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La mirada, protagonista en tiempo de pandemia

Daniel Villoria revisando los ojos de una paciente.

Daniel Villoria revisando los ojos de una paciente. Gustavo Santos

La pandemia de COVID ha supuesto un cambio de vida radical para todo el Mundo y ha uno de los elementos que ha introducido en el día a día y que ha venido para quedarse durante bastante tiempo es la mascarilla. Con la boca, la nariz y parte de los pómulos tapados por la mascarilla, lo que ha cobrado más fuerza que nunca es el tercio superior de la cara, especialmente los ojos.

Ya sea por estética o por salud, en los últimos meses se ha disparado la demanda de intervenciones en la zona ocular y su entorno. Es el conocido ya como el “efecto mascarilla”, que afecta a personas de todas las edades, tanto mujeres como hombres.

Por un lado están las cuestiones oftalmológicas relacionadas con el uso de las mascarillas. Daniel Villoria, médico de Clínica Villoria, apunta que están teniendo “muchas más consultas que antes de la pandemia” vinculadas principalmente a sequedad ocular y búsqueda de soluciones a las gafas empañadas. “Al estar con la mascarilla es como un flujo de aire caliente que está saliendo todo el rato hacia los ojos y produce sobre todo sequedad ocular, cuyos síntomas pueden ser pinchazos, sensación de arenilla, ojo rojo, lagrimeo, orzuelos...”, explica el doctor.

El teletrabajo y el aumento de horas frente a la pantalla del ordenador o la televisión también han influido en todo esto, al tiempo que ha crecido la demanda para operarse la vista y para cambiar las gafas por lentillas. “Por ejemplo, con la gafa progresiva, hay gente que antes se manejaba bien, pero ahora se empaña y es un problema. Hay demanda de gente que a lo mejor en otra situación no se habría planteado quitarse las gafas”, apunta el oftalmólogo.

Pero además de las cuestiones puramente de salud, hay una parte estética. La demanda de intervenciones quirúrgicas y de tratamientos de belleza en el tercio superior de la cara también ha aumentado considerablemente desde el inicio de la pandemia.

“Ahora la gente le está dando mucha importancia a la expresión de la mirada”, comenta Daniel Villoria, cuya clínica es la única en Galicia que realiza cirugía láser de párpado. “Nos dedicamos también a la oculoplástica, realizamos cirugía palpebral, para párpados caídos, exceso de piel en la zona de los ojos, las bolsas, flacidez del párpado, arruguitas alrededor de la zona periocular... Y con la cirugía láser la recuperación es mucho más rápida y no hay hematoma”, explica.

“Con el uso de la mascarilla, la zona más visible de la cara es la más demandada, es decir: ojos, zona periocular y región frontal”, apunta Diego Murillo. En la Clínica Murillo también han notado este aumento en la demanda, “el mes de julio fue una locura el volumen de pacientes y ahora, desde octubre, ha continuado subiendo en picado”.

El médico pontevedrés comenta que “los tratamientos más indicados son el botox, para tratar las arrugas de expresión de frente, patas de gallo y entrecejo, o la blefaroplastia, para rejuvenecer la mirada y hacer que se vea el ojo más abierto”.

Diego Murillo muestra una intervención en la zona ocular. | // RAFA VÁZQUEZ Rafa Vázquez

Murillo apunta también que, “a pesar del uso de la mascarilla, también ha aumentado la demanda de tratamientos a nivel de la región facial, porque la piel está menos hidratada, se seca mucho más, respira menos y hay muchas más dermatitis y alteraciones de la piel. Hay mucha más demanda a nivel de tratamientos tanto médico-estéticos, como quirúrgicos. Por ejemplo, en tratamientos pinchados sin cirugía está el indiba, que es una radiofrecuencia de uso médico que estimula el colágeno y la elastina, rellenos como el ácido hialurónico para los surcos y región malar, y una cosa que está muy de moda también es la hidrioxapatita de calcio, que ayuda a reposicionar tejidos”.

El perfil de quienes pasan por quirófano ha cambiado ligeramente durante la pandemia y, aunque las mujeres siguen siendo las más interesadas, en una proporción de 70% a 30% con respecto a los hombres, lo diferente es la franja de edad, bajando la media de los 55 años a los 45-50.

Pero a nivel estético no todo es cirugía. En Iria Piris Belleza han llegado a triplicar la demanda de micropigmentación de cejas, o maquillaje permanente, que dura entre tres y cuatro años, y lifting de pestañas, que consiste en elevar las pestañas 180 grados y el ojo así parece más abierto. “Se ha juntado que antes de la pandemia ya estaba de moda con que ahora por la calle solo se ve la zona de los ojos, entonces ha sido el bum”, explica Iria.

Lo que más se lleva ahora es lo natural y realista con el fin de expresar solo con la mirada todo aquello que antes se expresaba con toda la cara.

Iria Piris aplicando un tratamiento estético. Gustavo Santos

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