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El coronavirus, un aguafiestas

Tino Núñez en las instalaciones de Símpides Park, en Marín.

Tino Núñez en las instalaciones de Símpides Park, en Marín. RAFA VÁZQUEZ

Los parques de bolas no tienen bolas y los centros de ocio infantil no tienen ni ocio ni niños. Las duras restricciones que están sufriendo estos espacios desde el inicio de la pandemia están llevando al sector a la ruina. Sin la repercusión mediática que sí han logrado otros sectores, un gran número de parques infantiles se han visto obligados a cerrar y, en el mejor de los casos, a sobrevivir gracias a la ayuda de los propietarios de los locales en los que desarrollan su actividad.

Es el caso de Tino Núñez, de Símpides Park, en Marín, que se ha mantenido abierto porque el dueño del local en el que tiene su negocio le ha perdonado el alquiler “desde el día uno”. Aún así, la empresa tiene muchos otros gastos a los que hacer frente cada mes. En una situación similar está Erika Sánchez, de Flipo Park, que tuvo que cerrar después de Semana Santa al no tener ninguna reserva y ha llegado a un acuerdo con la propietaria del local en el que estaba para utilizarlo como almacén de todo el material que tenía para organizar las fiestas infantiles.

Las restricciones de aforo dependen de cada municipio. Mientras que Símpides estuvo cerrado mientras Marín estuvo en el nivel alto, en Pontevedra los que sobreviven pueden abrir al 50% de su capacidad en interior. Pero esto no es lo que peor llevan, sino la norma que exige que haya un monitor para cada diez niños y que estos estén separados en grupos de cuatro y sin interactuar.

“Con esta medida, los padres no quieren organizar nada”, apunta Erika, que reconoce que en muchos de estos parques han tenido que subir los presupuestos de los menús para que les resulte rentable contratar a tantos monitores.

Tino, por su parte, ha apostado por ofrecer “grupos burbuja” para recuperar la confianza de sus clientes. “Cerramos el parque, que tiene casi mil metros cuadrados y aforo total para 214 personas, para una sola fiesta, así es más exclusivo y da más seguridad a los padres”, explica.

Por ahora, el futuro para este sector es incierto, pero el dueño de Símpides Park pone sus esperanzas en la vacunación para que “la situación mejore de cara al mes de septiembre y después, poco a poco, podamos ir recuperando la normalidad”.

Erika confía en que las cosas vayan a mejor en verano, con la esperanza de que se repita el escenario del año pasado, pero tanto ella como otros compañeros que están en un grupo de ocio de Galicia, coinciden en que la situación actual es de “incertidumbre total”. Sin ir más lejos, a Flipo Park llamaron solo tres personas desde el mes de enero para celebrar una fiesta en sus instalaciones, con aforo total para 102 personas. Ella se ha centrado ahora en la empresa de eventos con la que organiza sobre todo bodas, bautizos y comuniones, Eri Events Planner, que es lo que le está permitiendo sobrevivir, aunque también ahí tiene los problemas de cambio de nivel de los municipios, que en algunos casos obligan a suspender eventos, mientras representantes del sector han propuesto a la Xunta la realización de pruebas PCR o test de antígenos a los asistentes para evitar las cancelaciones.

En todo caso, el ocio en general está siendo fuertemente golpeado por la otra cara de la pandemia, la económica. Pero Tino se acuerda también de los más pequeños. “Esto es una tristeza sobre todo por los niños”, lamenta al tiempo que comenta que “muchos no saben lo que es jugar en una piscina de bolas” porque este es el segundo año ya que el sector está prácticamente cerrado.

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