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Buen servicio es igual a propina

No todos los clientes la dejan, pero es más habitual en los restaurantes y repercute con una media de 60 a 70 euros de “plus” al mes por trabajador | El uso de tarjeta no les afecta

Rosa y Nazaret cuentan propinas en "Fame Nejra".

Rosa y Nazaret cuentan propinas en "Fame Nejra". / RAFA VAZQUEZ

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Pontevedra

Estados Unidos, Canadá, Reino Unido... son países en los que la propina es casi una obligación, con una media de entre un 10% o un 20% del importe pagado. Hay otros como Irlanda, Alemania, Italia o Francia en los que es simplemente recomendable, aunque las cantidades son similares. Por el contrario, en Japón, no está bien visto dar propina e incluso puede darse el caso de que sea devuelta.

En España, sin embargo, es todo un clásico, y sobre todo se asocia a un buen servicio y producto servido. Eso sí, no hay una cantidad estipulada y lo habitual es dejar las monedas sobrantes de la cuenta o, cuando se va en grupo, “rebuscar todos en los monederos para dejar una suma aceptable”, tal y como confirman en los establecimientos de hostelería de Pontevedra.

¿Cómo se comportan los pontevedreses en este sentido? En general, no hay queja, según los trabajadores del sector, que al fin y al cabo son los beneficiarios de este “detalle” de los clientes que les puede dar una alegría a fin de semana o de mes, cuando se suelen repartir.

Rosa y Nazaret cuentan propinas en “Fame Nejra”.   | // R. V.

Un cliente paga la cuenta en el bar restaurante "La Estafeta". / RAFA VAZQUEZ

Lo normal es que los jefes no se inmiscuyan en esta cuestión, ya que de toda la vida la propina es el gesto que el consumidor tiene para con quien le ha servido, bien porque tiene por costumbre dejarla, bien porque ha salido satisfecho del local. Así, el reparto lo establecen los propios trabajadores y se realiza entre camareros y el personal de cocina, menos visible en el negocio pero imprescindible para el éxito del mismo.

También hay jefes que contribuyen a engrosar ese detalle de los clientes con los profesionales de la hostelería y “redondean” al alza la cantidad acumulada en ese jugoso bote, como es el caso del dueño de “Pulpería as Campás”.

Uno de los trabajadores de este restaurante del casco histórico pontevedrés explica que dar propina es una costumbre “que se tiene o no se tiene”. “No todo el mundo la da y eso es algo que también intentan inculcar a las personas que les acompañan cuando son de fuera, por ejemplo a los extranjeros, a los que les dicen cuando llega el momento de pagar que en España no hay por qué darla”, asegura.

Eso sí, sobre la cantidad que se suele dejar indica “que nunca es tan elevada como en otros países, del 10%, sino mucho menos”.

Igualmente, toda moneda es bienvenida y al final de la semana, cuando el personal de la pulpería hace el reparto, bienvenidos son 20 euros extra en temporada baja o 50 en la alta, durante fiestas y el verano.

Un cliente paga la cuenta en el bar restaurante “La Estafeta”.   | // RAFA VÁZQUEZ

Un empleado de "Pulpería As Campás" introduce unas monedas en el bote. / RAFA VÁZQUEZ

Según la solvencia

El propietario del bar y restaurante “La Estafeta” lo tiene claro: “La gente a la que le das un buen servicio deja propina, siempre en la medida de sus posibilidades y solvencia”.

Sus trabajadores hacen el reparto del bote al mes, con una media de 60 o 70 euros cada uno. Las más elevadas, lógicamente, son las de los grupos, y especialmente en fin de semana. “Obviamente, de una persona que habitualmente consume un menú diario de comida no esperas que deje propina, no sería lo normal”, indican.

El uso de la tarjeta no influye de forma negativa en esta cuestión, “ya que la persona que está acostumbrada a dejar propina enseguida busca si tiene algo cambiado a mayores”. Es algo en lo que coinciden varios de los establecimientos consultados de Pontevedra.

Las monedas pequeñas son frecuentes en las consumiciones también pequeñas: cafés, refrescos, cañas... en las que no se come. En “Fame Nejra” los botes son de mañana o de tarde, por lo que el reparto se hace en los diferentes turnos. “Pueden ser unos 60 o 70 euros por persona al mes, depende de la época”, afirma una de las empleadas, que añade que el uso de la tarjeta no afecta: “Hay quien paga en efectivo y recoge los cinco céntimos sobrantes y quien lo hace con tarjeta y te deja un euro”.

Lo que sí está claro es que moneda a moneda, aunque sean de bajo importe, se hace el bote común, que para un trabajador de un sector tan voluble puede ser la alegría del mes.

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El tema de las reservas no presentadas en los locales de hostelería, que tanto da que hablar, se queda en algo anecdótico en la ciudad de Pontevedra. Por lo general, la clientela cumple y, si no puede hacerlo, llama para advertirlo al establecimiento. “La gente es muy formal. Los últimos casos que tuvimos fueron dos mesas de cuatro y de siete personas, que tampoco te revientan el día, aunque no te gusta que te lo hagan, claro”, afirman en “La Estafeta”. En algunos lugares como “El Pasaje”, donde reservan la primera planta entera para la celebración de cumpleaños con grupos grandes, sí piden una “señal” para no perder esas horas en caso de incumplimiento.

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