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Belén Castellanos nn | cargo de la pers

“Nos vamos a ir mezclando con la realidad virtual, agrandados con la máquina”

“Vamos a tener dentro esas plataformas... cada vez tendremos más implantado el móvil”

Belén Castellanos intervino ayer on line en la 37 Semana Galega de Filosofía.   | // RAFA VÁZQUEZ

Belén Castellanos intervino ayer on line en la 37 Semana Galega de Filosofía. | // RAFA VÁZQUEZ

Hace un año fuimos testigos del arranque de una nueva era marcada por la civilización digital, un momento histórico que analiza estos días la Semana Galega de Filosofía. Ésta contó ayer con Belén Castellanos para explicar cómo experimentamos esta otra vida y qué es previsible que veamos en los próximos años. Atento: no le parece imposible que nos implanten algo así como un móvil.

En su conferencia planteó que tenemos un nuevo modo de experimentar el tiempo

–He querido repensar algunas ideas ligadas a la civilización digital, sobre todo cómo la vivencia del tiempo en esta nueva era, que para mi comienza el año pasado, con los nuevos confinamientos, y que pone la digitalización y la virtualización en primer lugar. Era una tecnología que venía estando disponible desde hace ya años pero de un modo más marginal, pero a partir del año pasado se pone en el centro de todo los recursos, las reuniones de trabajo etc. Esta experiencia, y también la del ocio, muy relacionada con el videojuego, las series de las plataformas masivas de entretenimiento, cambia mucho nuestra vivencia del tiempo.

–¿Cómo vivimos hoy el tiempo?

–Pues yo creo que a los que somos adultos, los que no nacimos con Internet, todavía nos cuesta verlo así, pero la tendencia es que se vive el tiempo de un modo más fragmentado, se está un poco diluyendo esa forma cristiana. Cuando digo cristiana no me refiero a lo religioso, a la forma temporal que se vive a partir de Cristo, que son los años, lo cronológico, el tiempo histórico. Ya no vivimos tanto en ese tiempo histórico o en el tiempo de la biografía, sino como en cada momento un tiempo inconexo, estamos empezando a vivir sin tanta necesidad de darle un sentido a nuestra vida, sin una necesidad de ver que el tiempo tiene unas metas. Un ejemplo es el tiempo escolar, en el que empieza un día y tienes que hacer esto y lo otro; ya no vivimos un tiempo tan pautado por metas, por saltos de obstáculos y por conseguir tal y cual cosa, que creo que era lo que entendíamos por tiempo hasta ahora, como una progresión en la que íbamos consiguiendo cosas en la vida individual y colectiva.

–¿Esa presión por las metas ya no está presente en las vidas actuales?

–Ahora la gente joven ya no tiene tan presente esa demanda de conseguir cosas, del título… para empezar porque ya no es tanta garantía de unas posibilidades de vida desahogada después, y también porque todo se está fragmentando. Los objetivos empiezan a ser más breves, como que ya no hay metas a largo plazo sino que se vive el tiempo más fragmentado, también en grupos más pequeños, donde las metas son más variadas, en función también de entornos más cercano. Creo que se vive menos escolarmente y más como estando viendo películas o series.

–En este congreso se habla de que nuestra realidad es cada vez más un Frankenstein ¿podemos albiscar cómo seremos en los próximos años o es muy pronto?

–Para mi creo que se puede ir viendo. No se si va a ser una implementación tan física pero sí que nos vamos a ir, y ya lo hacemos bastante actualmente, mezclándonos con las máquinas y teniéndolas dentro. Si cada vez el móvil lo tenemos más a la mano pues, bueno, se podría pensar que cada vez lo tendremos como más incorporado. Creo que se van a ir mezclando un poco nuestros datos biológicos y los datos que podamos aportar con los que nos pueden llegar. Me imagino, y quizás la estética no sea tan impactante, pero creo que nos vamos a ir mezclando con la realidad virtual, nuestra sensorialidad se verá agrandada con la de la máquina. Entontes vamos a tener dentro esas plataformas en las que hay un intercambio de datos, como un planning del día, recordatorios etc… como que cada vez tendremos más implantado el móvil para la posibilidad de consultar la hora, el despertador, el block de notas, los programas de televisión, Wikipedia, libros… Como si ese teléfono lo interorizasemos cada vez más.

Los jóvenes nos pueden enseñar a no creer tanto en los planes a largo plazo, no creer tanto que podemos idear un plan y que se va a materializar si hacemos mucho esfuerzo

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–¿Y qué podemos prever de los cambios sociales?

–En general tiendo a pensar que las diferentes épocas no son ni una mejoría ni un empeoramiento, solo son distintas. Lo veo con buenas perspectivas, lo que no quiere decir que espere ningún paraíso ni muchísimo menos, pero la mayor parte de la gente que tenemos una edad tiende a ver los cambios de modo castastrófico, como si se estuviese perdiendo el sentido humano, como si los adolescentes de ahora fuesen peores, pero eso lo hemos hecho siempre. Es una reserva un poco de viejos, ¿verdad? Es un poco reaccionario.

–¿Qué nos pueden enseñar las jóvenes generaciones?

–Lo que tienen los jóvenes que enseñar, por sus vivencias y causas no siempre buenas que les llevan a esas destrezas, es el no creer tanto en los planes a largo plazo, no creer tanto que podemos idear un plan y que se va a materializar si hacemos mucho esfuerzo.

–¿La meritocracia ha sido una de nuestras grandes trampas?

–Totalmente. Los jóvenes nos van a enseñar a bajarnos un poco de eso o por lo menos a que los méritos en todo caso pueden venir de ámbitos diferentes: no de una única institución sino que a lo mejor, bueno, pues si eres gracioso y haces videos en YouTube pues también vale. Es decir, que se va a diversificar tanto que se va a perder esa meritocracia, sobre todo esa que es a largo plazo y que te hipoteca la vida, que vivíamos casi… Vamos, que o eras un bala perdida o para ser responsable, estudiante, trabajador, vivías angustiado hasta que conseguías un trabajo, angustiado, por más que sacases un 10. Nuestra vida era un salto de obstáculos permanente que nos impedía la conexión con nuestro cuerpo, sensaciones, hasta con los placeres, como tomar el sol, que nos los perdemos en base a eso de tener que labrar un futuro. Nos van a enseñar mucho en ese sentido y también en no obsesionarnos: nosotros puede que los veamos a ellos como hiperactivos pero tal vez ellos puedan vernos como seres obsesivos siempre dándole vueltas al mismo tema sin hallar ninguna solución. Por lo menos tenemos que darnos la oportunidad de pensar en estas cosas.

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