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La hora, siempre por La Peregrina

El ingeniero Juan Lago, que se aficionó en el Museo a dar cuerda a los relojes, supervisa a diario el mecanismo del santuario

Juan Lago, en el campanario de La Peregrina.   | // GUSTAVO SANTOS

Juan Lago, en el campanario de La Peregrina. | // GUSTAVO SANTOS

Sin centros de formación profesional ni prácticamente literatura en español sobre el tema, el oficio de relojero es aquí una vocación autodidacta, una habilidad muchas veces transmitida de padres a hijos y otras, como en el caso del pontevedrés Juan Lago, surgida tanto por la inspiración familiar como de su curiosidad personal.

“Mi abuelo me llevaba al Museo a darle cuerda a los relojes”, recuerda Juan Lago sobre Juan Novás, uno de los promotores de la institución cultural, a la que trasladó uno de los valiosos carrillones familiares “porque éramos varios hermanos y decía que lo íbamos a estropear, así que nos lo quitó y se lo llevó para el Museo”.

“Mi abuelo me llevaba al Museo a darle cuerda a los relojes”, recuerda sobre Juan Novás, uno de los promotores de la institución, a la que trasladó uno de los valiosos carrillones familiares “porque éramos varios hermanos y decía que lo íbamos a estropear"

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En adelante, aprendió a darles cuerda o incluso ayudó “a recortar los números romanos de marfil” para uno de los relojes del Museo, una afición que se acrecentaría años después (por ejemplo cuando durante su formación militar fue castigado en la torre del reloj y aprendió “a ponerlo en hora”) y se amplió con décadas de trabajo en multinacionales de la ingeniería.

Juan Lago es ingeniero militar. “Me he pasado toda la vida tratando con mecanismos, ya sea en Ferrovial o en General Motors”, explica, así que “como pontevedrés me parecía una decepción ver siempre parado el reloj de La Peregrina, siempre en las 17.20 que, curiosamente, también es la hora en la que está parado el reloj del Hospital”.

Lamenta que “tanto el reloj del Hospital como el del Concello están parados, este último sigue en las 12.30 desde hace unos meses” y se ha ofrecido, por el momento sin éxito, a arreglarlos

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Lamenta que “tanto el reloj del Hospital como el del Concello están parados, este último sigue en las 12.30 desde hace unos meses” y se ha ofrecido, por el momento sin éxito, a arreglarlos.

En el caso del reloj de La Peregrina, explica que “me ofrecí en la procesión del Corpus de hace unos 6 años al presidente, Ignacio Landín, a arreglarlo”. El primer reto fue localizar las llaves del campanario, ya que por aquel momento el mantenimiento corría a cargo del Concello, y después llegó “el estudio del mecanismo, a base de péndulo, y los problemas que tenía”, por ejemplo que le habían quitado la sonería (todo el mecanismo que conecta con las campanas), si bien “aún conservaba palancas”.

También se corrigieron las agujas desalineadas “y se puso como debe estar”, presume Juan Lago de un reloj que calcula que tendrá “unos 250 años, creo que estaba en el antiguo hospital de San Juan de Dios y en el siglo XIX lo donaron a La Peregrina, de hecho hay una famosa foto sin fuente ni reloj”.

Con sus dos siglos y medio de vida, el reloj funciona con achaques. “Ahora está más o menos estable, porque tiene un problema físico”, explica el ingeniero, derivado del montaje inicial, y “la aguja pequeña está mal equilibrada”

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Con sus dos siglos y medio de vida, el reloj funciona con achaques. “Ahora está más o menos estable, porque tiene un problema físico”, explica el ingeniero, derivado del montaje inicial, y “la aguja pequeña está mal equilibrada”, de modo que ha de jugar con los contrapesos y “a veces adelanta y otras atrasa, pero generalmente adelanta”.

En los últimos 15 días ha adelantado unos 4 minutos, un fallo que los pontevedreses no perciben porque en realidad las campanas están hoy conectadas a un reloj electrónico que registra la hora de la red. El de La Peregrina recibe casi a diario la visita de Juan Lago, “de paso que doy una salva a la Virgen lo corrijo”, explica, “pero a nadie le importa si atrasa un minuto, hoy ya tenemos medios superiores para saber la hora”, y al reloj de La Peregrina lo queremos otros 250 años con su aguja pequeña despistada.

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