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Faro de Vigo

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“Estamos tristes, pero queda en buenas manos”

Las Clarisas agradecen que el convento pueda ser rehabilitado y piden que perdure su recuerdo de fraternidad, pobreza y alegría

El alcalde saluda a las Clarisas en la firma. A la derecha: la abadesa, Victoriana Jorde. | // GUSTAVO SANTOS

“Desde el hondo pesar que nos asiste a las Hermanas de la Orden de Santa Clara y lamentando de corazón no poder mantener abierto el convento, se ha decidido acordar la venta al Concello de Pontevedra, al que agradecemos que pueda hacerse cargo del mismo y ponerlo a disposición de todos los pontevedreses, evitando así que su falta de uso y destino acabe perjudicando a sus viejos muros, y esperando que el carisma de nuestra fundadora Santa Clara de vivir en fraternidad el espíritu de pobreza y alegría, del que han venido dando testimonio nuestras Hermanas de Pontevedra a lo largo de estos siglos, se mantenga por siempre en el recuerdo de los pontevedreses”.

Victoriana Jorde Herrero, la última abadesa de Santa Clara, se despide así en la comunicación de las Clarisas sobre la venta de Santa Clara, un monasterio que perdió su estatus de autonomía en 2015 y, ante la imposibilidad de recuperar su ocupación, fue suprimido en mayo de 2018.

Se pone así fin con la autorización del Vaticano a una andadura que arrancó en el siglo XIII. La venta (una operación de 3,2 millones de euros, al margen de los bienes muebles en depósito) busca que el cenobio “pueda ser rehabilitado y puesto al servicio de la muy amada ciudad de Pontevedra, y a fin de devolver a la misma el cariño y dedicación que siempre han tenido los pontevedreses a las Hermanas Clarisas”, recuerda la abadesa.

Las monjas retiraron sus últimos bienes hace escasos días. También se llevaron fruta de la huerta oculta durante siglos a las miradas de los vecinos. Al despedirse, la abadesa recuerda que fueron las donaciones de la aristócrata pontevedresa Mayor Pérez las que pusieron en marcha un convento cuya historia “y la de sus moradoras se halla indisolublemente vinculada a la ciudad de Pontevedra, de la que en varias ocasiones tuvieron que irse, regresando en todas ellas”, en alusión a episodios bélicos como la batalla de Rande, la invasión inglesa de la ciudad o la Guerra de Independencia, en los que las monjas se vieron obligadas a refugiarse en otras ciudades.

Durante todos estos siglos, subraya Victoriana Jorde, la orden ha estado tan vinculada a la Boa Vila que cuando había mal tiempo que afectaba a las cosechas “el Ayuntamiento convocaba a la población para sacar en procesión a la patrona”, la Virgen de la O, hasta Santa Clara. También destaca que en el altar de los Desamparados, ahora ya sin imágenes tras la retirada de las tallas, se ofrendaron las banderas donadas por el coronel Morillo tras la batalla de Ponte Sampaio en 1809.

Las Clarisas piden a los pontevedreses que conserven el espíritu de su fundadora de fraternidad, pobreza y alegría. Al agradecerles la venta, el alcalde reconoció que “están tristes, pero el convento queda en buenas manos”.

También han establecido limitaciones al tipo de actos a celebrar en el templo, mientras el Concello piensa en futuros usos del cenobio, a la cabeza su probable conversión en la nueva sede del Museo, todavía por decidir.

“Es un momento agridulce”, reconoció el abogado de las Clarisas, ya que supone cerrar siglos de historia y religiosidad, “pero tienes la satisfacción de que ha sido recibido por la ciudadanía de Pontevedra, y siempre agradeciéndole su íntima relación con Santa Clara”. Ayer, la abadesa decía que “el cielo está llorando porque nos vamos de Pontevedra, pero no por eso dejamos de tener a esta ciudad en el corazón”.

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