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Guardianes del monte

Más de 500 agentes ambientales cuidan de la naturaleza gallega: vigilancia mediante cámaras y drones, apps y geolocalizaciones son sus nuevas armas contra el fuego

Un agente vigila el estado ambiental de un monte.   | // FDV

Un agente vigila el estado ambiental de un monte. | // FDV

La Xunta duplicará el número de drones que vigilan los montes gallegos y una nueva App, XeoCodeLite, permitirá que los directores de extinción puedan tener datos en tiempo real de cada incendio, remitirlos al centro de coordinación provincial y del distrito, hacer previsiones de avance o geolocalizarlo para organizar la llegada de medios.

Son algunos de los avances por los que se felicitaron ayer, en el Día Mundial de los Agentes Forestales, estos profesionales comprometidos con el cuidado de los montes gallegos y parques nacionales. En toda Galicia trabajan alrededor de 510, la gran mayoría de los cuales estudió en Lourizán y Sergude capacitación agraria; o se formó en el nuevo ciclo de Forestales.

La rapidez es su mayor baza. Repartidos en 19 distritos, su programa de trabajo se diseña para que en un tiempo máximo de 15 minutos los agentes puedan estar en el punto del incendio

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1994 fue el año con más incorporaciones, 245 profesionales que se sumaron a otros procedentes del antiguo Icona (Instituto de Conservación de la Naturaleza, adscrito al ministerio de Agricultura); y en la actualidad unos 360 agentes ambientales gallegos dependen de Medio Rural y unos 150 de Medio Ambiente. Entre ellos, una cada vez mayor presencia femenina, que no resultó fácil ya que hasta 1992 estaban vetadas.

Las funciones de un agente ambiental son muy extensas, desde la gestión forestal (permisos, autorizaciones de corte, revisiones de ayudas de plantación, habilitación de cortafuegos, supervisión de obras…) a la vigilancia de las franjas de seguridad en carreteras o la supervisión de la caza; si bien en estos meses de verano casi el 100% de los efectivos se centra en la extinción de incendios forestales.

Un investigador de incendios perimetra el área de un fuego. | // FDV

La rapidez es su mayor baza. Repartidos en 19 distritos, su programa de trabajo se diseña para que en un tiempo máximo de 15 minutos los agentes puedan estar en el punto del incendio. Se trata al menos de la media de reacción que se espera, ya que el objetivo es atajar las llamas cuanto antes.

En estas intervenciones la tecnología juega un papel cada vez más fundamental. En estos momentos 142 cámaras están vigilando los montes gallegos. “Cubren un 70% del territorio”, explica Santiago Neira, un veterano con más de 25 años de experiencia que conoce de primera mano los momentos de tensión y ansiedad ligados a los incendios.

En su trabajo, estos profesionales son agentes de autoridad y policía judicial genérica

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También están los drones. En estos momentos el servicio trabaja con 6, que aumentarán a 12 y se centrarán en la vigilancia de puntos calientes, investigación y el control de las franjas de seguridad en las carreteras.

Por su parte, XeoCodeLite les permite monitorizar los incendios en tiempo real sobre el propio terreno. Así, los centros de coordinación reciben información constante sobre los espacios en los que se está produciendo el incendio y su evolución más previsible en las siguientes horas, en función de las condiciones de viento, temperatura, humedad etc.

142 cámaras que controlan el 70% del territorio vigilan en estos momentos los montes gallegos. A ellas se sumarán 12 drones

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La aplicación también posibilita enviar imágenes georreferenciadas para comprobar cómo está en esos momentos el fuego, a mayores de facilitar la estrategia para la llegada de motobombas y otros equipos a los puntos de extinción.

Cada vez tenemos incendios más grandes y difíciles de atajar, e irán a más”, lamenta el profesional, “en Galicia eran pequeños pero la perspectiva es que en los próximos años tendrán un mayor tamaño y efectos, tanto por el despoblamiento como por la cercanía del monte a zonas urbanas, infraestructuras como carreteras etc”.

Unidad de Investigación

En este escenario “el objetivo de la Dirección Xeral es crear grupos cada vez más específicos y profesionalizar al máximo los servicios”, explica el agente. Entre ellos estará la Unifo (Unidad de Investigación de Incendios Forestais), un equipo compuesto por 15 especialistas que se desplazarán por todo el territorio gallego para analizar las causas de los fuegos.

“Cada vez tenemos incendios más grandes y difíciles de atajar, e irán a más”, lamenta el veterano agente Santiago Neira, “en Galicia eran pequeños pero la perspectiva es que en los próximos años tendrán un mayor tamaño y efectos”

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En su trabajo, estos profesionales son agentes de autoridad y policía judicial genérica. Santiago Neira, que trabajó en Conservación 16 años, reconoce haber vivido episodios con cazadores furtivos “en los que se pasa tremendamente mal” y ha habido “intentos de agresión y faltas de respeto”.

"A algún compañero hubo que rescatarlo ya desmayado y en esos momentos la tensión y la ansiedad es muy alta"

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“Sobre todo hay mucha ansiedad cuando coinciden incendios”, explica el profesional, “ves que la gente llega llorando y sabes que lo primero es defender vidas humanas, organizar las evacuaciones y atajar el incendio. A algún compañero hubo que rescatarlo ya desmayado y en esos momentos la tensión y la ansiedad es muy alta”.

¿Pasan miedo? Todos coinciden en que sí, unos porque alguna vez un furtivo los amenazó y la inmensa mayoría porque han visto como los rodeaba un frente de kilómetros de llamas, como sucedió en la oleada de incendios de 2006, que arrasó nada menos que 70.000 hectáreas de montes, sobre todo en las costas de Pontevedra y Coruña. A cambio, no hay uno que no reconozca que su lugar de trabajo, las sierras, los ríos o los parques nacionales, es la mejor oficina del mundo. Larga vida a los guardianes del monte.

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