Un pontevedrés da la vuelta al mundo en 7 meses con la bandera gallega a cuestas

El pontevedrés Foni Díaz regresó de su vaje en solitario por 5 continentes y 18 países

Foni Díaz en la Alameda de Pontevedra, a su regreso del viaje por el mundo.

Foni Díaz en la Alameda de Pontevedra, a su regreso del viaje por el mundo. / Rafa Vázquez

Gala Dacosta Dieh

“A viaxe rematou, mais segue na cabeza e no corazón. A bandeira voltou, está na casa á espera de novas encrucilladas, labirintos minotáuricos que coa Galiza ten que resolver”. Alfonso (Foni) Díaz, pontevedrés de 61 años que se jubiló antes de lo previsto, se marchó a dar la vuelta al mundo en solitario. Acompañado únicamente de una maleta y, por supuesto, su bandera gallega, viajó durante siete meses desde marzo y visitó 18 países.

Empezó en Singapur y allí partió hacia Australia y Nueva Zelanda. Después viajó al continente americano: Chile, Perú, Paraguay, Brasil, Argentina, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Colombia y Cuba, siempre presente. Más adelante pasó por Turquía y Bulgaria, para llegar a Emiratos Árabes y volver a su amada África, concretamente a Uganda, adonde piensa volver pronto.

“Viaxei coa bandeira porque sei de onde son e sei ben de onde veño”

Foni Díaz

— Maestro jubilado y viajero

“Viaxei coa bandeira porque sei de onde son e sei ben de onde veño”, cuenta este maestro de Geografía e Historia que muy probablemente haya sido los escasos pontevedreses en dar la vuelta al mundo con la bandera. No le dio miedo aventurarse solo, cuenta con amistades en países como Uganda (“O país das montañas da lúa”) y conoció a personajes fascinantes en su recorrido.

Así, habló con las Madres de la Plaza de Mayo, conoció el inmenso Amazonas, volvió una vez más a sus apreciadas cataratas del Iguazú o presenció a niños picando piedras en canteras de Kampala: “Vin cousas feas, claro, pero co que quedas son as cousas fermosas, esas non se van da cabeza”.

Foni Díaz con sus amigos ugandeses y la bandera gallega

Foni Díaz con sus amigos ugandeses y la bandera gallega / FdV

Llevaba hace años a su hija Xiana (ahora de 26) a cuestas: “Levámola a Camboia cando era un destino descoñecido”. De hecho, aunque el periplo fue en solitario, coincidió tres semanas con ella en Turquía y su mujer Carmen también viajó esporádicamente con él. En cierto modo, explica, ser hombre proporciona una ventaja a la hora de recorrer el globo: “Hai zonas ás que non querería que fose soa miña filla”. También aprovecha para desmentir prejuicios, pues “os países cristiáns son onde máis violencia cara a muller presenciei. Non sabería decir o motivo, pero así foi”.

"Viaxar debe repercutir positivamente nas comunidades locais"

Foni Díaz

— Maestro jubilado y viajero

Él tuvo encontronazos, como en un mercado de Ghana donde fue atacado con machete por llevar a la vista una cámara fotográfica. Nada que no pudiese ocurrir en Europa. “Eu son viaxeiro dende antes de internet”, dice, antes de que ciertos tipos de viaje se convirtieran en una nueva forma de colonización. Viajar, explica Foni, “debe repercutir positivamente nas comunidades. Se non, estanse beneficiando outros”. Entiende que en la actualidad hay sitios cuya pervivencia depende de “avistamentos e safaris de miles de euros”. Hay realidades que hay que aceptar, pero él, que por suerte puede, huye de la masificación del turismo que ya ha llegado a tierras gallegas.

Con la estreleira, en el Centro Galego de Buenos Aires

Con la estreleira y el busto de Castelao en el Centro Galego de Buenos Aires / FdV

“Viaxar só dá tempo para falar cun mesmo”

Viajar solo, relata, “dá tempo para falar cun mesmo”. Fue con la estreleira por una cuestión identitaria, y en muchos países sintió una “hermandad” hacia esta tierra atlántica. El idioma, además de ser valioso por muchas otras cuestiones, plantea grandes ventajas en términos de utilidad: “Falei galego en Mozambique, no Brasil, en Bos Aires e ata en Namibia”, cuenta Foni. Estuvo en el Centro Galego de Buenos Aires y allí fue testigo del declive de la institución: “Está sendo usado como hospital”. Es la tónica general de los Centros Galegos, dice, pues ocurre lo mismo en el de Montevideo y en el de La Habana, si bien en Cuba “lo están pasando muy mal, es diferente”.

Visitó la habitación donde falleció Castelao, y vivió momentos verdaderamente emotivos. Quiso dejar en Buenos Aires un recuerdo: “Leveilles exemplares da obra de meu pai, o autor Eduardo Díaz Fidalgo”. Si regresa pronto, permaneceremos a la espera de si Foni informa de la mejora de los Centros Galegos de América Latina. Mientras tanto, tocará que este viajero continúe sus diarios de ida y vuelta por otros lares.

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