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Alberto Domínguez Munáiz | Vicario parroquial de Virgen del Camino

“La esperanza atrae algo que llamamos libertad; libera nuestra libertad”

El sacerdote pontevedrés publica “Freedom Freed by Hope”, dedicado a la esperanza

El sacerdote Alberto Domínguez Munáiz, que presenta la obra "Freedom Freed by Hope" /Gustavo Santos

El sacerdote Alberto Domínguez Munáiz, que presenta la obra "Freedom Freed by Hope" /Gustavo Santos

Analizar, desde una perspectiva multidisciplinar que implica a la sociología, la psicología, la filosofía o el diálogo con J.B. Metz y W.F. Lynch, la importancia de la esperanza. Es el reto que se propuso el sacerdote pontevedrés Alberto Domínguez con la obra Freedom Freed by Hope. A conversation with Johann B. Metz and William F. Lynch on the “Identity Crisis” in the West. Él mismo propone la traducción Esperanza: libertad liberada, para este trabajo que ha sido prologado por el Papa Francisco.

–¿Cómo surgió la idea de escribir esta obra?

–La idea surge a partir de la experiencia, de cuando trabajaba como profesor de Física y Química y Religión en uno de nuestros colegios. Captaba que había síntomas de cierta desesperanza entre el alumnado. Y siempre mantuve esa inquietud sobre el tema, entre la ciencia, entre la fe, entre la sociología. Y, finalmente, se plasma cuando estaba en la Universidad Boston College cuando tengo que hacer un trabajo de tesis, y fue cuando profundicé en esta cuestión.

–El tema central es la esperanza ¿cómo lo aborda?

–Es el tema central y me pregunto fundamentalmente en qué medida contribuye la esperanza a forjar una sana identidad. Y si la pregunta es ¿es la esperanza solo para tiempos de crisis? La respuesta es, no. Tenemos que suscitar, forjar sujetos, personas, en un ambiente en el que predomine la esperanza. Dialogando con dos autores, J. B. Metz y W.F. Lynch, un americano y un alemán, sobre Occidente, abordo qué esperanza proponer.

Para la esperanza hay que cultivar la confianza, respecto a uno mismo, pero también generar confianzas, en amigos, en familias, en el trabajo, en encontrar nuestros talentos. Y encontrar una historia amable sobre nuestro propio pasado

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–¿Qué esperanza debemos entonces ejercitar?

–Una, quitar esa falacia o ese pensamiento de que la esperanza es única. No lo es, predominan las dos, esperanza y desesperanza coexisten en el ser humano, el tema, el problema o la debilidad aparece cuando la desesperanza predomina. La cuestión es que hay síntomas en Occidente, desde falta de sentido en el trabajo a drogadicción, consumismo, baja autoestima, niveles de separaciones y divorcios o excesiva temporalidad laboral, síntomas que hablan de un sujeto que parece no tener esperanza, no tener donde invertir la libertad. Y una de las propiedades fundamentales de la esperanza es la libertad: atrae algo que llamamos libertad, libera nuestra libertad, acrecentando la adaptabilidad y la creatividad humana, haciéndonos mentalmente más resistentes y capaces.

Hay síntomas en Occidente, desde falta de sentido en el trabajo a drogadicción, consumismo, baja autoestima, niveles de separaciones y divorcios o excesiva temporalidad laboral, que hablan de un sujeto que parece no tener donde invertir la libertad.

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–¿Podemos recuperar el entusiasmo por la vida?

–Sí, de hecho es uno de los aspectos que no solo analizo sino que propongo una tecnología, algo a lo que uno pueda incorporarse, esté bien, es decir no tenga una crisis, o esté en ella, en una crisis de desesperación o de desesperanza. Y ahí hay aspectos materiales, humanos, que vienen a ser bendecidos como fuentes de esperanza y como aspectos a cuidar. Uno muy importante es el que hemos dicho: prestar atención desde esa perspectiva, que no es malo sentir desesperanza, el problema es cuando está totalmente inundada nuestra esperanza o cuando no conocemos por dónde nos entran las desesperanzas. Otra es cuidar las amistades o también generar ámbitos de confianza. Para la esperanza hay que cultivar la confianza, respecto a uno mismo, pero también generar confianzas, en amigos, en familias, en el trabajo, en encontrar nuestros talentos. Y también en descubrir o encontrar una historia amable sobre nuestra historia, sobre nuestro propio pasado, narrar nuestra historia y hacerlo con alguien que pueda comprenderlo, que no la juzgue. Ahí aparece, sobre todo, la esperanza como virtud teologal, que es Dios y su gracia la que nos permite narrar esa historia misericordiosamente o amablemente.

Prólogo del Papa Francisco, sorprendido al encontrar en Roma “un gallego de verdad”


“He sido muy afortunado”, explica el jesuita Alberto Domínguez sobre el prólogo escrito por el Papa para su obra, “porque el Papa estaba hablando últimamente de la esperanza, allá por el verano pasado, y me lancé a escribirle. El Papa Francisco tiene una cosa muy auténtica, que es el que el secretario te devuelve su carta manuscrita en PDF, y me contestó que sí, que era un tema muy importante y que le enseñase el manuscrito. Se lo envié, le gustó la idea, le echó un vistazo y escribió un prólogo por el que le estoy muy agradecido. Es muy bonito y además incluye alguna anécdota personal, porque yo tuve la suerte de conocerlo en 2014 y lo cita en el prólogo”.

–¿Puede avanzar la anécdota?

–Se produjo cuando participaba en un encuentro de jesuitas en formación que se celebraba en Roma. El Papa había sido recientemente elegido, el Padre General nos llevó a participar de la misa en Santa Marta, creo que era el 2 de agosto, y él nos pidió que quedásemos rezando con él, y así fue. A la salida él nos entregaba un rosario y tenía una palabra amable con cada uno de nosotros. A mí me preguntó de dónde era, le dije que de España y él respondió “hombre, España es un lugar muy amplio, muy diverso”, le dije que soy de Galicia y él, como argentino (y ahí descubrí también su rapidez y velocidad), me responde: “Andá, un gallego de verdad”. Y es que en Argentina a todos los migrantes desde finales del XIX nos llaman gallegos, él lo sabía y respondió con esa agilidad y rapidez que tiene.

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