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Pontevedra
Beatriz Millán Psicóloga

“El éxito es estar bien con uno mismo, pero para la sociedad es lo material, el resultado”

A raíz del caso Simone Biles una profesional analiza la actualidad de la salud mental

Beatriz Millán en su despacho en Pontevedra.   | // RAFA VÁZQUEZ

Beatriz Millán en su despacho en Pontevedra. | // RAFA VÁZQUEZ

La retirada de Simone Biles de los Juegos Olímpicos para centrarse en su salud mental ha puesto una vez más de actualidad la necesidad de cuidad nuestra mente tanto como nuestro cuerpo. Hace unos meses lo hico también la tenista Naomi Osaka retirándose de Roland-Garros. Ambas han sido acusadas de ser débiles, no estar a la altura, o no aguantar la presión. Sin embargo parece más complejo comprender que el análisis debe ir más allá y poner el foco en la importancia de cuidar nuestra salud mental para no llegar a tales niveles. Beatriz Millán, psicóloga, habla sobre la presión y el éxito más allá del mundo deportivo.

–¿Qué análisis hace del caso de Simone Biles?

– Imagino que la sociedad está diciendo que no ha aguantado la presión. Yo creo que esa presión le superó y hubo esta retirada probablemente porque no fue preparada psicológicamente. Los deportistas de élite tienen grandes entrenadores que se ocupan mucho de la parte física, la nutrición, pero no tanto lo psicológico. El deportista tiene que cuidarse, tiene que haber un equilibrio en su vida y no puede dejar de cuidarse por ser deportista de élite. Dedican muchas horas al deporte olvidándose de otros ámbitos de su vida y eso va en contra de la salud mental.

Cuando hay fallos podemos aprender de ellos porque somos resilientes, no se pueden vivir los fallos como el fin del mundo, los humanos fallamos. Es importante el control de las emociones, que no nos inunde el miedo ni los pensamientos catastrofistas

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–¿No soportó la presión?

– Esto es lo que se vende, algunos deportistas no aguantan la presión. Estas personas desde muy pequeñitos entran en estos deportes, cuentan con entrenadores muy exigentes, a veces incluso con rasgos narcisistas, expectativas de éxito. No veo que el problema se forjara en estas olimpiadas desde luego. Explotó ahí, pero viene de atrás. En estos casos desde pequeños los padres ven unas habilidades, entran en los equipos, entran en un desequilibrio, pasan muchísimas horas entrenando, prescinden de actividades normales de su edad… Casi todas sus horas son para una actividad en su vida y hay más ámbitos.

– Y no se permite fallar...

–-Cuando hay fallos podemos aprender de ellos porque somos resilientes, no se pueden vivir los fallos como el fin del mundo, los humanos fallamos. Es importante el control de las emociones, que no nos inunde el miedo ni los pensamientos catastrofistas, hay que trabajar para tener pensamientos más realistas.

–Pero vivimos en la cultura del éxito.

– Se pone el ojo en el resultado. Académicamente los padres refuerzan el buen resultado, sin embargo, no vemos el esfuerzo. El hijo va a aprender a hacerse eso a sí mismo de mayor. Si el entorno pone el ojo siempre en el éxito nunca se va a valorar el tiempo, el esfuerzo, sacrificio.

No se trata de que haya que vender todos los bienes e irse a vivir a una esquina del mundo. La cosa es sentirse más feliz y más cómodo, darle valor a lo que te rodea. En la mayoría de los casos lo has obtenido a través de un tiempo y un proceso

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–El éxito pueden ser otras cosas diferentes al pack: carrera, trabajo, casa, etcétera.

El éxito es estar bien con uno mismo. Pero para la sociedad es un buen coche, una casa, una segunda casa, una carrera, reconocimiento social o económico. Lo material, sobre todo, el resultado. Pero el éxito es el bienestar y para estar bien te tienes que cuidar.

–¿Cómo se gestiona este cambio de perspectiva en la edad adulta?

–-Si no cambian se van a sentir muy frustrados si no obtienen el resultado que dictamina la sociedad. Porque además vemos a personas que tienen un trabajo con un prestigio social, muchos ingresos, casa y no los ves felices. No se trata de que haya que vender todos los bienes e irse a vivir a una esquina del mundo. La cosa es sentirse más feliz y más cómodo, darle valor a lo que te rodea. En la mayoría de los casos lo has obtenido a través de un tiempo y un proceso. Hay que darle valor a todo eso.

–Priorizarse conlleva a veces a tomar decisiones difíciles.

– Al final habrá que decidir, pero eso no es en una sesión. Puede ser un año o más de terapia donde las personas van a poder decidir lo que es necesario. Conlleva un tiempo porque tienen que identificar muchísimas cosas. Tienen que aprender a cuidarse. Suelo poner el ejemplo de un queso que tiene ocho porciones triangulares, cada porción es un ámbito de la vida. A veces se apuesta todo a una porción y eso queda muy cojo. A la larga se va a romper y vamos a tener que reconfigurar nuestra vida tomando decisiones.

–¿Quién no necesita ir a un psicólogo tras este año y medio tan complejo?

– Además la pandemia nos tiene a todos desconectados, aislados. Cada vez nos relacionamos con menos personas y el psicólogo es como una puerta, alguien con quien hablar.

“Hay muchos prejuicios con los psicólogos”

–Porque el desequilibrio solo se puede aguantar durante un tiempo ¿No?

– Sí, pero al final vas cayendo en una depresión, trastorno mixto ansioso-depresivo, problemas físicos o enfermedades con base psicológica.

–¿Nota menos prejuicios acerca de ir al psicólogo ahora que la salud mental está de actualidad?

– No noto mucho que se hayan perdido esos miedos y tabúes. Hay un prejuicio de que los psicólogos no se sabe bien para qué valen, o si somos unos loqueros. Pero veo que la pandemia está sumando más ansiedad a las personas, pero el prejuicio no cambia. Creo que nos queda mucho para ponernos en el mismo sitio que el fisioterapeuta. De hecho, nadie dice que va al psicólogo. Las personas de 30 años y menos edad lo normalizan más.

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