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Incendio en A Fracha: "Pedíamos por favor que no llegara a las casas"

Varias parroquias de Ponte Caldelas y Pontevedra vivieron de cerca las llamas, con casi 400 hectáreas de terreno calcinadas

Terreno calcinado un día después del incendio en el monte de A Fracha. RAFA VAZQUEZ

La contención hasta el momento del incendio que dejó calcinadas más de 380 hectáreas en Pontecaldelas y las parroquias pontevedresas de A Canicouva y Ponte Sampaio ha supuesto un momento de calma para los vecinos tras dos días de angustia irrespirable, ante el temor de que el fuego, propulsado por el viento, pudiera llegar a sus casas.

La fuerza del incendio fue latente hasta las 08.00 horas de ayer, cuando todavía se encontraba en Situación 2, es decir, considerado de riesgo para los núcleos de población cercana, aunque su evolución era favorable.

En torno a las 10.30 horas, la situación de emergencia fue suprimida y, tres horas después, los efectivos sobre el terreno pudieron perimetrarlo, centrándose ya en afianzar las líneas de control y estabilizar el incendio. Mientras tanto, el batallón BIEM V de la UME desplazado allí para ayudar con las labores abandonó la zona en dirección al incendio que todavía se encuentra activo en Boiro (A Coruña).

El batallón de la UME abandona A Canicouva tras finalizar su labor en el monte de A Fracha. RAFA VAZQUEZ

Para los residentes de A Canicouva, el día uno después de lo más grave del incendio ha sido vivido con cierto alivio por no tener que lamentar pérdidas humanas ni ver cómo los vecinos cuyas casas estaban más cerca del monte se quedaban sin su hogar, pero no podían esconder su resignación al ver cómo el pulmón natural de la parroquia quedaba igual de herido que en 2006, cuando la oleada de fuegos arrasó también con la zona.

Para Rubén, vecino de la parroquia, ver arder A Fracha le retrotrajo a aquel verano negro.

“Cuando más se asustó la gente fue de noche, porque se ve esa imagen tan fuerte con las llamas y recordaron aquellos incendios. Es muy agobiante, muy estresante, huele a humo”, recuerda.

La espectacularidad de las imágenes también trajo consigo un ambiente inseguro, con la ceniza, el humo y los restos de eucalipto ardiendo.

“El incendio estaba a un kilómetro pero era de noche. Se veían hojas ardiendo que venían con el viento. Más que nada, no sabíamos cómo el fuego se iba a desencadenar pero al mismo tiempo veías esas chispas y decías esto planta en cualquier momento y se monta una buena”, asegura este vecino de A Canicouva.

Unas “muxicas” de eucalipto que caían sobre algunas fincas de la parroquia y que, junto con la ceniza, eran la señal inequívoca de que el fuego podía llegar en cualquier momento.

“Vaya si hubo ceniza por aquí. Barrí ceniza durante media hora. También cayeron hojas de eucalipto quemadas, que eso es peligroso, porque entran en cualquier sitio y prenden”, recuerda María, cuya casa se encuentra algo más apartada de la pista que lleva al monte de A Fracha.

“Mi hijo es policía municipal y estuvo por ahí arriba. Me dijo que más o menos nos salvamos de que viniera aquí porque lo cortamos”, afirma.

Pérdidas materiales

La estabilización del incendio, después de aproximadamente 40 horas de peligro, no llegó sin problemas para los vecinos de las parroquias afectadas, que vieron como su suministro de luz se cortaba por seguridad.

“Nos quedamos sin luz, porque pasan por ahí algunas torretas de alta tensión y no sé si por prevención cortaron el suministro. A partir de las ocho y media estuvimos casi un día sin luz. La preocupación también era por la comida, lo que teníamos en los congeladores y las neveras. Ahora ya está todo más tranquilo”, valora Rubén.

“También teníamos miedo de que afectase a la comunidad de usuarios de agua de aquí. Tenemos un depósito general y diferentes manantiales distribuidos por la zona. Temíamos a que a lo mejor alguna manguera de las que trae el agua pudiese resultar dañada, aunque van soterradas”, subraya este vecino, que recordó que en 2006 “sí que ardió alguna”.

Aunque no hubo que lamentar pérdidas humanas, los daños materiales, en el caso de A Fracha, también afectan a un monte que además de eucalipto, cuenta con plantaciones autóctonas distintivas que podrían haber sido afectadas severamente.

“El sentimiento más generalizado era pedir que, por favor, no llegara a las casas. Después, sobre todo, las plantaciones que hay, de castiñeiros y piñeiros o alguna zona que hay con carballos únicos, centenarios. No sabemos todavía si les afectó”, reconoce Rubén.

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