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La batea de Leiro, en dique seco

Operarios trabajan en la pieza escultórica, que habitualmente flota sobre el Lérez. | // GUSTAVO SANTOS

Es una de las piezas más sorprendentes de la Illa do Covo: un saloncito de 7x4 metros con su sofá rinconero, su estantería y hasta sus quesos tetilla realizados en granito rosa Porriño, que flota sobre el río Lérez en madera de balsa e interpela al espectador sobre lo doméstico. También nos interroga sobre los intentos de domesticar a la naturaleza, y como tal la obra del escultor gallego Francisco Leiro (Cambados, 1957) ha tenido sus más y sus menos con las crecidas, los temporales o el solo efecto del paso del tiempo a la intemperie.

Esta semana ha vuelto a salir a dique seco para que los técnicos evalúen los daños que sufre tras el invierno. La batea se desenganchó y fue anclada en un lateral de la Illa do Cobo, hasta su reciente retirada del cauce a instancias de la Concellería de Patrimonio Histórico-Artístico, que encabeza Xaquín Moreda.

“Saavedra” (el nombre con el que la bautizó el autor, un giro al hecho de que se trate, a su modo, de una sala en la naturaleza de Pontevedra) fue a la deriva con las crecidas. Ahora el buen tiempo posibilita que se pueda trabajar en ella y evaluar los efectos del duro invierno en la pieza.

Dos grúas de grandes dimensiones y una barca consiguieron por fin llevar a la tierra, en la propia Illa do Covo, la pieza, de varias toneladas

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Dos grúas de grandes dimensiones y una barca consiguieron por fin llevar a la tierra, en la propia Illa do Covo, “para analizar su estado actual”, indican los portavoces municipales.

Tras las primeras inspecciones los técnicos confirman “la necesidad de retirar la madera de la batea para sustituirla por otra nueva”, señalan las mismas fuentes.

También se examinará el estado de los flotadores y del muerto de la escultura, cuyo mal estado provocó en otras ocasiones que esta pieza de varias toneladas se moviese de su emplazamiento.

Tras los análisis y los trabajos para reforzar la estructura y devolverle estabilidad, la batea volverá a su emplazamiento original, en un recodo del río Lérez, para que nos sigamos preguntando qué hace una sala doméstica inhabitable en medio del agua en un espacio natural público habitado cada día por cientos de personas. Hay quien opina que el arte está justamente para eso, para plantear preguntas que aún no se conocen a si mismas.

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