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El cura acusado de abusos dice que entró al cuarto a mover a un chico porque roncaba

El sacerdote, al que el fiscal imputa doce delitos de abuso sexual, negó haber tocado los genitales a seis menores, introducir la mano en sus pijamas o en sus sacos de dormir

El acusado, durante el juicio iniciado ayer en la Audiencia Provincial de Pontevedra. | // POOL / GONZALO GARCÍA

Segundo C.V., el sacerdote acusado de abusos sexuales a menores durante un campamento en Cambados y en una peregrinación a Santiago, negó todos los cargos en el inicio del juicio que comenzó ayer en la Audiencia de Pontevedra. La vista, que se prolongará durante al menos cuatro jornadas, arrancó con la aportación de nuevas pruebas por parte de la defensa. Entre ellas, unas conversaciones de WhatsApp entre el acusado y algunas de las víctimas, que la Fiscalía rechazó por no considerarlas suficientemente acreditadas, pero que las acusaciones particulares admitieron, ya que se trata de conversaciones entre un adulto (el sacerdote tiene 41 años) y unos menores, realizadas de madrugada. “Es un reconocimiento implícito de determinados hechos”, indicó un letrado de la acusación.

Los letrados de la defensa también han incorporado una pericia psicológica del acusado, un examen forense que hasta ahora el cura había rechazado y que también suscitó la crítica del fiscal. “El acusado consideraba una aberración que se le obligase a someterse a esta prueba pericial psicológica y ahora de repente, dos años después, esa prueba psicológica ya no lesiona su dignidad como persona”, protestó. En todo caso el fiscal no rechazó la incorporación de esta prueba al procedimiento, para evitar que justifique un posterior recurso.

El sacerdote contestó durante más de una hora a las preguntas del fiscal, el tribunal y a su defensa. Rechazó responder a las acusaciones particulares y a los abogados de la Congregación de Salesianos Don Bosco, a la que se reclama la responsabilidad civil subsidiaria, como institución responsable de la custodia de los menores.

Lo niega todo

En su declaración, Segundo C.V. negó todas las acusaciones. Respondió un categórico “no” a las preguntas sobre si tocó los genitales a los chicos, si introdujo la mano dentro de sus pijamas o de sus sacos de dormir, o sobre si visitó las habitaciones de los menores –de entre 14 y 15 años de edad–, durante las noches en las que se denuncian los hechos.

Hizo, sin embargo, una rectificación sobre su declaración inicial. Si en 2019 negó haber entrado en el cuarto de alguno de los denunciantes durante la noche, ahora admite que entró a “mover” a uno de los menores porque “estaba roncando”. Para cambiar esta declaración argumentó que dos años dan para pensar mucho en las situaciones vividas y que ahora sí recuerda que entró en el cuarto durante la noche del 15 de julio de 2019 para mover a uno de los jóvenes solo porque roncaba. Es en esa fecha cuando uno de los monitores del campamento atestigua que vio entrar a Segundo C.V. en la habitación y le preguntó “¿qué haces aquí?”.

Tras el acusado, en la primera sesión del juicio comenzaron a declarar los menores víctimas de los supuestos abusos. Lo hacen a puerta cerrada y tras un biombo para no tener contacto visual con el imputado.

Víctimas

Las supuestas víctimas de estos actos son seis chicos que asistían a los campamentos y a la peregrinación a Santiago en 2019. La Fiscalía pide para el acusado una pena de 67 años y medio de cárcel como autor de once delitos de abusos sexuales sobre cinco de estos menores y de un delito continuado de abusos sexuales por los tocamientos que sufrió la sexta de las víctimas. Además, reclama que a esa pena se le añadan 96 años de libertad vigilada.

La abogada de tres de los menores, Aída Blanco, solicita 54 años de prisión por ocho delitos de abuso sexual (cinco por una de las víctimas, tres por otra) y otro delito por abuso sexual continuado (para la tercera víctima que representa).

Los supuestos abusos se produjeron entre el 15 y el 23 de julio de 2019 en Cambados, durante un campamento de verano que dirigía este sacerdote, y que estaba organizado por el colegio de los Salesianos, a través de la asociación juvenil Abertal.

La jueza que instruyó el caso desde Cambados consideró que hay indicios de que este sacerdote, “con el fin de satisfacer su apetito sexual y de vulnerar la libertad e indemnidad sexuales de personas menores de 16 años que tenía a su cargo”, llevó a cabo tocamientos en los genitales de los niños.

Además de determinar que se prevalió de su “superioridad jerárquica, derivada de ser sacerdote del colegio de los menores, profesor en el mismo y director del campamento juvenil”, la magistrada constató indicios también de episodios anteriores. En concreto, cree que abusó de dos menores durante una peregrinación a Santiago de Compostela en abril de 2019, y uno de esos menores sufrió también tocamientos en el campamento de verano. Por otra parte, también señala en su auto que, en junio de ese año, abusó supuestamente de un menor que acudió a la asociación juvenil Abertal a ver el partido de la final de la Champions League.

Admite que compartió literas con los menores

El acusado de abusos sexuales sobre menores explicó que es sacerdote desde hace 12 años y que está destinado en el colegio María Auxiliadora de la congregación de los Salesianos en Vigo. Allí, entre otras funciones, ejerce de profesor, coordinador de la acción pastoral y director del campamento juvenil del colegio y de la asociación juvenil Abertal. En el inicio del juicio, Segundo C.V. afirmó que mantenía una relación “correcta” con los jóvenes afectados en esta causa. Admitió que compartió habitación e incluso literas con algunos alumnos durante los campamentos, pero negó los tocamientos. El abogado de la Fundación Amigos de Galicia, que actúa como acusación particular en esta causa, subrayó antes de iniciarse el juicio que “este señor se prevalía de su condición y de que lo consideraban una persona ejemplar, una guía para sus comportamientos” para ganarse la confianza de los chicos y cometer los supuestos abusos. Este letrado, Francisco José Lago Calvo, explicó que la congregación Salesianos Dos Bosco separó al acusado de la actividad docente, “pero no me consta que lo hayan separado del ministerio sacerdotal” y consideró que la gestión de dicha congregación religiosa “no fue la idónea, porque desde que se denunciaron los hechos tardaron bastante en reaccionar; los hicieron dormir allí pese a que fueron objeto de un ataque contra su integridad sexual”, dijo, en alusión a las víctimas. “La congregación debería haber puesto los medios para evitar este tipo de comportamientos”, entiende el letrado de la Fundación Amigos de Galicia, que propone en concepto de responsabilidad civil subsidiaria una indemnización de 75.000 euros por el daño moral causado a los menores. “Unos han sufrido más que otros, con problemas como no poder dormir durante las noches; han tenido ciertas secuelas. Hay algunos que no han dormido durante meses”, indicó este abogado de la acusación particular.

“La vida académica incluso mejoró”

El letrado de la Congregación de Salesianos Don Bosco, a la que se reclama la responsabilidad civil como institución responsable de la custodia de los chicos, afirmó en la vista que la vida académica de los alumnos “ha sido buena, incluso en algunos de los casos se ha producido una mejoría en los resultados” tras los hechos. El imputado aseguró durante su declaración que llegó a recibir felicitaciones de algunos de los padres por su relación con el alumnado. La defensa del sacerdote aportó a la vista un vídeo y unos fotogramas de dicha grabación que serán vistos durante el proceso, así como nuevos testigos, como el sobrino del acusado y la madre de un alumno. El acusado admitió también que con uno de los chichos tuvo en cierta ocasión una conversación sobre una fotografía que el menor había publicado en sus redes sociales dando un beso. Aseguró, por otra parte, que su relación con los alumnos, también con los denunciantes, fue siempre “correcta”.

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