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Las rentas de inclusión social, básicas para muchas familias

Una voluntaria del comedor de San Francisco trabaja en la preparación de la comida.

Una voluntaria del comedor de San Francisco trabaja en la preparación de la comida. Gustavo Santos

Algo más de 300 vecinos de Pontevedra necesitan la Renda de Inclusión Social de Galicia (Risga) para poder salir adelante. La cifra se eleva a 586 cuando se habla de toda la comarca, según el último informe de la Consellería de Política Social.

El municipio que aporta mayores cifras es el de Pontevedra, con 316, a las que habría que sumar las Axudas para Situacións de Emerxencia Social (Aesmun), 74, y la Renda Social Municipal, con 8 beneficiarios, varios de ellos menores extranjeros no acompañados. Datos estos últimos a finales de 2020.

Fuentes de Servizos Sociais del Concello de Pontevedra explican que el perfil de las personas que solicitan este tipos de ayudas es variado, pero que existen dos grupos que destacan en número.

Por un lado están las familias monoparentales, por lo general mujeres con hijos a su cargo que tienen dificultades de conciliación, trabajan en ámbitos de economía sumergida como el cuidado de personas mayores o limpieza, y que tienen, por lo general, poca formación.

Por otro lado se encuentran las personas que viven solas. En este caso suelen ser hombres, con dificultades de inserción socio-laboral, parados de larga duración en muchos casos y con problemas asociados como toxicomanías, alcoholismo y, en numerosos casos, algún tipo de discapacidad. También en este caso escasea la formación.

Más de un centenar en Marín

El segundo concello de la comarca en número de beneficiarios de la Risga es Marín, que supera el centenar.

Le sigue Poio, con cerca de 50. Hay que recordar que en este municipio se encuentra el poblado chabolista de O Vao, en el que vive población de etnia gitana, principal beneficiaria de este tipo de ayudas.

Ponte Caldelas, Sanxenxo, A Lama y Caldas son los siguientes en número de beneficiarios, con 19, 17, 17 y 14, según Política Social.

El resto de concellos de la comarca cuentan con menos de una decena de personas que reciben la Risga.

La cuantía de la Renda de Inclusión de Galicia para este año 2021 es de un mínimo de 423 euros, más los complementos correspondientes por los tramos familiares, con un máximo de 600 euros para una familia con tres hijos.

La puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital, del Estado, con una base mensual de casi 470 euros para este año y superando los 1.000 en los casos de familias formadas por dos adultos y tres menores, ha llevado a casi un millar de gallegos a tramitarla desde el mes de julio, renunciando a la Risga.

El comedor de San Francisco, 180 menús diarios

La pandemia del COVID supuso un antes y un después en uno de los servicios esenciales más importantes de la ciudad: el comedor social de San Francisco. El miedo al virus no impidió que los franciscanos y algunos de sus voluntarios, con el apoyo importantísimo de Protección Civil, siguiesen ofreciendo alimentos a las personas que más lo necesitan, tanto aquellas que se encuentran en riesgo de exclusión social, como las que no tienen ingresos o los “sin techo”.

Las restricciones imperantes, así como el confinamiento en los primeros meses del estado de alarma, obligaron a modificar el “modus operandi” del comedor, que cambió el servicio en interior por la entrega de menús en la puerta. A día de hoy, un año después de la declaración de la pandemia, entrega cada mediodía entre 170 y 180 menús, tal y como confirma el padre Gonzalo. “Antes teníamos normalmente unos 90 o 100 usuarios cada día, que teníamos que repartir en dos turnos porque no cabían en el comedor. Incluso hubo ocasiones en las que teníamos que hacer tres turnos”, explica. “Pero ahora lo que ocurre es que muchos de esos usuarios llevan menús para varias personas”, añade.

Es por ello que a las 12.30 horas ya comienza el reparto en la puerta del comedor, donde se forma una larga cola. Por las restricciones y para evitar contagios, son los propios franciscanos los que se encargan de la entrega, así como Sagrario Fariña, voluntaria de 71 años que no quiso dejar esta labor altruista en ningún momento.

Comida caliente y bocatas

El menú sigue incluyendo un plato caliente, que se entrega en un táper, que los propios usuarios pueden llevar o que el comedor entrega gracias a los donativos. Además, llevan en el “pack” bocadillos, yogures, pan, fruta y algún postre, generosidad normalmente de los supermercados o panaderías. “Estos días estuvimos entregando roscas porque nos las donó una confitería de Ponte Caldelas”, indica el padre Gonzalo. En el comedor social de San Francisco son muy previsores, de modo que en los días previos al Jueves y Viernes Santo se ofrecieron empanadas enteras para que nadie se quedase sin alimento durante esas dos jornadas.

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