz prepara un atado con ruda como los de la promoción de la novela de Ledicia Costas. / GUSTAVO SANTOS

Basta con entrar en el establecimiento de María Diz para sentir una energía especial, que invita a la relajación y a bajar el tono de voz y las revoluciones del día a día. Oficialmente, “Aquelarre” —en la calle Loureiro Crespo de Pontevedra— es una tienda esotérica, pero entre las cuatro paredes del negocio, presentado por una espectacular fachada de estilo gótico, hay mucho más. Se pueden comprar inciensos, velas, libros, joyas y amuletos, barajas de cartas especiales, figuras de santos, cuencos tibetanos... pero también es posible encargar recetas mágicas, rituales... Y todo siempre con un especial acercamiento a los elementos naturales, con el fuego como primer protagonista.

En las últimas semanas, la pontevedresa ha recibido un encargo diferente a los habituales: elaborar un talismán para la buena suerte y contra los malos espíritus y la envidia que pudiera ser incluido en el paquete promocional de la nueva novela de Ledicia Costas, “Pel de cordeiro” (Edicións Xerais).

Tras pensar mucho sobre el tema y con la premisa de que representase de algún modo la cultura y las creencias más antiguas de Galicia, la idea casi tomó forma por sí sola: nueve ramitas de ruda atadas con un cordón rojo con siete nudos y acompañadas de una figa.

“Yo quería que fuese algo nuestro, que no resultase comercial. Aquí usamos mucho la ruda para acompañar a las velas, así que decidí que sería bueno aprovechar esas ramitas. El cordón es rojo porque es un color que representa la fuerza, el valor, la suerte; es un protector. Y son siete nudos porque es un número mágico, sagrado. En cuanto a la figa, un puño cerrado con el dedo pulgar entre el índice y el corazón, es un símbolo muy propio de Galicia y tiene como fin proteger del mal de ojo, de los celos y de la envidia”, resume María Diz a FARO mientras prepara uno de estos atados entre el olor de hierbas quemadas y en la misma sala en la que su madre, durante décadas, echó las cartas a miles de pontevedreses.

Los amuletos llevan nueve ramas de ruda, un cordón rojo con siete nudos y una figa.

Los amuletos llevan nueve ramas de ruda, un cordón rojo con siete nudos y una figa. / GUSTAVO SANTOS

Cada uno de los amuletos recibe el humo de hierbas como la ruda, la manzanilla, la salvia y el incienso, “porque las hierbas elevan la energía de las cosas, limpian, potencian, purifican”.

“Ya que entro a formar parte de la historia que cuenta la autora, me gustaría que fuese un éxito y que este sea un buen amuleto de protección”, confiesa María Diz, para añadir que desde el primer momento “el proyecto me pareció fascinante”.

Reconoce que la temática de “Pel de cordeiro” también le atrae porque la novela es protagonizada por dos mujeres unidas durante dos siglos por la fuerza mágica e imparable de la brujería. “Todos llevamos un poco de magia dentro. Al final todo es magia, somos energía. Cualquier persona puede hacer el bien y el mal”, considera.

Una tía abuela 'menciñeira'

María Diz mamó desde niña este mundo, porque su madre echó las cartas durante décadas y ya la tía abuela de esta era 'menciñeira'.

“Mi madre le dio muchas vueltas y decidió en 1993 abrir esta tienda. Yo lo recuerdo perfectamente porque la gente entonces cruzaba la calle y se persignaba. Eran otros tiempos, no se tenía tanta información como ahora”, recuerda.

Desde la pandemia, su madre dejó de atender en “Aquelarre”, en donde se encuentran su hija y su pareja, entre olores de incienso, música relajante y el sonido de las campanillas que se mueven con la apertura de la puerta.

“La finalidad de la tienda no es otra que ser un punto de información. Cualquier cosa que hagamos nos tiene que hacer sentir bien, siempre sin hacer daño a nadie, que todo lo que hagas sea para bien”, concluye esta meiga del siglo XXI.

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