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Adiós al último videoclub

El histórico local de Félix Yáñez cierra y no por falta de clientes, sino por jubilación

Félix Yáñez, entre las estanterías de películas que vende a precio de saldo ante su próxima jubilación. | // RAFA VÁZQUEZ

“Tú no eres de Pontevedra si no tienes un recargo en el videoclub San José”, escribió alguien en un muro de Facebook dedicado a este tema. La frase resume bien lo que ha sido este establecimiento para la ciudad, que cierra sus puertas el próximo 31 de diciembre, tras 35 años de historia.

En 1986, su propietario, Félix Yáñez, “no tenía ni idea de lo que era un videoclub”, admite. Un amigo le propuso asociarse para montar un negocio entonces innovador. El videoclub San José, en la avenida de Augusto García Sánchez de Pontevedra es uno de los últimos del país. No cierra porque el negocio ya no dé, ni mucho menos. Es simplemente porque Félix ha cumplido los 65 y su familia le “obliga” a jubilarse y a dejar de luchar cada día con las distribuidoras, los alquileres y los clientes que no devuelven la película (cada vez menos, admite Félix).

El videoclub San José debe su nombre a que inicialmente estuvo en esta calle de Pontevedra. Era un local de unos 30 metros cuadrados. En su fundación, Félix Yáñez y su socio vieron que “era el futuro” y efectivamente lo fue. A los pocos meses aquel bajo ya se hacía pequeño para atender a todos los clientes, que comenzaban a hacer cola en la calle para entrar. Y el negocio siguió siendo “el futuro” durante muchos años. Pasando del sistema Beta al VHS, al DVD, al LaserDisc “que fue visto y no visto, no duró nada” –recuerda Félix–, y el Blu-ray “que aunque fue el mejor sistema de todos tampoco se impuso”.

Ahora que es el último de Pontevedra y uno de los pocos que quedan en Galicia –también en España– el negocio todavía tendría recorrido, porque clientes no le faltan. Cierra, explica, porque “necesito dedicarme más a mi mujer y a mis hijas”, ya que en estos 35 años se ha volcado en el trabajo. “Esto abría festivos, domingos…, requiere mucha dedicación y llega el momento de parar, no se puede entregar toda la vida al trabajo”, explica este veterano. Sus hijas “afortunadamente ya tiene sus carreras y esto no lo quería para ellas”.

En estos 35 años han pasado muchas cosas en el videoclub San José, “las más graciosas son las relacionadas con el cine X”, apunta Félix, que no quiere desvelar ninguna para que sus clientes no se sientan aludidos.

En alguna ocasión ha entrado en el local una familia de turistas, para explicar a los pequeños: “Mirad niños, esto es un videoclub”

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Algunos de estos clientes son realmente “de toda la vida”. En alguna ocasión, recientemente, han entrado a su negocio un antiguo cliente, con sus hijos, sus nietas y alguna bisnieta en el cochecito, que será la única de la saga que probablemente no llegue a recordar un videoclub en funcionamiento. También en alguna ocasión ha entrado en el local una familia de turistas, para explicar a los pequeños: “Mirad niños, esto es un videoclub”.

En 35 años Félix Yáñez acumula muchas anécdotas y no todas divertidas. Los compradores más morosos y los que tienen por costumbre olvidarse de devolver la película lo han puesto en situaciones muy difíciles. “Llegué a llevar conmigo a mi hija para que no se pongan tan agresivos”, recuerda. En alguna ocasión le llegaron a echar a los perros.

¿Y han sido muchas películas las no devueltas? En 2018 Félix decidió hacer un recuento de estas. Sumó más de 108.000 euros en películas sin devolver. En todos estos años la media de “cintas” que se “pierden” en los domicilios de la clientela fue de 15 a 20 cada mes. “Si yo cobrara todo lo que no me devolvieron ahora tendría una jubilación de oro”, dice Félix. En todo caso, “la verdad es que el videoclub generaba mucho negocio; aquí llegamos a trabajar 5 personas”, apunta. “¿Podría seguir abierto? Pues sí, pero ya no me lo pienso más, mi mujer y mis hijas me han dicho que me jubile y tienen razón. Hasta aquí hemos llegado”, sentencia Félix.

La mayor satisfacción de estos años dedicados al videoclub la constituye los clientes de toda la vida. “Eso para mí es un orgullo, porque tengo clientes que llevan 35 años viniendo y es una satisfacción muy grande, les estoy muy agradecido, a Pontevedra en general y a mis clientes de toda la vida, que fueron los mejores del mundo”.

Félix Yáñex tiene claro que las plataformas de televisión han llegado para quedarse y para copar casi todo el mercado, pero aún así cree que un videoclub sigue teniendo su espacio en una ciudad. De modo que si alguien quiere tomarle el relevo y abrir un videoclub, Félix le asegura que seguirá ganando dinero. “Eso sí, es una vida dedicada al trabajo, porque cuando los demás tienen un día libre tú tienes que seguir dándoles servicio”, explica. También es el único negocio que en 35 años no ha subido un céntimo sus precios. Si cuando abrió las películas se alquilaban por 450 pesetas, ahora el coste es prácticamente el mismo, poco menos de 3 euros.

Entre los años 80 y 90 llegó a haber más de 14.000 videoclubes en toda España y daban empleo a más de 90.000 personas. Hoy, quedarán en España “como mucho 200 videoclubes, no creo que haya más”, dice Félix.  

El videoclub San José está liquidando sus existencias, con las películas a 1 o 2 euros. Cuando comenzó la liquidación, hace veinte días, tenía en stock 14.980 películas. A día de hoy ha vendido más de la mitad.

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