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“Todas lo podemos llegar a hacer”

Ángeles Corredoira, vecina de Poio, es la única mujer armadora de la ría de Pontevedra. Cambió su carrera de Turismo por el mundo del mar: “Me reporta muchísima felicidad”

Ángeles Corredoira trabaja en su embarcación en el marisqueo a flote en la ría de Pontevedra. Santos Álvarez

“Mi relación con el mundo del mar es reciente porque yo nunca trabajé en esto ni tenía pensado hacerlo. Me da mucho trabajo, pero me reporta muchísima felicidad”.

Con estas palabras resume su profesión Ángeles Corredoira, la única armadora mujer de la ría de Pontevedra. Tiene una embarcación con puerto base en Combarro y se dedica al marisqueo a flote desde 2017, año en el que se estrenó en la actividad junto a su padre. Desde 2018, cuando él se jubiló, sale al mar sola y aunque al principio fue muy duro, solo tiene buenas palabras para la profesión y sus compañeros, siempre prestos a ayudarla.

Con una diplomatura en Turismo, esta vecina de Poio decidió un día dar un giro por completo a su vida al verse incapaz de compatibilizar trabajo y maternidad. “Trabajé en varios hoteles muy buenos de Galicia. Tuve al primer niño hace siete años y seguí trabajando de recepcionista, pero con la segunda niña, que ahora tiene cinco, ya me planteé pedir una excedencia y dedicarme un poco más a ellos porque con los turnos que tenía y los horarios me era complicadísimo conciliar y como entonces trabajaba en Santiago siempre tenía que depender de alguien para atenderlos”, confiesa.

“Mi padre me dijo que la barca me quedaba ahí, por si quería ir con alguien. Lo que menos se esperaban ellos es que yo decidiese ir sola”

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Por ello decidió cogerse los dos años de paro que había generado para poder estar con ellos y darles la atención que, como madre, quería que tuviesen. “Mientras estuve con ellos en casa decidí hacer cursos y pensé en el marisqueo a pie, que entonces se presentaba como una oportunidad y me parecía compatible con la vida familiar”, cuenta.

Finalmente esa opción no salió adelante por cuestiones técnicas, por lo que tomó la decisión de hacer cursos para irse embarcada y se sacó varios títulos de náutica pesquera.

Y si bien para la armadora, que ahora tiene 39 años, eso supondría estrenarse en el sector, no así para su familia, ya que su padre y su abuelo se habían dedicado toda su vida al mar. “Mi abuelo fue quien compró esta embarcación que utilizo yo ahora, la “Amalia”, que mi padre adaptó y en la que también iba mi madre con él para el marisqueo a flote”.

Y de una forma totalmente casual, porque seguía sin estar en activo, comenzó Ángeles Corredoira a ayudar a su padre en las tareas más suaves del marisqueo a flote: como peneirar, recoger cabos…

Tras ese primer giro importante en su vida, llegó el segundo: llegó el momento de la jubilación. “Él me dijo que la barca me quedaba ahí, por si quería ir con alguien. Lo que menos se esperaban ellos es que yo decidiese ir sola”, cuenta ahora divertida.

Los inicios, reconoce, no fueron nada fáciles, “pero no lo son en ninguna profesión”, subraya Corredoira. “Me sigue costando, porque es un trabajo que requiere mucho esfuerzo; al ser muy físico resulta muy duro. Además, muchas veces agotamos la jornada completa, de ocho de la mañana a dos de la tarde”, resume.

La armadora recoge un cabo en su embarcación. // SANTOS ÁLVAREZ

En un mundo de hombres

La relación con sus compañeros, todos armadores hombres, es una de las cuestiones que más destaca y aprecia. “La gente no está acostumbrada a ver a una mujer sola en un barco, pero yo quiero que quede constancia que tuve muchísima ayuda por parte de mis compañeros. Si por ejemplo me quedaba más tiempo, porque me costa más al principio o porque había temporal, siempre había alguien pendiente de mí. Y lo siguen haciendo a día de hoy, indicaciones que son útiles y que me sirven para aprender. En ese sentido tengo que dar muchas gracias porque gracias a esa ayuda no me vine abajo. Y ahora soy yo la que, si acabo antes, intento ayudar al resto”.

Es por ello que quiere destacar que lo importante es que las mujeres destaquen y sean noticia “por el trabajo que hacemos, no por el hecho de ser mujeres”.

Relevo generacional

La falta de trabajadores y de relevo generacional es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el sector. Ángeles Corredoira reconoce que “como pensaba yo, me imagino que pensará la mayoría de la gente joven, que no es un trabajo de futuro pero sí muy duro”.

Sin embargo, añade que “una vez que estás en ello sí que te das cuenta que tiene futuro, porque es un fruto que nos da la ría gratis y solo tenemos que explotarlo; gestionándolo bien podemos vivir de ello muchos años bien”.

“Yo entiendo que una persona joven quiera estudiar en áreas que ven más fáciles para trabajar, pero yo también estudié y al final me tuve que adaptar. Ahora valoro el tiempo libre que tengo, poder estar con la familia, tener los fines de semana libres y ganar un sueldo competente para vivir. Si te encuentras mal un día no vas a trabajar y no tienes que rendirle cuentas a nadie”, resume.

“A mí esto me da mucho trabajo, pero me reporta muchísima felicidad porque el día que pescas bien y haces una buena marea llegas a casa contenta y te da igual que te duelan la espalda y los huesos”

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“Es por ello que animo a la gente joven a que pruebe, sobre todo a las mujeres, porque al final es un trabajo que requiere fuerza, pero que también necesita maña. Todas lo podemos llegar a hacer. Yo me veía incapaz de hacerlo. La primera vez que eché la lancha al agua y mi padre me dijo que tenía que enterrarla yo pensé ‘¡yo no entierro esto ni en mi vida!’ y al final lo conseguí. Lo que hace un hombre lo puede hacer una mujer; le puede costar algo más, pero lo hace”, considera.

Respecto a sus propios hijos, la armadora confiesa que le gustaría que alguno de ellos probase algún día a acompañarla, “por lo menos para que vean cómo es la profesión, que es muy bonita, tradicional, al aire libre...”

Su propio padre está “orgullosísimo” de ella: “Se le cae la baba. No da crédito, porque nunca pensó que pudiera seguir sola, siempre pensó que seguiría con alguien”.

“A mí esto me da mucho trabajo, pero me reporta muchísima felicidad porque el día que pescas bien y haces una buena marea llegas a casa contenta y te da igual que te duelan la espalda y los huesos”, concluye.

Parada hasta la campaña navideña

El marisqueo a flote está parado hasta finales del mes de noviembre, cuando se recupera la actividad de cara a la campaña navideña, una de las más fructíferas para el sector, ya que las cuotas en las semanas fuertes de diciembre se elevan ligeramente. Cogen, sobre todo, almeja babosa, “que es lo que hay a más altura”, pero también almeja rubia y berberecho. También almeja fina y japónica e incluso rubia. Tienen un calendario que deben cumplir en los diferentes bancos marisqueros de la ría de Pontevedra. En verano, que está casi toda la flota completa al marisqueo, pueden ser entre 40 o 50 embarcaciones. El resto del año, en meses como marzo, abril o mayo, alrededor de unas 20, la mitad, aproximadamente. En Navidad pueden volver a aumentar, pero muchos van a la centolla y el camarón en lugar del marisqueo a flote. La edad media de jubilación en los veteranos es entre los 60 o 62 años, pero para los de nueva incorporación se amplía partiendo del límite de los 67.


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