La aparición de una segunda fábrica de salazón de la que no se tenían ni referencias ha sido la gran sorpresa en la primera fase de estudio del yacimiento romano localizado en la isla de Ons. Durante la pasada semana los arqueólogos de la Universidad de Vigo trabajaron sobre el terreno para registrar todos restos, muy amenazados por la erosión marina.

Están situados sobre un cantil, un escalón costero de la playa Canexol en el que el grupo encabezado por el arqueólogo Adolfo Fernández (el GEAAT, especializado en arqueología, antigüedad y territorio) registró digitalmente todos los restos visibles. Esta primera fase de acción busca evaluar la progresión de la erosión para tomar medidas correctoras.

El equipo de Adolfo Fernández lleva años investigando las factorías de época romana de las costas gallegas. “Dentro de estos proyectos hemos realizado otras intervenciones”, explica, y se suma ahora al proyecto la de Ons, donde ya se tenían referencias de una factoría de la época romana. “ Se sabía que existía porque aparecieron los restos en el cantil, cuando se va erosionando quedan a la vista, y hace años que se conocían, pero nunca se había realizado una intervención para registrar todos esos restos”, indica.

También se realizaron sondeos para delimitar la extensión del yacimiento y durante la limpieza del perfil los especialistas advirtieron la existencia de esa segunda fábrica de salazón. Se trata de estructuras del siglo I, seguramente de la segunda mitad porque aparecen “restos por debajo de ellas que son de cambio de era, así que probablemente la factoría, por los materiales que aparecen, sea de finales de ese siglo”, señala el arqueólogo.

A lo largo de las Rías Baixas aparecen en numerosos puntos fábricas de salazón que abastecían al imperio romano. Por el volumen de producción los especialistas estiman que no se destinaba al consumo de las poblaciones locales, que en su mayoría consumían el pescado fresco, ahumado o seco.

En estas fábricas se elaboraban pescados salados, salsas y otros tipos de derivados que estaban pensados para la exportación, ya que la población local consumía producto fresco o ahumado

En las factorías romanas se elaboraban otros productos. “Lo que hacen son pescados salados, salsas y otros tipos de derivados del pescado que estaban pensados para la exportación hacia otros mercados”, explica el responsable del GEAAT, “salían por vía marítima y podían llegar a lugares muy alejados del mundo mediterráneo”.

Por el tipo de ánforas que se utilizaban para el transporte los arqueólogos han seguido el rastro de los derivados de pescado manufacturados en Galicia y los han encontrado en Sevilla, Mallorca, otros puntos de las Islas Baleares e incluso a Roma. “A todos esos sitios sabemos con seguridad que llegó el pescado de las Rías Baixas”, indica Adolfo Fernández.

Los romanos no eran los primeros que se interesaban por el pescado gallego. Los arqueólogos han localizado depósitos que podrían servir para este mismo procesado pero son muy anteriores y vincularían el comercio con la cultura fenicia, si bien por el momento no hay estudios publicados, de modo que la ruta que conectaba las Rías Baixas con el sur de la Península y, desde ahí, con el Mediterráneo, estaba ya muy desarrollada.

Roma no solo multiplicó estas instalaciones dedicadas a la elaboración de salazón sino que las industrializa, desarrollando al máximo la capacidad de producción

Siempre hubo un comercio marítimo muy intenso”, explica el arqueólogo, pero a partir de la conquista romana todo eso se acelera mucho, “y se convirtió en lo que ha debido ser, que son producciones y un comercio muy potente”.

Roma no solo multiplicó estas instalaciones sino que las industrializa, desarrollando al máximo la capacidad de producción. Por ejemplo en Vigo se identificaron fábricas Sobreira, Fiunchal, Marqués de Valladares o la plaza de Compostela, donde hay al menos dos, pero también en la playa de Nerga, en Bueu y muy ligada a la de Ons…

Este gran patrimonio es en realidad invisible: ni una sola de estas estructuras repartidas por toda Galicia puede ser visitada por los ciudadanos.

Por todas las Rías Baixas se han identificado estas factorías en excavaciones de urgencia. O han sido destruídas o no fueron musealizadas, de modo que es un patrimonio invisible

La mayoría se identificaron en excavaciones de urgencia, y o bien se destruyeron para construir edificios o no se han musealizado. Como resultado, ni los especialistas ni el público aficionado dispone de un espacio para conocer con restos reales cómo era el proceso de tratamiento del pescado que Galicia exportó a todo el mundo desde la antigüedad.

Los estudios del GEAAT (la intervención forma parte del proyecto I+D Marie Curie Talent Galtfish, Salt and fish salting in Ancient Gallaecia. Looking for the origins of the Galician canned fish industry, financiados por la UE) dan esperanza, ya que el Parque Nacional Illas Atlánticas, del que depende la Illa de Ons y que colaboró en la excavación, al igual que la Consellería de Medio Ambiente, ha expresado su interés por continuar las investigaciones.

Se han encontrado también restos y estructuras castrexas por debajo de la factoría y el GEAAT continuará ahora con nuevos estudios en Bueu y el análisis de los restos extraídos de Ons. En general, ha desaparecido gran parte de las dos factorías, pero podrían conservarse todavía restos significativos y, una vez estudiados, musealizarse para su visita dentro del Parque Nacional. El saber no es suficiente, debemos aplicarlo (Bruce Lee dixit).