Entrevista | Antonio de Ron Pedreira Biólogo, exdelegado del CSIC en Galicia

“Nuestra herencia no es solo cultural, las semillas también lo son, son patrimonio biológico”

El científico se jubila tras más de 30 años de investigación en la Misión Biológica de Galicia sobre genética y diversidad agraria

Antonio De Ron Pedreira.

Antonio De Ron Pedreira. / RAFA VÁZQUEZ

“Estuve dos años de becario en el Centro Forestal de Lourizán, en el año 1975”, rememora Antonio María De Ron sobre sus primeros pasos como científico. En las siguientes décadas fue delegado institucional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Galicia y fundador de los grupos de Leguminosas y Biología de Agrosistemas, una carrera coronada con su reciente jubilación, si bien continúa vinculado a la Misión Biológica como ad honorem.

–¿Cuántos años han sido dedicados a la ciencia?

–Aquí en la Misión Biológica de Galicia empecé a hacer la tesis doctoral en el año 1983 y ya me quedé aquí definitivamente en 1988 y hasta ahora. Son bastantes años dedicados a la ciencia experimental, y si hablamos a otra parte de la ciencia, que es la enseñanza, pues también he sido profesor en la Universidad de Santiago, en la UNED y todavía sigo impartiendo un máster de Santiago y Vigo, es decir que le he dedicado toda mi vida.

–¿Podría elegir entre la investigación y la docencia?

–Es una pregunta que no tiene respuesta. A los niños de pequeños nos preguntaban a quién queríamos más, a papá o a mamá, y no sabíamos elegir. Pues lo mismo, no sabría qué decir: si no me gustase la enseñanza no estaría implicado en el máster que tenemos desde 2018, pero al final si tuviese que decirme, me gusta un poco más la investigación. Pero la docencia complementa, porque puedes exponer allí lo que estás haciendo en el día a día.

–¿En qué áreas específicas ha centrado sus investigaciones?

–El poco tiempo que estuve en el Centro Forestal de Lourizán trabajaba con plagas forestales. Y después, cuando vine para la Misión Biológica, donde se trabaja en diversidad de cultivos, mejora genética y las adaptaciones al ambiente, inicialmente mi tesis doctoral se centró en el estudio de la diversidad del maíz, que es uno de los cultivos más importantes de Galicia. Al acabar el director en aquel momento me propuso hacerme cargo de una línea de investigación en leguminosas y desde entonces estamos en eso. Aunque han ido cambiando un poco las tendencias desde los primeros estudios de diversidad, mejora genética, obtención de otras variedades de cultivos. Y ahora el último proyecto que tenemos tiene que ver con la mitigación del cambio climático mediante el uso de bacterias del suelo.

–Ha desarrollado usted un guisante lágrima considerado una exquisitez culinaria

–Sí, eso fue un suceso, no digo extraordinario, sino inusual (sonríe). Vinieron un productor y un propietario de un famoso restaurante a preguntarme si conocía este producto que se hacía en el País Vasco. Les respondí que no, pero en mejora genética se puede hacer todo. Y entonces nos pusimos con ello, como tenemos una colección de semillas de guisante buscamos las que más se adaptaban a ese requerimiento. Hicimos algunas pruebas de laboratorio y de campo con agricultores y restauradores. Dieron buen resultado, el proceso es muy lento y en estos momentos estoy esperando que se publique en el BOE la aprobación de una variedad a la que llamamos Bágoa. Se desarrolló enteramente en la Misión Biológica, aunque las variedades de las que partimos eran de diversos lugares de Galicia.

Estoy esperando que se publique en el BOE la aprobación de una variedad a la que llamamos Bágoa. Se desarrolló enteramente en la Misión Biológica, aunque las variedades de las que partimos eran de diversos lugares de Galicia

–¿Estamos perdiendo muchos cultivos?

–Hubo un momento más acusado, en los años setenta y ochenta. Después de la revolución verde, que es cierto que salvó del hambre a la humanidad en los años setenta y ochenta, se produjo mucho más, la agricultura produjo mucho, pero se fueron abandonando las variedades tradicionales. Como las personas y las instituciones se percataron de eso en estos momentos hay instrumentos internacionales y centros internacionales dedicados a la conservación de variedades históricas, antiguas, que son nuestro patrimonio. Porque son nuestra herencia. Nuestra herencia no es solo cultural, las semillas también lo son, solo que es un patrimonio biológico. Y en este momento creo que se ha avanzado mucho. Siempre teniendo en cuenta de que según de qué países hablamos, porque si hablamos de zonas de tipo tropical etc allí se sigue cortando mucha planta para favorecer la agricultura, los pastos, porque tienen otras necesidades que resolver. Esto no es censurable, es inevitable.

–Más allá de los enunciados sobre la importancia de la conservación de la naturaleza ¿ven los científicos sobre el terreno acciones y realidades efectivas?

–Bueno, yo he empezado recolectando semillas por ejemplo, que es una forma de conservar la naturaleza. He estado recolectando semillas en los años 80 en Galicia, Asturias, y el norte de Portugal, y después empezamos a colaborar, sobre todo en el cultivo principal que tenemos, la judía, que es de origen americano, con Argentina. Tuvimos varios proyectos de investigación e intercambios, ellos vienen aquí, yo estuve en los Andes tres veces de expedición buscando semillas que se deberían conservar, incluso silvestres. Y en la última expedición también la ampliamos a microbios del suelo, a bacterias que establecen simbiosis con las plantas y que también es necesario conservar porque ahora son precisamente uno de los puntos focales de la investigación en todo lo que tiene que ver con agricultura y medio ambiente.

–¿Por qué son tan importantes estas bacterias?

–Porque con razón cada vez se prohiben más los agroquímicos, entonces ahora el apoyo a los cultivos con sustancias, con fertilizantes, con fitosanitarios, se está haciendo desde el ámbito biológico, con microbios.

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