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La devoción más segura a la Virgen Peregrina

La misa solemne en honor a la patrona de la provincia recuerda especialmente a quienes han sufrido por el COVID

Asistentes a la misa en honor a la Virgen Peregrina (izquierda) e Ignacio Landín, presidente de la cofradía, realizando la monición de entrada. | // RAFA VÁZQUEZ

Con aforo reducido, mascarilla obligatoria y extremas medidas de seguridad, el santuario de la Virgen Peregrina celebró ayer la tradicional misa solemne en honor a la patrona de la provincia de Pontevedra. Al igual que sucedió el año pasado, el día grande de las fiestas de la ciudad fue del todo atípico, sin la ofrenda institucional que siempre hacía la Diputación y con poca representación de autoridades en el interior del templo por la pandemia del coronavirus. Fue precisamente el COVID, y las vidas que ha truncado en los últimos meses, el protagonista de las plegarias que realizaron los fieles durante la ceremonia oficiada por el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, que estuvo acompañado por su secretario, Manuel Jesús Formoso, y el rector del santuario y párroco de San Bartolomé, Raúl Lage; no estuvieron presentes también por motivos de seguridad para poder guardar las distancias recomendadas, los de Santa María y Campolongo, también habituales en esta fecha señalada.

La devoción más segura a la Virgen Peregrina

Julián Barrio recordó que se trataba de una celebración en circunstancias especiales y se refirió a la lectura del primer libro de los Reyes, señalando el paralelismo existente con la situación actual. La Escritura relata que Elías, perseguido por los profetas de Baal, huye al desierto para buscar refugio, pero desfallece, entonces es confortado por un alimento traído por un ángel para que pueda seguir su camino hasta el final.

“Entre otras cosas, en medio de esta pandemia algo estamos aprendiendo: es que nuestras seguridades no nos sirven absolutamente para nada”, añadió Julián Barrio, que recordó que “resignarnos no es buena señal, tenemos que vencer al miedo con audacia”.

La del arzobispo de Santiago no fue la única ofrenda a la protectora de la provincia y de los peregrinos. También el presidente de la Cofradía Virgen Peregrina, Ignacio Landín, dijo unas palabras en la monición de entrada. En su intervención rogó por todos aquellos que han sufrido la pandemia, especialmente por quienes la han sufrido –y aún la sufren– en soledad.

De vestir a la Virgen y del altar se encargó, como ha ocurrido desde 1955, la camarera de la Peregrina, Marucha Marescot.

De nuevo sin procesión

La situación epidemiológica obligó a suspender de nuevo este año la tradicional procesión de la Virgen Peregrina, así como el traslado de la carroza que se realiza el sábado y la ofrenda floral de los fieles y cofrades, de ahí que no se instalaran los típicos soportes para la colocación de los ramos en la fachada del templo.

Desde la Cofradía se rogó encarecidamente que no se llevaran flores al Santuario durante las fiestas por razones de seguridad sanitaria y los ciudadanos están cumpliendo bastante bien con esta petición, al igual que cumplieron con las escrupulosas medidas que se establecieron durante la misa de ayer: El templo fue limpiado en profundidad poco antes de las 11.00 horas, cuando se permitió el acceso, previa desinfección de manos con gel hidroalcohólico. Una vez dentro, se guardó la correspondiente distancia interpersonal y el uso de mascarilla fue obligatorio para todo el mundo; además, se dejaron las puertas abiertas para facilitar la ventilación y que se pudiera seguir la eucaristía desde el exterior de la iglesia, donde se colocaron varias sillas. Varias personas de la organización se situaron en la entrada del templo para controlar que todo sucediera conforme a las normas.

El objetivo de la Cofradía es evitar aglomeraciones no solo en el día grande de las fiestas, sino también a lo largo de esta semana, por lo que reitera su petición a los fieles de que no lleven ofrendas al Santuario.

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