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Tambo, la joya escondida de la ría de Pontevedra

Esta isla continúa siendo una gran desconocida debido a su militarización durante los últimos 70 años, pero es uno de los enclaves con mayor valor histórico de las Rías Baixas

Vista aérea de la Illa de Tambo, en la ría de Pontevedra. RAFA VAZQUEZ

Desde la presencia de los monjes benedictinos en el siglo XVI, que labraban sus tierras, al saqueo de Francis Drake y a su posterior reconversión como lazareto, hasta que finalmente fue militarizada en 1943 por el ejército. Situada en el medio de la ría de Pontevedra, a caballo entre Combarro y Marín, la Illa de Tambo cuenta con un pasado de leyendas e historia que no muchos tienen el privilegio de conocer.

Y seguramente es el hecho de que continúa siendo el enclave natural más desconocido de la ría, debido a su titularidad militar durante los últimos 70 años, uno de los motivos por los que ha bastado tan solo media hora para que se cubrieran todas las plazas de la nueva edición del programa “Bosques Terapéuticos” de la Diputación de Pontevedra, en concreto, para la ruta guiada que se llevará a cabo por la Illa de Tambo el próximo 18 de junio.

Hasta este año, las personas que quisieran acercarse a la isla y a la historia que guarda en sus 23 hectáreas de superficie, tan solo podían hacerlo a través de las visitas guiadas que cada verano organizaba el colectivo Irmandade Illa de Tambo, en el marco de la celebración de la Semana do Mar de Combarro. Sin embargo, a raíz de la concesión demanial por parte del Ministerio de Defensa a favor del Concello de Poio por un período inicial de 25 años, que podría ser prorrogable a 75, la isla por fin se ha podido abrir a la población general, una demanda histórica por parte de la población de la zona.

Un reducto de historia

La de Tambo es una de las islas con mayor historia y mayor valor ambiental de las Rías Baixas, y es que por ella han pasado habitantes de todas las épocas. Así, en ella se conservan restos arqueológicos de un castro y otros vinculados a la Edad de Hierro y a la de Bronce.

En el siglo XII, en torno al año 1116, Tambo formaba parte del patrimonio de la reina Doña Urraca, quien posteriormente acabó donándola a la orden benedictina del Monasterio de San Xoán de Poio. Fue San Fructuoso, el fundador del monasterio, el que la transformó esta pequeña isla pontevedresa en el siglo XVI convirtiendo la capilla en la de San Miguel, vinculada durante años al convento benedictino.

El faro de la Illa de Tambo. SANTOS ALVAREZ

Los vecinos de Combarro se desplazaban en dorna hasta Tambo, trabajaban sus tierras y disfrutaban de las romerías religiosas. La isla tampoco se libró de los saqueos de los corsarios y fue en 1589 el templo, que según el Padre Sarmiento estaba destinado a Santa María de Gracia, fue arrasado por el temible pirata inglés Francis Drake, que arrojó la imagen de la santa al mar. Fueron precisamente los vecinos de Combarro los que rescataron la talla y la depositaron en la capilla que ahora se conoce como la Virxe da Renda en O Xuviño.

Ya en 1846 y con la desamortización de Mendizábal la isla fue arrebatada a los monjes de Poio y años después adquirida por el entonces ministro de Justicia, Montero Ríos; el pontevedrés Valentín García Escudero y el vecino de Combarro Francisco Arosa. Entre el espeso eucaliptal se ocultan las paredes de un antiguo lazareto levantado en el siglo XIX. Desde 1865 hasta 1879, se instaló en ella un hospital para poner en cuarentena a los marineros que llegaban al puerto de Marín después de largas travesías en las que contraían enfermedades, pero las protestas de los ciudadanos de Pontevedra motivaron el traslado del lazareto a la Illa de San Simón, y en 1889 la edificación se convirtió en penitenciaría militar.

Entrada al antiguo búnker empleado como arsenal de munición. GUSTAVO SANTOS

Años más tarde, con la fundación de la Escuela Naval, la isla fue militarizada en 1943 y se convirtió en un enclave estratégico, siendo empleado como arsenal. A mediados de los años 50, incluso llegó a barajarse la posibilidad de construir una pista de aterrizaje para aviones militares, algo que nunca llegó a hacerse realidad.

Defensa mantenía un polvorín, un puesto de mando y un retén permanente de ocho hombres que vigilaban la isla y evitaban que nadie pudiera acercarse. Pruebas de esta ocupación son el merendero que todavía se conserva y que era usado por los militares y sus familias, los numerosos carteles de "Prohibido el paso. Zona militar", las garitas de vigilancia, una fuente, un polvorín ahora vacío, y edificaciones como un puesto de mando y perreras donde se guardaban a los perros que soltaban de noche para vigilar Tambo.

Con el paso del tiempo, la isla fue repoblada con eucaliptos y en 1991 sufrió un incendio, por lo que años más tarde fue sometida a una tala. Posteriormente, administraciones públicas, vecinos y entidades interesadas por el destino de la isla iniciaron un debate sobre su titularidad y sus usos con el objetivo de lograr su reapertura a la población general.

El pasado mes de marzo, el enclave natural pasó a manos del Concello de Poio tras años de reivindicaciones y el objetivo del gobierno local poiense es que en un plazo de cinco a seis años la titularidad llegue a ser definitiva. En este período, el Concello tiene previsto realizar un plan de usos, con una recuperación patrimonial y natural. Asimismo, el Concello se compromete a la protección y conservación de los bienes culturales, arqueológicos y ambientales de la isla. Deberá permitir las actividades lúdico-turísticas, de visita e investigación necesarias en el territorio, así como su vigilancia por razones de seguridad.

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