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Faro de Vigo

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Lágrimas de alivio y felicidad en Monte Porreiro, Portonovo y Barro

Dos mujeres lloran de emoción minutos antes de reencontrarse con sus familiares. | // IÑAKI ABELLA

Una mujer de unos treinta años se abraza con fuerza sobrehumana a un niño de unos diez. Ella solloza en silencio. Es su sobrino y hacía prácticamente un mes que no lo veía, desde que la guerra llamó a sus puertas y se vieron obligados a separarse al huir de Ucrania.

No fue el único reencuentro familiar propiciado por el segundo autobús solidario fletado por la asociación Galucrania, y que aparcó en la zona TIR de Vilagarcía minutos antes de la una de la tarde de ayer, después de un viaje de cinco días y casi 7.000 kilómetros. Luda, la mujer ucraniana afincada en Raxó que lleva desde el inicio de la crisis ayudando a Galucrania a gestionar la llegada de compatriotas, ha podido reunirse al fin con su madre y con una hermana.

En esta ocasión, la asociación se esforzó en traer a Galicia a familiares directos de los refugiados que llegaron en la primera expedición, hace dos semanas. Ainhoa Fervenza, portavoz de este colectivo con ramificaciones por todo el norte de España y nacido de la noche a la mañana hace un mes, explica que se han esforzado por reagrupar a los pequeños núcleos domésticos con sus parientes próximos en los mismos municipios.

La asociación se esforzó en traer a Galicia a familiares directos de los refugiados

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El autobús fue recibido por las familias de acogida, que les recibieron con unos carteles en los que tenían escritos los nombres de sus huéspedes. Los primeros minutos del reencuentro depararon momentos de gran emotividad, pero los anfitriones enseguida cargaron en los maleteros de sus coches las escasas bolsas y maletas que portaban los ucranianos, y salieron rumbo a sus casas.

En Vilagarcía se han quedado tres personas: una madre y su hijo de nueve años; y una chica de 19 años, Anastasiia Dymitrenko, cuya llegada a España ha sido tramitada por el Vilagarcía Tenis de Mesa. Dymitrenko es campeona de ucrania sub-20 e internacional absoluta con su país. Provisionalmente, se alojará en un hotel de Vilagarcía que ha cedido dos habitaciones gratis para los refugiados, y entrenará con el Vilagarcía. También podrá competir en partidos oficiales, pero lo hará defendiendo el escudo de otro club.

“Estoy contenta y feliz de encontrarme a salvo”, manifestó la deportista, que estaba viviendo en Kiev. “Ahora mismo la situación allí está un poco más tranquila gracias al ejército ucraniano”, añadió.

Dos niñas sostienen unos peluches que les dieron en el viaje. INAKI ABELLA DIEGUEZ

Tres familias emparentadas entre sí se van para Monte Porreiro. Son siete personas, entre las cuales hay un bebé de cinco meses. Inicialmente iban a alojarse en una casa ofrecida por un vecino de la zona, pero hubo que buscarles un alojamiento alternativo a toda prisa tras comprobarse que la vivienda ni siquiera tenía colchones. Otras tres familias viajaron en un todoterreno de Protección Civil y un taxi de nueve plazas fletados por el ayuntamiento ourensano de Manzaneda, cuyo alcalde, Amable Fernández Basalo, se está comportando en esta crisis como un verdadero ángel de la guardia para los desplazados, según afirma Ainhoa Fervenza. En estos momentos son 17 los ucranianos que han encontrado cobijo en Manzaneda.

Una familia de Barro ha acogido a una mujer de 69 años, a su hija de 38, “y a un perro pekinés”, puntualiza la portavoz de Galucrania con el buen humor y la tranquilidad de quien ve que todo ha salido bien tras muchas horas de tensión colgada del teléfono. Otras familias se fueron para Cambre y Sada, en la provincia de A Coruña; una más se quedó en Ribadesella (Asturias).

Aparte de este viaje, Galucrania colaboró con el Pegasus Rescue Team de Ribeira con el realojo de doce personas. Cinco de ellos se van a Sanxenxo, “a un piso de Portonovo que una familia ha decidido dejar de alquilar”; otras dos mujeres con hijos fueron para Laracha; y tres personas se quedan en Forcarei, en un piso cuyo alquiler paga de su bolsillo una familia. “Estos gestos me ponen la piel de gallina”.

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