El Carabela, uno de los cafés más emblemáticos de la Boa Vila, reabre este miércoles reconvertido en un nuevo gastrobar. El interior ha sido completamente transformado, tanto para modificar el aspecto del local como para garantizar la accesibilidad.

Las mesas redondas ilustradas con ilustraciones de navíos, las baldosas hidráulicas o un espacio de asientos en rojo definen la nueva ambientación. Ésta apuesta también por las maderas claras, los sobres de mármol blanco en algunas de las mesas, color que también predomina en las paredes.

Al blanco también se suman pinceladas en rojo en los espacios con papel pintado. En el interiorismo también destaca un neón con el lema “Hai que roelo”, que preside la pared central.

Por lo que respecta a la carta, hasta fechas recientes los carteles en las ventanas anunciaban que “Vuelven los calamares”, en alusión a la que fue durante décadas la tapa estrella del café bar.

El empresario Aurelio Fontán, que se había enriquecido en la emigración en América, inauguró el Carabela en 1947 y unos años después se situó al frente Manuel Alvariño Otero. Él y su socio, Serafín Fragueiro Seoane, abonaban a mediados del pasado siglo un alquiler elevado para la época, de más de 1.600 pesetas mensuales, por el que hasta su cierre hace dos años era el café bar decano de la Boa Vila.

En su nueva imagen no solo no queda rastro del interior clásico, sino tampoco del mural del artista Conde Corbal que presidía la barra, actualmente en poder de la familia Alvariño, que gestionó el local durante tres generaciones.