La Moda, La Moda Ideal o de Arriba y La Moda Dabaixo

Salvador García Bobillo abrió el primer local en 1896 y sumó el segundo el 1911, que luego pasaron a Luís y Dalmiro González García y después a sus sucesores

Pirmer anuncio de La Moda Ideal, con una referencia a su antiguo nombre de La Moda, publicado a finales de 1921.

Pirmer anuncio de La Moda Ideal, con una referencia a su antiguo nombre de La Moda, publicado a finales de 1921. / por RAFAEL LÓPEZ TORRE

por RAFAEL LÓPEZ TORRE

Las historias singulares que atesoran los comercios más antiguos de Pontevedra han hecho correr ríos de tinta, pero amanuenses y copistas no siempre han acertado con sus relatos, sin duda llenos de buena voluntad, pero faltos de fundamento histórico y rigor documental. Cuando estos relatos se basan exclusivamente en la memoria de los protagonistas o sus descendientes, adolecen con bastante frecuencia de muchos deslices.

La Moda Ideal es uno de esos establecimientos legendarios, cuyos orígenes nunca han estado bien contados; sobre todo, la etapa inicial que trascurrió desde su apertura con el nombre de La Moda, hasta su transformación en La Moda Ideal. Mucho tiempo después se produjo el desgajamiento entre La Moda de Arriba y su prima hermana La Moda Dabaixo.

Abierta en 1896 como mercería y tienda de tejidos por Salvador García Bobillo, fue La Moda a secas durante sus primeros veinticinco años y ocupó el local colindante con Ultramarinos Beledo bajo los Soportales.

Hipólito de Sa precisó la alineación comercial de aquellos Soportales a principios del siglo XX, desde la antigua puerta de Trabancas: el ultramarinos de Leoncio Pérez (dueño de chocolates la Peregrina); el taller de confección y reparación de calzado del señor Mouriño; la sucursal de la sombrerería Álvarez, cuartel general de la furibunda hinchada del Alfonso XIII CF; el café Méndez Núñez o café de Martín; la joyería de Ramón Ruibal y Ultramarinos Beledo. A continuación, estaba La Moda.

Abierta en 1896 como mercería y tienda de tejidos por Salvador García Bobillo, fue La Moda a secas durante sus primeros veinticinco años

Bobillo enseguida se convirtió al frente de La Moda en un comerciante muy reconocido, como refrenda su participación en la comida fundacional de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación. Su nombre como referente de la mercería y tienda de tejidos figuró desde 1901 en el directorio para Galicia del Anuario Riera, nomenclátor por excelencia del ámbito comercial en España.

Probablemente Bobillo fue el primer comerciante de esta ciudad que viajó a Barcelona y París, con la única finalidad de comprar las últimas novedades. Aquel desplazamiento se produjo en septiembre de 1908 y resultó muy comentado por la prensa local. Ningún otro competidor directo, de Maximino Agra a José Quiroga, pasando por Celestino Reguera, Salvador Cordal o Mariano Lozano, tuvo semejante atrevimiento.

Un momento clave en la primera etapa de La Moda acaeció en febrero de 1910, cuando Bobillo anunció un acuerdo comercial con Ladislao Romero. Este había demostrado su gran valía como dependiente cualificado en La Villa de París, una competidora directa instalada por Rafael Izquierdo en la plaza de San Román. Así nació Bobillo y Romero, sociedad regular colectiva.

Ambos no iban de farol cuando anunciaron su proyecto de potenciar La Moda. En cuanto Anselmo Martín trasladó su café Méndez Núñez desde los Soportales a la plaza de la Peregrina, esquina con la Oliva, Bobillo y Romero se hicieron con aquel local y pasaron a contar con dos establecimientos separados por muy pocos metros.

La Moda Ideal vivió entonces su mejor período, en buena medida gracias a las compras de géneros que Bobillo siguió realizando cada temporada en Madrid, Barcelona y París

“Por lo selecto de sus clases, lo nuevo de sus estilos y lo económico de sus precios, no debe el público comprar nada sin visitar antes esta casa”. Así anunció La Moda su siguiente liquidación en los dos comercios, que luego no dejó de repetirse en aquella década de enorme dinamismo social.

Diez años duró la sociedad formada por Romero y Bobillo, hasta su disolución a principios de 1921. No hubo reparto de establecimientos. Bobillo se quedó con ambos locales, y a su lado comenzó a adquirir protagonismo Luís González García, quien había empezado allí como aprendiz. Entonces nació La Moda Ideal, que mantuvo su referencia publicitaria de “antes La Moda” hasta que popularizó su nueva denominación

La Moda Ideal vivió entonces su mejor período, en buena medida gracias a las compras de géneros que Bobillo siguió realizando cada temporada en Madrid, Barcelona y París. Ascendido a la categoría de gerente desde 1923, González relevó a Bobillo en la tarea de establecer buenos lazos con las casas comerciales más importantes. Aquel año, La Moda Ideal incorporó “gabinetes especiales” de perfumería, bisutería y objetos de regalo.

Dentro de un sector textil bien nutrido, unos comercios ponían el acento en la pañería y en la sastrería; otros se volcaban con la mercería y paquetería; otros en la ropa blanca, y muchos se autobautizaban como “establecimiento de tejidos y novedades”, que vendían de todo un poco.

Al finalizar cada temporada de verano e invierno, La Moda Ideal efectuaba tradicionalmente dos grandes liquidaciones entre octubre y noviembre, y febrero y marzo, respectivamente, que eran esperadas como agua de mayo, tanto por su variedad, como por su cantidad y también por su precio.

El relevo definitivo en La Moda Ideal se formalizó en 1930 por la muerte de Salvador García Bobillo, que no tuvo descendencia en su matrimonio con Eudosia Fernández Cabanillas

Para muestra, un botón de aquellos saldos que anunciaban nada menos que 100.000 metros de retales de lana y seda de doble ancho, a 1,90 pesetas el metro, así como paños y tejidos de todas clases, mantas, colchas y alfombras.

El relevo definitivo en La Moda Ideal se formalizó en 1930 por la muerte de Salvador García Bobillo, que no tuvo descendencia en su matrimonio con Eudosia Fernández Cabanillas. Por ese motivo, Luís González García se quedó con el negocio, al que enseguida se sumó su hermano Delmiro. Juntos trabajaron en buena armonía las tres décadas siguientes; el primero en el comercio de arriba y en el local de abajo el segundo. Precisamente ese reparto marcó la línea sucesoria que llegó hasta nuestros días, una vez materializada su separación.

Criada junto a su tío-abuelo Luís, se encariñó Mayte Ramírez Baltuille con un establecimiento que enamoraba a simple vista por su magnífica decoración interior. La ilusión que puso su mentor para que continuara al frente de La Moda Ideal hizo el resto. Ella no pudo negarse y en 1984 se echó encima aquel difícil reto. Luego afrontó el terrible incendio del histórico comercio en 2016, que forzó su traslado actual a la calle Manuel Quiroga.

Por su parte, Carlos González Díaz llegó a compartir La Moda Dabaixo con su abuelo Dalmiro en la caja registradora, cuando ya sumaba 94 años. A su vez, él ayuda ahora a su hija Rosa para preservar el legado familiar.

El devenir de La Moda Ideal y La Moda Dabaixo en este tiempo nuevo todavía no está escrito.

El veneno de la política

Salvador García Bobillo demostró siempre un buen olfato comercial, que resultó compatible con un cierto instinto político. Curiosamente, en 1917 Bobillo participó en la fundación local de la Liga Antigermanófila, presidida por Francisco Calvo Montealegre, catedrático de Matemáticas del Instituto. Bobillo ocupó el cargo de vicesecretario en una directiva integrada por figuras tan destacadas como Celestino Poza, José Palmés o Isidoro Millán. A la política municipal se acercó en 1919 con su designación por sorteo como miembro de la Junta Municipal. Esa representación inicial de Bobillo en el Concello de Pontevedra se acentuó tras la implantación de la Dictadura de Primo de Rivera, aunque durante un período bastante corto. Salvador García Bobillo resultó elegido para formar parte de la nueva corporación municipal en 1924, con Bernardo Aboal al frente. Bobillo ostentó el cargo de primer teniente de alcalde por votación directa de todos sus integrantes. Esa corporación fue disuelta solo tres meses después. Sin embargo, Bobillo siguió en el Concello como edil, aunque sin ninguna responsabilidad especial.

La falda pantalón

Para estrenar su segundo comercio, ubicado más arriba que el primero en los mismos Soportales, La Moda preparó una exclusiva sorprendente: la presentación en Pontevedra de la falda pantalón, que acababa de nacer en la capital francesa, centro por excelencia de las prendas más elegantes y vanguardistas. La Moda estuvo a la última, nunca mejor dicho. A primera hora de la mañana del 7 de mayo de 1911, un maniquí ubicado en el centro del escaparate lució “la última creación en el arte del vestir”. Directamente llegada desde París, aquella prenda revolucionaria solo se exhibió un día en horario comercial, pero no estuvo a la venta. La mañana siguiente se trasladó a otras ciudades con el mismo carácter promocional. La prensa local reflejó el “desfile de mirones” que pasaron por La Moda durante toda la jornada; sin embargo, no recogió ningún comentario ni parecer sobre el impacto causado. En cambio, la prensa nacional contó el revuelo organizado aquellos días en Madrid por dos mujeres con falda pantalón. No solo recibieron reproches, sino también insultos por semejante atrevimiento.

Escuelas de dependientes

La Moda, La Moda Ideal y La Moda Dabaixo, resultaron unas buenas escuelas de formación de dependientes que, en muchos casos, terminaron por montar sus propios establecimientos en el mismo sector textil. Manuel Peláez, Pascual Alcalde y Fernando Lamas, tres nombres legendarios del comercio pontevedrés, empezaron allí como aprendices y luego establecieron sus negocios. El primero, en los mismos Soportales; el segundo abrió La Oriental al comienzo de la calle de la Oliva; y el tercero fundó Tejidos Crego, que más tarde acabó en manos de Carlos, el hijo pequeño de Peláez. En cuanto a los dependientes más modernos, sobresalió Pablo Carro Sobral, que mostró una fidelidad asombrosa a La Moda Ideal y compartió mostrador con Luís González y su sobrina nieta Mayte Ramírez Baltuille. Él trabajó allí durante medio siglo y representa hoy la memoria viva de este establecimiento. A la zaga le anduvo José Luís Filgueira Vega, que empezó a trabajar en La Moda Dabaixo en 1955 -dos años antes que Carro- y se jubiló después de cumplir otros cincuenta años tras el mostrador.

Suscríbete para seguir leyendo