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La toxina condena al marisqueo de la ría: “Si no abrimos en una semana, perdemos el verano”

Los bancos marisqueros del fondo de la ría estuvieron vedados 26 días en julio y seguirán cerrados unos días más como mínimo, según los últimos análisis | Las cofradías no recuerdan una época estival tan negativa desde 2015

Mariscadora trabajando el pasado 26 de julio en Praceres, uno de los dos últimos días que se abrió la veda en la zona. | // PABLO HERNÁNDEZ

El episodio de toxinas lipofílicas que afecta a la actividad del marisqueo sigue en aumento en la ría de Pontevedra. El último análisis, enviado el lunes al Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño (Intecmar), ha vuelto a tener resultados negativos, por lo que las zonas del fondo de la ría –IV y V– seguirán cerradas al menos una semana más.

La preocupación en las cofradías es máxima, ya que están viviendo uno de los peores veranos que recuerdan en cuanto a días en veda y, por tanto, en cuanto a ventas en las lonjas. En el mes de julio, la zona IV estuvo 26 días cerrada a la extracción y la zona V, 22, además de los cuatro días que van del mes de agosto. Para ver una situación similar hay que remontarse a 2015, cuando la zona IV estuvo vedada 21 días en julio y la zona V, ocho, pero la actividad se retomó durante todo el mes de agosto. Más recientemente está la situación vivida en 2018, con los arenales del fondo de la ría cerrados 6 y 17 días –zona VI y V, respectivamente– en el mes de julio y, otros nueve días en todo el mes de agosto la zona V. Por el contrario, en 2021 no se tuvo que cerrar ningún día en los meses de verano, al igual que en 2019, 2017, 2013 y 2012, mientras que en 2020 solo se cerró la zona V 18 días en julio.

“Si no abrimos esta semana, ya nada, el verano ya está perdido”, lamenta Iago Tomé, patrón mayor de la cofradía de Raxó, que reconoce que “estamos bastante fastidiados. Los precios estaban siendo muy buenos y cerrar ahora es un problema”.

Su homónima en Lourizán, Mari Carmen Vázquez, hace un llamamiento a la “paciencia”. “No podemos hacer nada, solo podemos esperar. Estamos cerrados desde el 8 de julio; abrieron el 26, pero a los dos días volvieron a cerrar. El nivel de toxina es alto. Julio ya está perdido y ahora en agosto vamos a llegar prácticamente a la mitad del mes sin abrir. Además, el marisqueo a pie trabaja con las mareas, basta que abran para que no haya. Son muchos factores”, explicó la mariscadora que, como todos sus compañeros, coincide en que la situación viene provocada principalmente por el cambio climático.

Nunca tuvimos este calor y que se prolongara tanto en el tiempo. No hay esos nortes fuertes que necesitamos para que se retire la toxina de la ría

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“Estamos teniendo un tiempo demasiado veraniego. Nunca tuvimos este calor y que se prolongara tanto en el tiempo. Las aguas parece que hora enfriaron algo, pero siguen estando calientes. No hay esos nortes fuertes que necesitamos para que se retire la toxina de la ría”, explicó Vázquez, que reconoció que “el clima es un problema para nosotros. No solo el agua esta caliente, también las arenas, y hay más floración en el agua, por lo que hay menos corrientes y eso afecta a la almeja. Trabajamos con seres vivos y estos cambios les afectan”.

César Rodríguez, patrón mayor de la cofradía de San Telmo de Pontevedra, señala que este es uno de los peores veranos que se recuerdan. “Antes mayo, abril, junio... eran meses fuertes y en julio y agosto no solía venir la toxina, pero me imagino que el calor que está haciendo y cómo está cambiando la climatología le ha dado la vuelta a todo. Solo sé que en el último mes solo pudimos trabajar dos días”, lamenta.

Los arenales de Os Praceres (Pontevedra) y Lourido, A Seca, Combarro y Raxó (Poio) son los afectados por este cierre decretado por Intecmar. “Estamos muy fastidiados porque estas son fechas cruciales para el marisqueo. Estos días que pudimos trabajar había subido el precio. Da rabia no poder trabajar cuando había aumentado la demanda”, comenta Mari Carmen Vázquez, que reconoce que “toxina hay todos los años. Este nos salvó que en Semana Santa no hubo y pudimos trabajar, pero nos toca ahora en pleno verano”.

Los precios estaban siendo muy buenos y cerrar ahora es un problema

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La patrona mayor de Lourizán explica también que, debido a las condiciones meteorológicas actuales, “el agua tiene muchos nutrientes” y también señala que “la ría de Pontevedra es muy estrecha”, dos factores que favorecen esta expansión de toxinas lipofílicas, además del inusual calor, “Galicia ahora es una zona en la que hay unas temperaturas que no soportamos; no estamos acostumbrados”.

En este sentido también se expresó Iago Tomé, que se muestra bastante pesimista con el futuro al señalar que “se dan unas condiciones para que esta situación se mantenga”. El patrón mayor de Raxó fue a faenar al municipio coruñés de A Pobra do Caramiñal y relata que “el agua estaba a 17 grados, pero es que hace unos días estaba a 21 o 22, y eso no es normal. Además, el agua está muy turbia. El cambio climático se está notando”.

A pesar de todo, saca la única lectura positiva posible de la situación: “Cerrar le viene bien a la almeja para crecer en condiciones, es lo único bueno de todo esto”.

“Hay que tener paciencia, pero llega un momento en el que ya no eres paciente, porque somos autónomos y dependemos de poder salir a trabajar”, lamenta Vázquez.

Pérdidas de hasta un 44% en la lonja de Campelo

Las consecuencias del cierre de los bancos marisqueros del fondo de la ría de Pontevedra por la presencia de toxinas lipofílicas ya se están notando en las lonjas. Concretamente en la de Campelo, las pérdidas económicas con respecto a los meses de julio y agosto de 2021 alcanzan el 44%, o lo que es lo mismo, se han ingresado 627.871 euros menos que el año pasado.

En cuanto a kilos vendidos, la caída ha sido de 28.730, un 30% menos que en 2021. En lo que va de año, la lonja de Campelo ha distribuido 67.096 kilos de almeja y berberecho, lo que ha supuesto unos ingresos de 801.744 euros. Excluyendo los datos de 2020 por el confinamiento –se vendieron 48.490 kilos por 559.338 euros–, para ver unas cifras peores que las que se están dando en 2022 hay que remontarse a 2016, cuando en todo el año se vendieron 58.722 kilos por 503.861 euros.

Los números son preocupantes si se comparan, por ejemplo, con los de 2021, cuando se vendieron 95.826 kilos por 1.429.614 euros, o con los de 2019, que se cerró con 111.031 kilos vendidos por 1.151.178 euros.

“Puede que tengamos que volver a trabajar como se hacía antiguamente, que se faenaba seis meses, de octubre a marzo, y en verano se paraba”, comenta Iago Tomé con respecto a la situación actual. El patrón mayor de Raxó teme que tras el verano “nos vamos a llevar un golpe de realidad cuando se vaya el turismo, la gente no ve venir lo que puede llegar a nivel económico. Las Navidades fueron pésimas, el resto del año también y ahora esto es la gota que ha colmado el vaso”.

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