De Pontevedra a Corea por amor al arte
La artista María Camba, que vivió durante muchos años en la ciudad del Lérez, es la única occidental en el City Craft Lab y está exponiendo en la Bienal de Artesanía

La polifacética María Camba con sus medusas, uno de sus tantos proyectos artísticos con papel. / FdV
Gala Dacosta Diehl
“Todavía no me lo creo”, dice María Camba desde su hotel en Cheongju (Corea del Sur). La invitaron a participar en la Bienal de Artesanía, donde obtuvo el tercer puesto en el City Craft Lab Competition. Su investigación se centra en la utilización de residuos generados en las ferias (normalmente de un único uso) para poner en valor la artesanía para crear elementos festivos.
Se tratade un trabajo puramente teórico, si bien se dedica a la artesanía y ella sola elabora todos los pedidos que le encargan particulares y empresas de toda España. La historia de Camba se remonta a algo antes de la pandemia, cuando un día lluvioso se afanó en hacer una piñata para entretener a sus sobrinos. Así, entre la alta y la baja cultura, entre la investigación y la falta total de planificación, se mueve esta artista y arquitecta que ha trabajado para marcas como Orange, Zara o Ikea.
“No sé qué haré cuando vuelva, soy totalmente incapaz de hacer planes”, dice. Lo que sí tiene claro, cuando regrese de Japón, es que vendrá a Pontevedra. Esta mujer cosmopolita que adora el trabajo teórico tanto como el manual explica durante una llamada desde Corea del Sur cómo para ella Pontevedra fue determinante en sudesarrollo personal y artístico. Leonesa pero medio gallega, pues su padre es de la Ribeira Sacra, Camba es una arquitecta que un día lo dejó todo “para estar seis meses descansando, aunque luego no fui capaz de parar de hacer cosas”, señala.
“Mi interés por la antropología viene del proyecto más bonito que hice como arquitecta, el Plano Director del Faro de Fisterra”
En la ciudad del Lérez trabajó durante casi cuatro años en el estudio del prestigioso arquitecto César Portela, tan pronto como regresó de Nueva York. También cuando abandonó la arquitectura por una decisión personal quiso mantener su casa en la Boa Vila para crear una página web donde colgar sus creaciones de piñatas en papel, elaboró casi una treintena de estas creaciones y leyó y leyó sobre el asunto. Encontró numerosos paralelismos entre la cultura española y la coreana, materializada en farolillos y abanicos en papel, así como piñatas, su tótem. Cuando llegó el momento de ponerse a vivir de las piñatas, “el primer año fue difícil porque a la gente le da pena comprar algo para luego romperlo”, pero lo cierto es que ya tenía estudiado el proyecto como para conocer su margen de beneficio y de pérdidas. Se trasladó a Madrid, si bien continúa viniendo por Pontevedra.

Camba participó en los Veranos De laVilla / FdV
Está enamorada, además, de la ría de Aldán y tiene en su mente bien grabados los Entroidos de Verín, que conoció de pequeña y le “removieron algo dentro”. Fruto de su gusto por continuar aprendiendo y absorviendo cultura popular, se apuntó a estudiar la carrera de Antropología: “Mi interés por la antropología viene del proyecto más bonito que hice como arquitecta”, señala Camba. Se trata del Plan Director del Faro de Fisterra, que realizó junto a un equipo multidisciplinar que incluía geógrafos, un poeta y arquitectos. “Cualquier aprendizaje luego se queda contigo y podrás usarlo”, explica.
Tras la pandemia, habiendo tenido mucho tiempo para continuar investigando sobre su nueva pasión, participó los Veranos de la Villa de Madrid con sus creaciones y luego fue invitada a la Academia de España en Roma para ayudar a recuperar las celebraciones como la de San Pietro in Montorio, populares de la capital italiana.
Por eso, cuando decidió presentarse al City Lab Craft Competition (como a ella le gusta, de manera bastante espontánea, dos días antes de la entrega), aunó etnografía, urbanismo, artesanía y antropología en un trabajo teórico que la convirtió en la única persona de Occidente en hacerse con este premio.
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