La aparición del cadáver de una mujer en flotando en el lago Castiñeiras la pasada semana llevó a muchos vecinos de la comarca a recordar un terrible crimen sin resolver que también tuvo como escenario el paraje natural.

El 26 de agosto de 1988, un guardia civil fuera de servicio paseaba con su familia por la zona cuando descubrió un cuerpo en avanzado estado de descomposición. El esqueleto estaba seccionado debido a la acción del tiempo y de los animales, pero su identidad se desveló rápidamente al hallarse cerca ropa y un bolso con un DNI. Era Yasmina Soto-Quiroga Peralba, una joven de Marín desaparecida hacía tres meses.

Página de FARO del 27 de agosto de 1998 donde se recoge el funeral de la joven. FdV

La última vez que se la vio con vida fue el 30 de mayo cuando se dirigía al trabajo. Yasmina, de 17 años, vivía en Seixo y se desplazaba en autobús a diario hasta Pontevedra, donde era empleada de un supermercado. Su madre denunció su desaparición ese mismo día.

En la información publicada por FARO, la mujer descartaba totalmente la fuga voluntaria y apuntaba que su hija "probablemente, al no poder alcanzar el trolebús, hubiese hecho autostop, una modalidad que practicaba con cierta frecuencia". Se inició una búsqueda que culminaría trágicamente tres meses después.

La autopsia reveló un brutal apuñalamiento

Por el contrario, la investigación policial no pudo confirmar un culpable, aunque sí señalar a un sospechoso cualificado. Nunca se pudo probar la autoría del crimen: la autopsia reveló un brutal apuñalamiento.

La muerte de una mujer de 60 años en el lago Castiñeiras ha despertado en muchos vecinos de la comarca el recuerdo de este terrible crimen sin resolver a pesar de que han pasado ya más de 30 años.