Un nuevo vaso de agua fría cayó ayer a los hosteleros pontevedreses que, al igual que el resto de la comunidad, se han visto obligados a echar el cierre de sus negocios. Se trata de la tercera vez que el sector sufre el nivel máximo de restricciones con el servicio para llevar o a domicilio como única opción que les permite mantener la actividad.

Las colas para coger café para llevar han vuelto a substituir en la Boa Vila a los encuentros en las cafeterías, que llegan a este nuevo cerrojo arrastrando meses de restricciones. Tras el primer confinamiento de marzo, la Xunta decretó para Pontevedra, Poio y Marín un segundo cierre el pasado mes de noviembre. Superada la segunda ola y en plena campaña navideña, volvieron poco a poco a la actividad con limitaciones importantes de aforo y también de horarios.

Hasta el martes en Pontevedra se podía, al menos, disfrutar de un café en una terraza, siempre que no se superase el 50% de su aforo. Desde ayer, con el objetivo de rebajar la elevada incidencia del coronavirus en Galicia, la Xunta solo permite a los consumidores el take away, aunque sin consumir las bebidas o comidas mientras se pasea; y el servicio a domicilio.

Con poco margen para mantener beneficios y hacer frente a los gastos de luz, agua, basura o el propio alquiler muchos de los establecimientos echaron ayer el cierre temporal. Hasta que se recupere el servicio en terrazas, aunque sea con la mitad del aforo, explican que no les sale rentable por lo que prefieren esperar a un nuevo cambio en las restricciones. Para otros, en cambio, es la única vía a dar salida a la mercancía de la que se aprovisionaron pensando en poder continuar con la actividad tras la reapertura en las fiestas navideñas.