Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La familia Touriño, cinco generaciones de boticarios

El matrimonio formado por Ana y Enrique, con su hija Ana, en la fachada del histórico establecimiento. G. Santos

En Marín existen pocos comercios, por no decir ninguno, que hayan resistido tanto el paso del tiempo como la Farmacia Touriño, un establecimiento de la calle Real que, desde 1870, surte a los marinenses de productos farmacéuticos y artículos ortopédicos.

Fachada en madera, anterior a la actual

Fachada en madera, anterior a la actual FdV

Esta receta para el éxito que supone perdurar tanto tiempo con el cartel de abierto no se concibe sin entender los inicios, cuando, a finales del siglo XIX, Benito Touriño decidió abrir una botica que, cinco generaciones más tarde, sigue asesorando y despachando medicamentos a los vecinos de Marín.

Enrique Touriño, padre del actual responsable, en una foto de hace unas décadas FdV

“Mi tatarabuelo Benito la fundó y siguió mi bisabuelo. Luego estuvo un tío bisabuelo mío y después ya saltó a mi padre”, comenta Enrique Touriño, que lleva varias décadas regentando un negocio familiar con varios empleados cuya tradición no tiene visos de parar pronto. “Mi hija Ana, que también es farmacéutica, será la siguiente”, reconoce.

Ana Touriño, en primer término, tomará el relevo G. Santos

Casi un siglo y medio no es la vida habitual de cualquier negocio y, como tal, observar los cambios tecnológicos y operativos que se producen en la sociedad no deja de ser un ejercicio sorprendente para el farmacéutico marinense, que reconoce que ha sido un largo camino hasta la informatización que vivimos actualmente en nuestras vidas.

“Ahora todo se hace a través de los ordenadores, los pedidos nos llegan aquí a la puerta”, dice Touriño, mientras rememora cómo llegaban antes algunos productos a su farmacia.

“Me acuerdo de que los empleados esperaban a la llegada del trolebús a las 6 y cinco minutos antes salían a recoger un paquete con las medicinas”, cuenta el farmacéutico, con estupor ante un proceso que ahora, con los servicios de mensajería que hay, sería inconcebible.

"Si el paquete era de un almacén de Santiago al que también hacíamos pedido, venía en el Castromil, y un conocido lo recogía en Pontevedra y lo metía en el trolebús con destino a Marín”

decoration

“Entonces, el conductor abría la parte de atrás y los empleados se subían y recogían los productos que venían en una caja de cartón. Y si el paquete era de un almacén de Santiago al que también hacíamos pedido, venía en el Castromil, y un conocido lo recogía en Pontevedra y lo metía en el trolebús con destino a Marín".

Con historias como esta no es descabellado considerar que, en los últimos tiempos, hasta el negocio más tradicional ha sufrido cambios drásticos en las necesidades de los consumidores pero también en la forma de trabajar, siempre con el servicio al cliente en mente.

En esa línea coincide Enrique, que, acerca de aspectos como la logística o la informática, recalca positivamente que el negocio “no tiene nada que ver, con muchísima más evolución en los últimos 20 o 25 años que en los 50 anteriores”.

Sin embargo, no todos los momentos son fáciles de llevar en sectores como el farmacéutico, tan vulnerable en ocasiones y permeable a crisis sanitarias como la pandemia del coronavirus en la que vivimos actualmente, una situación que roza ya los dos años de vida en la sociedad actual.

“Nosotros hemos trabajado muchísimo en estos dos años. No hemos llegado al punto de sentirnos abrumados, pero sí que veíamos mucha gente que venía porque no tenía adónde ir”, admite el farmacéutico marinense, al recordar la confusión que había entre la gente durante los primeros momentos del virus.

“Muchísimas veces fuimos nosotros los que intentamos tranquilizar a la gente que venía, porque no tenían acceso a un médico y nosotros pudimos darles algo de confianza en esos momentos”, señala.

“Yo prefería que la gente tuviera acceso a esos productos. No me voy a hacer millonario por vender ahora 50 mascarillas”, afirma Touriño

decoration

Lejos queda ya aquel marzo de 2020 en el que la incertidumbre en cuanto a la exposición del virus y su contagiosidad eran una incógnita para la población. Muchos se aprovecharon de la situación, haciendo acopio de suministros y subiendo los precios de elementos ahora básicos, como las mascarillas.

Sin embargo, la vocación de servicio público con la que se fundó la farmacia sigue latente en este rincón de la Calle Real. “Yo prefería que la gente tuviera acceso a esos productos. No me voy a hacer millonario por vender ahora 50 mascarillas”, afirma Touriño.

“Mi hija Ana seguirá la tradición”

En la Farmacia Touriño, que opera en el centro de Marín desde 1870, se enorgullecen de ser un comercio tan familiar que alcanza ya su quinta generación, con Ana formando parte tras las mostradores como farmacéutica de un equipo que dirige su padre Enrique.

El fundador fue Benito Touriño, tatarabuelo del actual dueño, que abrió la que actualmente es la farmacia más antigua de Marín y una de las que más solera tiene en el ámbito de la provincia de Pontevedra. “Siguió mi bisabuelo con el negocio, después un tío bisabuelo y ya saltó a mi padre. Todos se llamaban igual, como yo”, reconoce Enrique Touriño, que lleva ya más de 31 años de trayectoria como farmacéutico aconsejando y proporcionando medicamentos y productos ortopédicos en su establecimiento. En sus más de tres décadas al frente de la farmacia, Touriño no deja de sorprenderse ante los cambios y evoluciones que ha vivido el negocio desde sus inicios, especialmente, “en los últimos 20 o 25 años”. Aún con todo, la quinta generación de esta familia de farmacéuticos sigue al pie del cañón.

Compartir el artículo

stats