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Amor a primera vista

El poiense Diego Castiñeira Ameneiro da una nueva vida a un barco remolcador de los años 60

Diego Castiñeira Ameneiro con el barco restaurado. Gustavo Santos

Quién lo ha visto y quién lo ve. El “Prácticos Arosa”, un barco remolcador del año 1961, no tiene nada que ver con lo que era hace poco más de un año, cuando el poiense Diego Castiñeira Ameneiro lo descubrió. Lo suyo fue, reconoce, amor a primera vista. “Lo vi y lo quise”, explica a FARO el responsable náutico de Protección Civil de Poio, que mantiene amarrada la embarcación en el puerto de Combarro, donde ya es objeto de admiración general. Y no es para menos, sus vivos colores y la exquisita restauración a la que lo ha sometido lo han convertido en el fondo perfecto para las fotografías de los (y los no) turistas.

“Era el remolcador que había en los años 60 en Vilagarcía. Todo de madera y con una eslora real de unos 12 metros”, asegura Castiñeira, que se enteró que la persona que lo tenía había decidido venderlo porque el mantenimiento y restauración que requería eran importantes.

Así fue como el enero de 2020 lo compró, poco antes de que se declarase la pandemia del COVID que paralizó durante meses al mundo entero. “Aproveché ese tiempo para rehabilitarlo poco a poco, pintarlo...”, cuenta.

Lo vi y mi enamoré de él, porque es un barco de los que no quedan, bonito

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Para realizar este trabajo se armó de paciencia, ya que el estado del barco no era nada bueno. Había estado en servicio desde el año 1961 hasta principios de los 2000. Desde entonces, parado y empeorando por momentos.

“Era donde llevaban al práctico a los mercantes para meterlos dentro. Después a los prácticos les dieron los barcos nuevos, de poliéster, y a este lo dejaron sin actividad, de reserva y lo pasaron a la séptima lista, de recreo”, resume.

“Lo vi y mi enamoré de él, porque es un barco de los que no quedan, bonito. Me parecía una pena que se perdiese un barco de estos”, confiesa. “De hecho, tenía una lancha de recreo de poliéster y la vendí para comprarlo”, añade entre risas.

El barco antes de su restauración. FdV

La restauración no fue fácil, pero para ello contó con la ayuda de su hermano, “que sabe de mecánica”. A él mismo le vinieron al pelo sus conocimientos de carpintería, arte en la que había trabajado hacía años.

La nueva vida de la embarcación, dada su categoría, es de recreo. “Me llegaron a decir que si quería colaborar en los paseos con turistas en la ría, pero esas son palabras mayores porque cambiaría de categoría y se necesita un seguro, etc...”, dice.

Este “flechazo” con el “Prácticos Arosa” no es casual, ya que Diego Castiñeira Ameneiro siempre ha sido un enamorado del mar. No trabaja en ello, pero desde niño “venía a Combarro con los amigos y hacíamos todas esas cosas que ahora no se pueden hacer: salíamos en gamela, tirábamos una nasa, cogíamos un choco...”

Ahora tiene títulos oficiales para salir al mar y también por ello es el responsable náutico de Protección Civil en Poio.

Una de las curiosidades a nivel técnico de este barco es su timón. “Es por cadena. Gira y lleva un mecanismo con poleas”, explica su nuevo propietario.

Por el momento se encuentra amarrado en Combarro y sus colores rojo y azul lo hacen inconfundible. Con el contador a cero, su nueva vida comienza ahora tras un laborioso trabajo de restauración.

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