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La arquitecta que dibuja ciudades

La Iglesia de San Bartolomé en proceso de elaboración. C. Omil

Que Pontevedra es una ciudad bonita es algo que se ve a simple vista. La zona monumental de la Boa Vila, con sus calles empedradas, los soportales, las casas bajas del barrio de A Moureira o las múltiples muestras arquitectónicas de sus conventos e iglesias, se presenta como un oasis de paz e inspiración para cualquier artista, e incluso para aquellos que no lo son todavía. Porque la imaginación tiene origen en lugares carismáticos, y esta ciudad del Lérez posee encanto y magia suficiente para atraer hasta a la más rebelde de las musas.

Cristina Omil realizando uno de sus dibujos. | // FDV

Ver dibujar a Cristina Omil es un auténtico placer. Parece que ha nacido para trazar líneas, guiar los pinceles y mover los lápices, que no ha hecho otra cosa en su vida. En su perfil de Twitter (Cris_Omil) cualquiera puede ser testigo de su talento. Fue en el año 2016 cuando esta arquitecta de profesión, a la que todavía le ruboriza que la llamen artista, abrió su perfil en la red social. “Comencé a colgar mis dibujos como un modo de expresión, pero en los comienzos de manera muy tímida”. Y es que a Cristina ese pequeño escaparate en redes le ha proporcionado “cierta presión, en el sentido de que me anima a perfeccionarme cada día más”.

La relación de Cristina con el dibujo se fraguó ya en la infancia, “desde pequeña viví rodeada del mundo de la pintura, porque mi padre estudió restauración pictórica. Además, él tenía una academia de dibujo, por lo que podía acceder a muchos materiales, desde acuarelas, a carboncillos o óleos”. Al terminar el Bachillerato decidió irse a estudiar arquitectura a la Universidad de Coruña, donde recibió la formación técnica necesaria, no sólo para desarrollar su carrera laboral, sino también para fortalecer su talento artístico. “En el grado de arquitectura se estudia dibujo técnico, y tuve la suerte de tener profesores que trabajaban mucho la representación gráfica exterior. Ellos me ayudaron a comprender la lógica del dibujo, las proporciones, la perspectiva...Todo un conocimiento que incorporé a algo que ya venía haciendo desde tiempo atrás”, declaró.

La Praza da Leña es el último dibujo publicado por Cristina Omil en Twitter. | // C. OMIL

Y es que esta joven artista lleva toda su vida retratando los lugares más emblemáticos en la ciudad del Lérez; pues vive enamorada “de toda la riqueza del centro histórico, de cada piedra, de la armonía que desprende”. Fue al terminar la carrera cuando se volcó de lleno en los bocetos y acuarelas con las que difunde la historia y arquitectura de la urbe en la red. “Retomó el dibujo al terminar los estudios, porque sentía que en la universidad dibujaba mucho, pero por obligación, sin disfrutarlo tanto. Además, el dibujo de arquitectura es mucho menos libre y artístico. Son bocetos más limpios, asépticos, sin colores ni sombras. Fue por ello que al terminar, quise volver a dibujar, pero aplicando mis nuevos conocimientos y también la faceta más creativa, atreviéndose con colores y sombras que antes no incluía”.

En cuanto a su modo de trabajo, la arquitecta explica que siempre prima la libertad en su “modus operandi”. “Suelo hacer las primeras líneas a lápiz y luego con tinta voy definiendo los detalles. Coloreo con acuarelas, para poder enmarcar las partes”. No planea sus obras, retrata lo que la inspiración le dicta, y prefiere dibujar siempre en el propio lugar, al aire libre. “Hago el boceto en la calle. Por falta de tiempo no puedo estar las cinco o seis horas que lleva el dibujo en el sitio en sí, y empleo fotos, o incluso me guío por mi propia memoria. Al final, cada dibujo es un estudio personal”.

La plaza de la Leña es la que más he disfrutado

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Lo que más le sorprende de la acogida que sus ilustraciones han tenido en la red ha sido “la ilusión que a la gente le hace jugar a reconocer el lugar que estoy dibujando”. Por ello, la arquitecta prefiere publicar fotos del proceso de creación. “Es una manera de ir enseñando los pasos que doy, creo que es lo que engancha, más que el resultado final”. No puede elegir de entre todas las ilustraciones su favorita, pero confiesa que “la Plaza de la Leña es la que más he disfrutado”, al tiempo que recuerda una de las más costosas, “ la Iglesia de San Bartolomé, por la perspectiva tan forzada”.

Para ella, hablar de dibujo es hablar de sentimientos, ”me gusta que la gente viva, aunque sea por un momento, dentro del boceto”; por ello, siempre viaja con un cuaderno y un lápiz en la mano. También cuelga en Twitter estampas de A Coruña, o paisajes marineras de Bueu. En el futuro se vislumbra la ilusión de llegar a realizar una exposición, así como el deseo que su trabajo ayude a poner en valor la riqueza patrimonial de Galicia, fomentando su conservación. El suyo es un arte local capaz de alcanzar el firmamento.

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